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Jerez de la Frontera, Cádiz, Spain

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En esta página encontrarás evocadoras fotografías antiguas procedentes de mi archivo particular, así como otras actuales de las que soy autor. También vídeos, artículos y otros trabajos relacionados con la historia de Jerez de la Frontera (Spain), e información sobre los libros que hasta ahora tengo editados.

In this page you will find evocative ancient photographies proceeding, as well as different current of my file particular of that I am an author. Also videoes and articles related to the history of Jerez (Spain) and information about the books that till now I have published

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Emilio "El Guardia"

Cuando nos creemos que esta sociedad moderna es una sociedad de personas libres, a veces me pregunto que dónde está esa libertad.  Y es que si lo pensamos bien veremos que son muchas las cosas que esclavizan al hombre moderno, porque los cauces donde discurre nuestra libertad son tan estrechos que a veces nos ahogan. Somos esclavos del trabajo, de la hipoteca, de la electrónica, de los bancos, de los hijos, de nuestras ambiciones, de nuestra rutina, del dinero, del que dirán, de las normas, de las prohibiciones, de las leyes y hasta del propio Estado.

            Sólo he conocido en toda mi vida a un hombre completamente libre, y este hace poco nos ha dejado para siempre. Fue Emilio Guerrero Lozano, más popularmente conocido como Emilio "El Guardia”. A pesar de su discapacidad tuvo la dicha de vivir libre como los pájaros, su libertad sólo tenía una frontera, la que marca en casco histórico de Jerez. Hacía lo que le gustaba y quería, disfrutaba del cariño de la gente y le importaba un pimiento tantas y tantas cosas que a los demás nos preocupa y aflige.

¿Quién no vio alguna vez a ese hombre con guantes blancos y  silbato encabezando cualquier procesión, cabalgata o desfile por las céntricas calle de Jerez? era Emilio “El Guardia”. Creo que pocos han sido ajenos a la figura de este hombre, muy metido en su papel de policía, serio como corresponde a su interpretación, vestido de corbata y traje gris, e indicando a la gente que se aparten y abran sitio porque llega el desfile procesional.

            Emilio, personaje entrañable donde los haya, nació allá por el año 1936. Según decía su hermana Luisa, a su madre, cuando estaba embarazada se le presentó una apendicitis aguda, por lo que hubieron de operarla de urgencia en el Hospital de Santa Isabel. La falta de medios en aquellos tiempos y lo rudimentaria de la anestesia a base de éter o cloroformo pudo causarle al feto alguna lesión cerebral irreparable. Aunque al nacer fue bautizado, al llegarle la edad en la que los niños hacen su primera comunión, nadie lo consideró capacitado para ello, por lo que tardaría en hacerla nada menos que 57 años, creo que ha sido el bautizado que la hizo con mayor edad.

            La vocación de guardia le vino al bueno de Emilio desde muy lejos, ya que cuando sólo tenía diez años de edad se solía poner junto a los guardias municipales que dirigían el tráfico y los imitaba. Un día de procesiones le cogió a su hermano mayor, que estaba haciendo la mili, sus guantes blancos del uniforme y se los colocó. Ya desde entonces esta prenda fue para él un inseparable símbolo de “autoridad” a la hora de prestar sus servicios en la vía pública.

            En cierta ocasión, y tras haber realizado su habitual labor encabezando los desfiles un día de Semana Santa, llegó a su casa más contento que unas pascuas, traía en el bolsillo un billete de 20 duros que le había dado como gratificación nada menos que Álvaro Domecq, a la sazón alcalde de la ciudad. Aquello fue para Emilio igual que el primer sueldo de un primer trabajo. Desde entonces ya se consideró como un miembro más de la plantilla de la guardia municipal.

Pero no sólo lo veíamos encabezando desfiles, sino que además hubo una época en la que cuando veía coches mal aparcados se indignaba y les ponía un papel en el parabrisas a modo de multa. Algo que también llamaba la atención era cuando Emilio, “escoltando” la custodia del Corpus, a su paso por las calles hacía un enérgico gesto con las manos como queriendo decir: ¡arrodíllese, arrodíllese!. Incluso llegó una vez a quitarle el sombrero de un manotazo a uno que no se había descubierto al paso del Santísimo como manda el respeto. Desde luego que no ha habido en Jerez un guardián voluntario más fiel y eficiente. Por ello, el 27 de marzo de 2007, la Asociación Santo Ángel de la Policía Nacional le rindió un emotivo homenaje en el que se le impuso una medalla con esta grabación: “Por muchos años de servicio en su condición de “Emilio el Guardia”. Emilio fue un personaje muy popular y querido por todos. Su popularidad llegó incluso a traspasar fronteras cuando, en agosto de 2011, la revista corporativa de la compañía aérea Vueling publicó en inglés una amplia semblanza de nuestro simpático, único e irrepetible Emilio “El Guardia”, ahí es nada.

El 14 de agosto de 2016 Emilio el Guardia se marchó para siempre a otro lugar, a esos espacios infinitos donde reina el Creador. Y aquí en su ciudad dejó para siempre el recuerdo de una figura única e irrepetible que permanecerá eterna en el corazón de todos aquellos que le conocimos. Una figura tan jerezana como el Gallo Azul o las palmeras de Plaza del Arenal .

En la foto: con Pepe Castaño, Emilio "El Guardia y Manolito "El del Huerto"


Paseando por la historia

       
Con  la tranquilidad y el sosiego que otorga un tiempo en el que ya la vorágine laboral de la vida desapareció para siempre a causa de una merecida jubilación, trato a veces, paseando sin prisas, redescubrir y rememorar por sus viejas calles algunas cosas de este nuestro amado Jerez, de sus hombres preclaros, de sus monumentos, de su historia, de sus aconteceres…

            Ello me llevó hace poco a admirar nuevamente el primoroso ventanal plateresco esquinado de la antigua casa de los Ponce de León en  Carpintería Alta. Creado en 1537 al parecer por un alarife llamado Francisco Álvarez, en la parte inferior del mismo, si nos fijamos, aparecen dos curiosas leyendas: omnia pretervnt preter amare devm (Todo perece excepto el Amor de Dios) y vanitas vanitatvm et omnia vanitas (Vanidad de vanidades y todo vanidad). Leyendas en estas centenarias piedras que ciertamente hacen meditar.
            A continuación, justo enfrente, me asomé al atrio del convento de Santa María de Gracia con la intención de comprar a través del torno un pequeño surtido de sus exquisitos dulces navideños. Un convento de  monjas agustinas fundado en 1526 gracias a la generosidad de una dama de nombre Francisca de Trujillo, la cual donó su casa y otros bienes para fundar el mismo. Me vino entonces a la memoria un hecho insólito que ocurrió en el año 1784, cuando un grupo de catorce monjas, sin que nunca se llegaran a conocer las causas, se rebeló contra la madre abadesa, a la que tras quitarle el báculo y las llaves, salieron en procesión hasta el Convento de San Cristóbal donde permanecieron refugiadas durante más de un año, se supone que hasta la destitución de la abadesa por parte de la autoridad eclesiática.

            Llevado por los sueños continué hacia San Juan de los Caballeros, donde en mi imaginación traté de revivir la historia de aquellos adalides, también llamados Caballeros 24, que en la capilla de la Jura, allá por el año 1285, escribieran con la sangre de sus venas una misiva al rey Sancho IV el Bravo pidiéndole socorro ante el asedio sarraceno que había sido impuesto a Jerez.  Socorro que llegó a tiempo de impedir aquella grave amenaza que se cernía sobre nuestra ciudad.
           
Pasé luego junto a la iglesia de Santiago el Mayor, símbolo y emblema de ese arrabal del mismo nombre, cubierta andamios y vallas, con la esperanza que algún día pueda volver a lucir todo su gótico esplendor. Ruina que, como ahora, sufrió este templo en varias ocasiones, la primera en 1695 con el hundimiento de su nave central. Otros graves deterioros los sufrió también a lo largo del siglo XIX, hecho que volvió a ocurrir a mediados del XX, y por último en nuestros días (1). Casualmente y coincidiendo con el hundimiento habido en Santiago en 1695 fue cuando se iniciaron las obras para la construcción de nuestra Catedral. Obra que se paró ese mismo año al poco de comenzar, reemprendiéndose diecisiete años después gracias a una donación de cien mil pesos por parte del Arzobispo de Sevilla, Mons. Arias, el cual legó además en su testamento otros doscientos mil que nunca se pudieron cobrar.

            Luego, al llegar a la calle de la Sangre me detuve ante la capilla del antiguo Asilo de San José, para contemplar sobre el dintel de su puerta la réplica de un valioso altorrelieve del siglo XIII, cuyo original se encuentra depositado en el Museo Arqueológico. En el mismo representa al Señor saliendo victorioso del sepulcro con uno de sus pies sobre el sicario que lo custodiaba. No pude entonces dejar de recordar una efeméride, tal fue la heroica batalla que tuvo lugar en 1909 en los campos de Taxdirt al sur de Melilla, librada por el 4º Escuadrón del Regimiento de Cazadores Alfonso XII con guarnición en Jerez contra los insurrectos indígenas. En memoria de dicha gesta y el regreso de  aquella unidad a nuestra ciudad, dado que a la sazón se había iniciado la construcción  el hoy desaparecido cuartel de Caballería de Tempul, se rotuló esta calle con el nombre de dicha batalla y en recuerdo de aquellos valientes jinetes.
Otra de estas mañanas navideñas, contemplando en nuestra Plaza del Arenal esos poco favorecidos y anodinos edificios construidos en las dos esquinas de la Lancería allá por los años sesenta, así como el precioso reloj de Losada escondiéndose tras un árbol como avergonzado que la gente lo vea sin vida, me vino a la mente el trágico suceso acontecido en este arenal el 25 de agosto de 1664. Resulta que acuartelados en su paso por Jerez con destino a Portugal de un tercio compuesto por 1.400 soldados de alemanes al mando del conde Porcia, ocurrió un grave altercado con unos carreteros locales por cuestión del agua para las caballerías. Comenzó por ello una gran discusión y varios soldados tudescos maltrataron a un carretero, saliendo en su defensa varias docenas de jerezanos a los que se enfrentaron otros tantos alemanes. A la vista del cariz que estaba tomando la situación, un hombre subió a la torre del reloj de San Dionisio y tocó arrebato. En pocos minutos acudieron centenares de jerezanos y otros tantos soldados alemanes. Fue tan feroz y enconada la pelea que en la plaza quedaron como cuenta la historia, no sé si exagerado, más de cuatrocientos muertos y heridos entre soldados y locales. Como consecuencia de estos sucesos el rey Felipe IV envió a Jerez un delegado especial con la misión de esclarecer lo sucedido y castigar a los culpables. El asunto estuvo a punto de costarle a nuestra ciudad el título de “Muy Noble y Muy Leal”.

Después me senté reposadamente a tomar un café en el Consistorio. En una mesa contigua oí a unos agricultores lamentándose no haber podido sembrar a causa del tiempo que llevaba sin caer una gota de agua, y lo poco que habían sembrado estaba ya al límite de perderse. Entonces recordé la costumbre de sacar en procesión al Cristo de las Aguas de San Dionisio en rogativas por la lluvia, en la que siempre el inolvidable cura Bellido portaba un paraguas por si acaso aquello daba resultado. También recordé lo que relata el historiador Sebastián Marocho en su crónica “Cosas notables ocurridas en Xerez de la Frontera” cuando el domingo 2 de febrero de 1672 llovió tanto en Jerez que la gente que estaba en las misas no pudieron salir de los templos por las grandes inundaciones, cosa que obligó a los frailes de Santo Domingo a dar de comer a los asistentes a la misa. A este respeto cuenta también el citado historiador que, en 1656 en el entierro de la hija de un Villavicencio, llovió tanto y tan fuerte que para el sepelio de la difunta en lugar de trasladar el féretro a hombros como era costumbre,  hubo de utilizarse un coche de caballos de los pocos que había por aquel entonces en Jerez. Consignando este hecho como un acontecimiento local, ya que fue la primera vez que ello se hacía de ese modo.

Ya de vuelta, en lugar de tomar por Plateros, lo hice por la calle de atrás, por la de Chapinería, donde parece ser que en una tienda allí situada se vendió por primera vez tabaco en Jerez, ello fue en 1655. Es de suponer que en principio aquel negocio tuviera poca clientela, poco más o menos como las diversas tiendas para la venta de cigarrillos electrónicos que no hace mucho proliferaron en Jerez, las cuales en su mayoría han cerrado o cambiado de actividad.

También por aquel tiempo llegó a Jerez desde las Américas un producto que con el tiempo gozaría de gran favor entre la gente. Se trataba del chocolate, y fue precisamente  a parar en un principio al convento del Espíritu Santo. Bebida de los cielos que vino a sumarse a las exquisitas bizcotelas que las monjas elaboraban allí al menos desde el siglo XVII. Años más tarde se establecerían en Jerez las llamadas chocolaterías, antecesoras que fueron de las  botillerías o cafeterías, de las que fueron pioneras en nuestra ciudad, ya en el siglo XIX, La Junquera, La Veracruz  o el Café del Conde.

Y así termino por hoy este paseo por el desván de los perdidos recuerdos en un soleado día de invierno que más bien parecería primavera, a no ser por las pardas hojas que tapizan las calzadas de esta viejas calles y plazas que tienen vida y tienen alma, que guardan secretos, aconteceres e historias bajo los claros resplandores de otros cielos, de otros tiempos, de otros amaneceres, de otros ocasos, de otras noches estrelladas.                                        (1) El templo de Santiago fue de nuevo abierto al culto tras once años cerrado y una costosa rehabilitación el 23 de julio de 2016


SIGNIFICADO Y ORIGEN DE ALGUNOS DICHOS POPULARES ESPAÑOLES




Babia, palacio de Riolago

ANCHA ES CASTILLA. Obrar con total libertad. En los tiempos de la
Reconquista, los desolados campos castellanos eran el sitio perfecto
para iniciar un negocio.
 EL BAILE DE SAN VITO. Enfermedad infecciosa convulsiva que afecta a
los niños. Se rezaba a este santo, que también sufrió convulsiones,
implorando la curación.
EL CHOCOLATE DEL LORO. Una familia aristocrática que quiso reducir
gastos llegó a la conclusión de que sólo se podía ahorrar la ración de
chocolate del loro.
 EL PATIO DE MONIPODIO. En Rinconete y Cortadillo, de Cervantes, el
jefe del hampa sevillana recibía allí a los nuevos ladrones.
ENTRE PINTO Y VALDEMORO. Hace siglos en Madrid se bebía vino de las
localidades de Pinto y Valdemoro. La expresión significa estar
indeciso (al elegir entre los dos vinos) o borracho (elegir los dos).
 ESTAR A LA LUNA DE VALENCIA. El dicho se aplicaba antiguamente a la
gente que tenía que dormir fuera de las murallas de la ciudad por
llegar tarde.
ESTAR EN BABIA. La comarca leonesa de Babia era el lugar al que iban
los reyes de León a descansar. Cuando el rey estaba en Babia, no
quería saber nada de la corte.
 ¡ESTO ES JAUJA! Es el nombre castellano de un Valle andino
conquistado por Pizarro en lo que hoy es Perú, famoso por su clima
benigno y la riqueza de su suelo.
GATO ENCERRADO. Los gatos eran bolsas para guardar el dinero que se
llevaban encerradas, es decir, ocultas entre la ropa.
IRSE DE PICOS PARDOS. Antiguamente la ley obligaba a las prostitutas a
vestir un jubón con picos o ribetes de color pardo.
LA CARABINA DE AMBROSIO. Era un bandolero andaluz del siglo XIX, tan
inofensivo que su carabina ni siquiera tenía pólvora.
LA CUADRATURA DEL CÍRCULO. Famoso problema irresoluble que, sin
embargo, generó en el pasado abundante literatura.
 LA SOPA BOBA. La que daban a los pobres en los conventos. Hoy, vivir
de la sopa boba es llevar una vida a expensas de otros.
LLEVAR AL HUERTO. Se dice desde que la Celestina consiguió llevar a
Melibea al huerto en que esperaba Calixto.
LOS AMANTES DE TERUEL. Leyenda del siglo XIII que narra el amor
imposible entre Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura.
Varios autores, como Tirso de Molina, la recogieron en sus obras. Se
suele añadir la coletilla "tonta ella y tonto él".
MÁS "CORNÁS" DA EL HAMBRE. Respuesta del torero Manuel García, El
Espartero, cuando le preguntaban si no temía arriesgarse tanto en la
plaza. Murió de una mala corná. También se le atribuye a Manuel Benítez el Cordobés
MÁS FEO QUE PICIO. En el siglo XIX, Picio fue un zapatero granadino
condenado a muerte que, de pronto, fue indultado. De la impresión,
perdió pelo, cejas y pestañas y se convirtió en paradigma de fealdad.
 MENOS LOBOS. Un andaluz llamado Pinto decía haber visto una manada de
l00 lobos. Sin creer el relato, sus amigos le decían "¡Menos lobos,
tío Pinto!". El hombre fue rebajando la cifra hasta reconocer que sólo
había visto la cola de un animal.
MOROS EN LA COSTA. Divulgaron el dicho las milicias populares que se
dedicaban a frenar los ataques de los piratas berberiscos.
¡NARANJAS DE LA CHINA! Se usa para negar lo que otro acaba de afirmar.
Viene de la época en que el pueblo no creía que las naranjas
procedieran de tan lejano lugar.
NO SE GANÓ ZAMORA EN UNA HORA. Se ganó en siete meses. Los que estuvo
la ciudad asediada por Sancho II, que fue traicionado al final por
Bellido Dolfos. La ciudad volvió a manos de la reina Doña Urraca.
PARÍS BIEN VALE UNA MISA. Se supone que lo dijo el rey francés Enrique
IV (1553-1610), en el momento de convertirse al cristianismo para
poder ganar el trono.
 PASAR UNA NOCHE TOLEDANA. No poder dormir, según Covarrubias, porque
en Toledo, en tiempo de verano, los mosquitos persiguen a los
forasteros, que no están prevenidos de remedios como los demás.
PELAR LA PAVA. Una dueña andaluza mandó a su criada desplumar una
pava. Ésta, junto a la reja de una ventana, lo hacía a la vez que
hablaba con su novio.
 POR LOS CERROS DE ÚBEDA. Femando III el santo esperaba a un caballero
que iba a ayudarle con sus huestes a tomar, la ciudad jienense. Este,
con pocas ganas de guerra, llegó tras la conquista diciendo que se
había perdido por los cerros.
 PONER UNA PICA EN FLANDES. Se dice cuando algo resulta muy difícil de
lograr. En tiempos de Felipe IV era casi imposible encontrar reclutas
que quisieran alistarse en los Tercios de Flandes y que, por tanto,
tomaran la "pica" o lanza de los soldados.
 QUEDARSE SIN BLANCA. La blanca era una moneda castellana de plata,
acuñada por primera vez en tiempos de Pedro I (1334-1369).
QUIEN FUE A SEVILLA PERDIÓ SU SILLA. En el siglo XVI, el arzobispo de
Sevilla cambió su puesto a su sobrino, arzobispo de Santiago, que era
incapaz de dominar la ciudad gallega. Cuando quiso volver a su tierra,
el sobrino se negó a cederle su puesto.
 ROMA NO PAGA TRAIDORES. En el siglo II a.C., el cónsul Marco Pompilio
sobornó a los enviados de Viriato y logró matar al rebelde, pero nunca
pagó a los traidores.
ROMPER UNA LANZA. Se supone que a favor de alguien. Así hacían los
caballeros en las justas medievales para defender el honor de otra
persona.
 SABER MÁS QUE EL MAESTRO CIRUELO. Célebre preceptor de Felipe II y
catedrático de Teología en Alcalá de Henares.
SALGA EL SOL POR ANTEQUERA. Se usa para mostrar despreocupación por el
asunto. En la toma de Granada, en 1491, se decía como equivalente a
"salga el sol por donde salga". El sol no sale por Antequera, que está
al oeste de Granada.
 ¡SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA! Grito de guerra español. Se dice que
Santiago apóstol dirigió a los cristianos en la batalla contra
Abderramán II. Cerrar, en castellano antiguo, era embestir, atacar al
enemigo.
SE ARMÓ LA DE SAN QUINTÍN. En esta batalla (1557), el Ejército español
entró en Francia desde Flandes y aniquiló al francés, pero perdió a la
vez muchos hombres.
 TODOS A UNA, COMO EN FUENTEOVEJUNA. Como relató Lope de Vega, en este
pueblo cordobés la gente se unió para matar al Comendador, autor de
muchos agravios.
¡VIVA LA PEPA! Grito de los liberales aludiendo a la Constitución de
1812, aprobada el 19 de marzo (San José) en Cádiz, cuando los franceses
prohibieron vitorearla en público.


Leyenda de la imagen de la Virgen de Consolación


           


Nuestra Señora de Consolación
Una bella capilla que se sitúa en la intercesión de las dos naves del Real Templo de Santo Domingo de Jerez de la Frontera, en la que habitualmente se celebran las misas y demás ceremonias religiosas, ya que es el único lugar donde existe visibilidad total desde cualquier ángulo de este templo cuya planta tiene forma de T, es la Capilla de Consolación.
Su capilla
            Dicha capilla se construyó en 1537 a expensas de un noble jerezano llamado Jácome Adorno, siendo realizada por Pedro Fernández de la Zarza, alarife que tan magníficas intervenciones tuvo acerca de la construcción del templo de San Miguel por esa misma época como es su incomparable Capilla del Socorro. El interior de la Capilla de Consolación es un espacio barroco que puede contarse entre los más interesantes de la ciudad. Fue remodelado en los años setenta del siglo XVIII, realizándose el actual retablo para la imagen de la Virgen de Consolación a cargo del gran tallista jerezano Andrés Benítez. En cuanto a la imagen de la Virgen, motivo y eje central de la capilla, es una obra gótica de pequeño tamaño realizada en alabastro en el siglo XV, la cual se muestra sobre un trono de plata del siglo XVIII, tirado por dos bueyes. Un escudo de piedra, blasón de los Adorno, preside la parte superior de fachada de la capilla de Consolación, así como otros dos en cada enjuta del arco de dicha fachada,  ello indica inequívocamente  el patronazgo de esta familia sobre la capilla.
                Hasta aquí una breve descripción del lugar donde se venera esta advocación de la Virgen María co-patrona de la ciudad de Jerez y patrona de la abogacía jerezana de encendidas devociones a lo largo de la historia,  y que en épocas pretéritas era sacada en procesión cada 8 de septiembre  en su festividad.  En los tiempos modernos solamente la hemos podido verla salir en procesión el 20 de abril de 2013 con motivo de aquella magna celebración mariana denominada “Vía Lucis”
La leyenda
Ahora vayamos a la interesante leyenda sobre la que se basa la llegada a Jerez de dicha imagen. Como en cualquier otra leyenda, en ésta puede haber una base cierta a la que la fantasía popular a través de los años fue poniendo aditamentos más o menos fantásticos los cuales, mediante la tradición oral, se transmitieron de generación en generación hasta convertirse en creencia. Y este es el caso de la imagen de Nuestra Señora de Consolación.
La leyenda cuenta que, a mediados del siglo XV, por aguas del Mediterráneo y con rumbo a España navegaba un noble caballero genovés llamado Doménico Adorno. A caer la noche en el golfo de Rosas frente a la costa catalana, se levantó un horrible huracán que desarboló la nave dejándola a la deriva a merced del viento y de enormes olas. Los tripulantes del barco viéndose perdidos en la tempestad se encomendaron a la Virgen María, rogándole les salvara de aquel peligro extremo. Momentos después divisaron en la lejanía un vago resplandor que lentamente se acercaba a ellos. A medida que hacia la embarcación avanza aquella luz la violencia de las  olas fue perdiendo fuerza e intensidad. El temporal amaina y pronto pueden distinguir dos luces que suavemente se deslizan por el mar hasta llegar al costado del barco. Entonces echan un bote al agua y, al entrar en contacto con las luces, vieron asombrados una pequeña imagen de la Virgen. Doménico Adorno cogió la imagen entre sus brazos, subió a su nave y, entre aclamaciones de la tripulación, entrega a la Virgen el gobierno del barco y todos se van a descansar. Extenuado, Adorno queda profundamente dormido oyendo en su sueño a la Virgen que le dice: “Llévame a Xerez, al convento de los frailes predicadores que voy para consuelo de los jerezanos”.
Al clarear el día, los marineros despiertan y observan asombrados que en tan pocas horas los vientos y las corrientes habían arrastrado la nave inexplicablemente hasta la desembocadura del Guadalete en Puerto de Menesteo, hoy Puerto de Santa María. Desembarcan, y desde allí la imagen de la Virgen fue conducida a Jerez en una humilde carreta tirada por dos bueyes.
Pintura mural en la capilla de Gracias que representa
 la leyenda de la Virgen de Consolación
La llegada a Jerez 
Al llegar a la Ermita de Guía hizo alto el cortejo y Doménico Adorno procedió a colocar la imagen en el altar de su capilla, comunicando a continuación a la ciudad la nueva de la milagrosa visita. Preguntó quienes eran los frailes predicadores y le dijeron que los franciscanos se dedicaban a la predicación. Poco después llegó a la Ermita parte de la comunidad de franciscanos acompañada del Cabildo y numeroso público con la intención de llevarse la imagen al convento franciscano. Cosa que no fue posible ya que de ninguna manera pudieron mover la imagen del lugar donde estaba colocada.
Los dominicos, a los que más tarde llegó la sorprendente  noticia, acudieron también a la ermita. Después de orar postrados ante la imagen, fácilmente pudieron trasladarla a la carreta para conducirla a su convento. Pero como los ánimos de la gente no estaban a favor que la Virgen se fuera a Santo Domingo, lo frailes optaron por una sabia solución: dejar a los bueyes que libremente caminasen y fueran donde la voluntad de la Virgen les condujera.
Pasaron por varios templos sin que en ninguno parasen lo bueyes. Pero al llegar a Santo Domingo los animales se detuvieron instintivamente sin que fuese posible que dieran un paso más a pesar de los esfuerzos realizados para conseguirlo. De este modo los padres dominicos recibieron la bendita imagen entre aclamaciones y júbilo del numeroso público que presenciaba la escena. De esta manera la venerada imagen fue colocada en una capilla existente en el mismo lugar en el que se encuentra actualmente.
De encendidas devociones
En el siglo XVI un descendiente de Doménico Adorno, Jácome Adorno, mandó edificar a sus expensas la capilla en la que actualmente se encuentra. Ya que la devoción a esta imagen  se difundió rápidamente y gracias a su mediación se conocieron numerosos favores, en especial la curación de enfermos, sequías, epidemias o liberación de cautivos, hechos por los que en el año 1.600 fue votada como co-patrona de Jerez junto a la Virgen de la Merced. Tanto creció la devoción del pueblo jerezano hacia Nuestra Señora  de Consolación que pronto hubo de ampliarse la nave del Rosario, la que da a la Alameda Cristina, hasta las dimensiones que actualmente posee, derribándose previamente una qubba almohade allí existente. Posteriormente, en el siglo XVIII, se labró la hermosa fachada renacentista que da ingreso a este ala del templo dominicano.
Santo Domingo, portada de Consolación
Cuentan las crónicas que en octubre 1823 durante su estancia en Jerez del Rey Fernando VII y su esposa María Josefa de Sajonia, ambos acudieron al convento de Santo Domingo para orar y oír misa en la capilla de la Virgen del Rosario, teniendo ocasión de ver y admirar la imagen de  la Ntra. Sra. de Consolación que, por su pequeño tamaño y belleza, llamó poderosamente la atención de la soberana. Cuentan que la reina la miró y admiró cogiendo en sus manos la imagen con su corona de oro y diamantes, pero que sobre todo le hicieron mucha gracia los bueyes y la carreta de plata sobre la que se asienta.
Una historia, en parte leyenda y en parte realidad, pero lo cierto es que coincide en lo sustancial: Doménico Adorno trajo la sagrada imagen a Jerez desde su Génova natal. Una imagen que llegó a convertirse en un gran foco espiritual para los jerezanos, motivo incluso de peregrinaciones venidas de lugares alejados. Como decía en cierta ocasión nuestro buen amigo Eduardo Velo, una historia que habría que hacer revivir para todos aquellos que buscan consuelo en sus aflicciones, para que las nuevas generaciones no olviden que en Jerez existe una Virgen pequeñita pero con una devoción histórica muy grande.

Antonio Mariscal Trujillo


Doña Blanca de Borbón


Posiblemente sean muchos los que sepan que la populosa y comercial calle Doña Blanca de Jerez debe su nombre a la desventurada reina doña Blanca de Borbón, esposa que fuera del rey Pedro I el Cruel, la cual fue mandada asesinar por su esposo y enterrada en la cercana iglesia de San Francisco. Pero quizás sean menos los que conozcan la historia, por ello nos vamos a permitir ocuparnos de este hecho.
Existen algunas divergencias sobre la vida y el triste fin de aquella desgraciada reina que encontramos en las distintas fuentes que tratan este tema. Hemos consultado diversas obras como: Historia de Jerez y de los reyes que la dominaron del Padre Rallón, Monumentos de Jerez de Grandallana, Historia de Jerez de Adolfo de Castro, Crónica del rey Don Pedro de López de Ayala, Historia de Jerez de Bartolomé Gutiérrez o Historia del Alcázar de Jerez de Fernando Monguió, así como algunos  artículos de prensa histórica y de Wikipedia al objeto de exponer aquí algunos apuntes que nos acerquen de forma clara y a la vez concisa sobre este interesante hecho histórico sucedido en  nuestra ciudad.
Casamiento y reclusión
            El rey Pedro I llamado el Cruel por unos y el Justiciero por otros, nacido en 1334, fue hijo de Alfonso XI a quien sucedió en 1350. En 1353 contrajo matrimonio con doña Blanca de Borbón y Valois, una de las siete hijas del francés Duque de Borbón, a la cual abandonó a los tres días de la boda entre gran escándalo de la Corte. Aunque no está claro los motivos de este proceder, todo apunta a que el monarca después de haber recibido una sustanciosa dote por parte del padre de la novia, seguía estando enamorado y mantenía relaciones con doña Isabel de Padilla, al parecer consentidas por el marido de ésta don Alfonso de Alburquerque.
            Reseñan los historiadores que Doña Blanca era mujer hermosa, blanca, rubia, esbelta, de buen donaire y con la alegría y el candor de sus 18 años de edad. De nada le sirvió a aquel monarca el pudor y candor de su joven esposa, dado que a los tres días la abandonó para seguir sus amoríos con Isabel de Padilla, empeñándose en repudiar a su legítima esposa recluyéndola en el Castillo de Arévalo donde comenzó su calvario. Por defenderla públicamente el obispo de Segovia tuvo que exiliarse en Portugal. Inútil fue la mediación del Papa, quien influenciado por el Cardenal de Bolonia solicitó la libertad de la reina al rey don Pedro. Ello provocó que para mayor seguridad ordenase que Doña Blanca fuese trasladada al Castillo de Sidueña, conocido por dicha causa como Castillo de Doña Blanca. Tiempo más tarde la reina sería recluida en el Alcázar de Jerez donde terminarían sus días.
Del cautiverio a la muerte
            Cuenta la historia que conociendo el rey las censuras de los nobles de la corte y los romances que hacían los escritores en contra del martirio que sufría Doña Blanca, encargó a su médico privado que la envenenase, hecho al que se opuso el alcaide del Alcázar Diego Ortiz de Zúñiga, el cual prefirió renunciar a su cargo antes de permitir tal villanía.
            A la renuncia de Ortiz de Zúñiga fue encomendada tan sucia misión al un nuevo alcaide, el ballestero Juan Pérez de Rebolledo, el cual aceptó la misión sin el menor reparo. No se sabe de qué forma acabó éste con la vida de Doña Blanca, si fue con alguna pócima, un golpe de maza, apuñalada o cualquier otro procedimiento. Y aquella joven mujer, reina de España, hija de Borbón y descendiente de los reyes de Francia dejó de existir en el año 1361 a los 25 años de edad tras siete años de cautiverio.

Ni quito ni pongo rey
     Conocida en Francia la noticia del triste final, salieron para España varios caballeros franceses con su gente sedienta de venganza, entre ellos un hermano de la difunta, los cuales ingresaron en el ejército de don Enrique de Trastamara, hermanastro de don Pedro al que disputaba la corona. Entre estos caballeros figuraba el célebre Bertrand Du Guesclin  que en Montiel pronunció la famosa frase: “Ni quito ni pongo rey sólo ayudo a mi señor”, que como es sabido fue la causa que la corona pasara a manos de Enrique II por la muerte en aquel acto del rey don Pedro a manos de éste su hermanastro.

Cuando Jerez fue ocupado por los partidarios del Trastamara,  era alguacil mayor de Jerez Alonso Fernández de Valdespino, el cual, aunque en principio partidario de Don Pedro, se pasó al bando de los enriquistas. Su primera acción fue retener prisionero  en su casa a Pérez de Rebolledo, capturado cuando huía hacia Medina Sidonia, hasta su traslado a Sevilla, donde sería ejecutado como autor de la muerte de la esposa de Pedro I, Doña Blanca de Borbón. El ballestero fue ajusticiado en Sevilla, su cuerpo arrastrado por las calles y luego descuartizado. Hemos encontrado una referencia en cuanto a que los restos de Rebolledo fueron traídos a Jerez por su familia y enterrados en la capilla que llamaban de los Picaños en San Marcos.

Epitafio en San Francisco
            En cuanto a los restos de Doña Blanca, fueron depositados en la capilla mayor del templo de San Francisco de Jerez al lado del Evangelio. Y ello fue porque la reina había manifestado tal deseo cuando desde los torreones del Alcázar veía dicha iglesia. Cuando los Reyes Católicos visitaron Jerez en 1483, la reina Isabel ordenó se le diera sepultura al pie del altar mayor y se le rindieran los honores de reina. También ordenó poner una lápida de mármol con la siguiente inscripción:
“Consagrada a Cristo Sumo Bienhechor y Todopoderoso Señor Nuestro, Doña Blanca Reina de la Españas, hija de Borbón descendiente del ínclito linaje de los reyes de Francia, fue grandemente hermosa de cuerpo y costumbres, mas prevaleciendo la manceba, fue muerta por mandato del rey D. Pedro I el Cruel su marido. Año de Salud de 1361. Siendo ella de 25 años de edad”.

            Cuando se reedificó el templo de San Francisco a finales del siglo XVIII, hay noticias que los restos de Doña Blanca fueron depositados en una caja de cedro, guardándose en la celda del prior. Con el advenimiento de la Primera República en 1873, la caja de cedro fue depositada en el Archivo Municipal regresando al convento de San Francisco el 24 de febrero del año siguiente, colocándose en una pequeña cripta en el lado izquierdo del altar mayor.
La última noticia sobre la existencia de la mencionada caja nos la aporta en 1910 el que fuera archivero municipal Adolfo Rodríguez del Rivero, el cual dice que en esa fecha bajó a la cripta junto al entonces alcalde, el marqués de Campo Real, y allí estaba una desvencijada caja con los restos de aquella reina. Dentro de la misma, cuenta, había una lata que contenía un pergamino imposible de tocar pues se deshacía, dado su estado de descomposición. En cuanto a la lápida mandada a grabar por la reina Isabel la Católica se encuentra actualmente en la sacristía adosada a uno de sus muros.

¿Jerez o Medina Sidonia?
Para terminar diremos que existen divergencias sobre el lugar donde fue asesinada esta reina, pues algunos historiadores sitúan el hecho en un torreón de la muralla de Medina Sidonia. Esta tesis, pensamos, se basa sobre todo en una placa que mandó colocar en dicho torreón en 1859 el heterodoxo escritor Mariano Pardo de Figueroa, más conocido por su seudónimo de “Doctor Tebussem”, en la cual se podía leer: “En esta torre estuvo presa y acabó sus días a manos del ballestero Juan Pérez de Rebolledo, en el año 1361 la virtuosa reina doña Blanca de Borbón esposa de Pedro de Castilla”  Si nos atenemos a algunos hechos resulta fácil deducir que no fue en Medina Sidonia donde tuvo lugar el suceso, por las siguientes causas: En primer lugar Juan Pérez de Rebolledo era alcaide del Alcázar jerezano y no de Medina cuando ocurrió el acontecimiento, y de hecho se le apresó cuando huía de Jerez camino de Medina Sidonia a la altura de la laguna. En segundo lugar, como decíamos anteriormente, la historia cuenta que la reina veía desde su encierro el templo de San Francisco y manifestaba querer ser enterrada allí. Por último no existe ningún documento, al menos que se sepa, que indique el traslado del cadáver de la reina a Jerez desde Medina Sidonia. También es posible la confusión al hecho de haber estado Doña Blanca recluida durante algún tiempo en el Castillo de Sidueña o Sadunia al pie de la Sierra de San Cristóbal, denominaciones que emanan de Saris Siduna,  nombre de Jerez en el Medievo, y ello puede relacionarse erróneamente con Medina Sidonia. El caso es que mientras no se demuestre lo contrario de forma fehaciente y, por las razones anteriormente expuestas, la muerte de Doña Blanca la deberemos situar en Jerez. 

Transformación urbana de Jerez con motivo de la construcción de bodegas

Bodega del Marqués de Misa en 1898 preparada para
almuerzo a la escuadra francesa atracada en Cádiz 
Desaparecida bodega de calle Ponce
Bodegas dieciochescas
CON la llegada del siglo XVIII los vinos de Jerez eran ya reconocidos internacionalmente por su calidad, por lo que el aumento de las exportaciones llegaron a aumentar enormemente. Hasta esa época la estructura arquitectónica bodeguera se centraba en su mayoría en el modelo de bodega de mediano tamaño en la zona de intramuros, unos trescientos metros cuadrados de superficie o más con techos abovedados sostenidos por resistentes columnas de granito para soportar el peso del granero existente en el piso superior. Junto a ella se alzaba normalmente la vivienda de su propietario, generalmente dueño también de tierras de labor y viñedos, que de esa manera podía estar pendiente día y noche de su cosecha. Actualmente están inventariadas, según mis datos, unas 17 bodegas-granero de esa época. Un ejemplo representativo es la situada en plaza de las Cocheras que hasta hace pocos años se usó como restaurante. La misma está unida por un almizcate a la casa nº 2 que debió ser la vivienda de su propietario. Como decíamos eran las más numerosas, aunque ya en esa época existían algunas con tres o cuatro naves similares a las que hoy las conocemos. 

UnJerez decimonónico

     A causa del auge experimentado por el negocio del vino en Jerez hace necesario en aquellos momentos edificar nuevos cascos bodegueros, ahora de mayor capacidad, al objeto de hacer frente a la continua demanda de los caldos jerezanos desde el extranjero. Remontándonos a finales del siglo XVI, diremos que Jerez sufrió una enorme reducción en su población por diversas causas, hasta el punto que barrios enteros quedaron despoblados e incluso desaparecen como fue el de Picadueñas. Y la ciudad no vuelve a crecer en su perímetro urbano hasta la segunda mitad del XIX con la creación de un barrio en la finca denominada Vallesequillo, el conocido más tarde como Mundo Nuevo. Sin embargo, el creciente auge en el comercio del vino hace que numerosas familias enriquecidas con dicho negocio comiencen a edificar buenos edificios a extramuros para su residencia. Magníficas casas y palacios van surgiendo, entre otras, en las calles Caballeros, Pedro Alonso, Cruz Vieja, Albarizuela, Porvera, Llano de San Sebastián etc. Aparte de estas, las demás construcciones de dicha época sólo son bodegas. 


Imagen bodeguera a principios del siglo XX
Las bodegas catedrales del XIX
    El gran desarrollo en la construcción bodeguera sería a finales del XVIII, cuando Juan Hauríe tras ganar el histórico pleito al Gremio de la Vinatería que impedía almacenar vinos para envejecerlos, decide dedicar miles de metros cuadrados de superficie en un barrio ya muy degradado desde el siglo anterior como era el de San Mateo. Al ocupar estas bodegas, lugares donde hubo molinos, corralones y muladares, casas en ruina y alguna que otra calleja, impidió que el barrio se pudiera recuperar del funesto siglo XVII en cuanto a habitantes al llegar épocas de prosperidad. Calles como Valderrama, San Ildefonso, San Blas, Cordobeses, Rincón Malillo, Colores, Plaza del Cubo etc. discurren desde el final de la centuria exclusivamente entre bodegas. Otras como Justicia, Liebre, Campanillas o Cabezas sufren menos esta transformación urbana, pero ninguna de ellas se salvará de poseer algún almacenado de vinos. Ello ocurre también aunque en menor medida en collaciones de San Marcos y San Juan. Tampoco se escapa a esta vorágine el exterior de la vieja muralla almohade, en la calle que hoy conocemos como Muro. Entre sus torreones y lienzos también se adosan nuevas bodegas. Todo ello hace que, ante las numerosas peticiones hechas al Cabildo por los curas de las collaciones afectadas para que paren las nuevas construcciones de intramuros, el Ayuntamiento se vea obligado en 1794 a tomar un acuerdo encaminado a proteger estas collaciones de la preocupante despoblación que están sufriendo, por lo que pide al corregidor el cese en la construcción de nuevas bodegas y proponiendo se hagan en las zonas de extramuros. 

Cinturón industrial


      A mediados del siglo XIX la industria vinícola jerezana es ya imparable, el negocio sigue creciendo y nuevas firmas aparecen en el panorama económico local, cada una de ellas va ampliando su parcela de negocio y ganando nuevos mercados. Es entonces cuando comienza a surgir un cinturón industrial de enormes naves bodegueras alrededor de todo el perímetro de la ciudad. En calle Lechugas, tierras que un día pertenecieran a la Orden Militar de Santiago, Ruiz Hermanos levanta su complejo bodeguero. En la zona de Capuchinos las firmas Paúl y Wiliams & Humbert. Pemartín, Wisdom & Warter y Valdespino en la Manga del Toril, hoy calles Pozo Olivar y Pizarro. En la de Lealas Sánchez Romate. En el Ejido, actual zona de Madre de Dios, las de Díez Hermanos y Vergara-Gordon. Entre las calles Arcos y la antigua Huerta de Terry el acaudalado Manuel de Misa y Bertemati compra la bodega de Fernández y González en la que además levanta una de las más grandes naves conocidas hasta entonces: La Grande, con sus 133 metros de longitud por 35 de ancho y una altura hasta entonces desconocida, baste decir que en su interior se celebraron unas carreras de caballos antes de llenarla de botas. Por su parte, el acaudalado pariente y yerno del anterior, Manuel Bertemati y Troncoso, construye a sus expensas en 1875 la anterior a la actual plaza de toros de Jerez, edificando a su alrededor una serie de cascos de bodegas algunos de las cuales todavía existen, al menos las fachadas. J.M. Rivero tiene sus bodegas en calle Valientes y absorbe en su interior otra vieja calle llamada Roalabota para, ya entrado el siglo XX, establecerse en las calles Molino de Viento y Sancho Vizcaíno. Manuel A. de la Riva y Palomino & Vergara establecen sus complejos, el primero al final de la calle Arcos y el segundo en calle Cartuja. El marqués del Real Tesoro adquiere unas magníficas naves en calle Pajarete donde instala su negocio vinatero, al igual que el gaditano Agustín Blázquez que lo hace en entre el paseo de Capuchinos y Santo Domingo. González Byass entre el Alcázar y la Alcubilla; Patricio Garvey en calle Guadalete absorbiendo dentro de sus instalaciones otra vieja calle, la de Orca. Bobadilla en los terrenos que habían pertenecido al convento de la Merced. Y más recientemente en calle Clavel lo hacen Hidalgo y Delage.; Y así un largo etcétera hasta ocupar entre todas una superficie equivalente a 38 campos de fútbol.


    Y la ciudad de Jerez siguió creciendo, pasando de una población que rondaba los cuarenta mil habitantes en la primera década del siglo XIX, a los150.000 en 1965, por lo que la expansión urbana desbordó el cinturón industrial y las bodegas volvieron a quedar dentro del casco urbano. Y ahí han seguido conviviendo en armonía con el vecindario, por una sola razón: la industria del vino no produce humos, ruidos, malos olores ni otras molestias propias de una actividad fabril. 


El ocaso del patrimonio bodeguero

    A la finalización de la década de los ochenta del pasado siglo XX fue cuando todo comenzó a cambiar. Se inició una destrucción masiva del patrimonio industrial bodeguero, entre otras causas porque que los terrenos que ocupaban se habían convertido en algo muy valioso al ser transformado en suelo residencial. Se derribaron muchas de las monumentales 'catedrales del vino' como se les ha dado en llamar o bien fueron dedicadas a otras actividades. Se desmantelaron evocadoras y bellísimas bodegas incluidos sus patios y jardines como los Wiliams & Humbert, Garvey, Agustín Blezquez o Palomino & Vergara para construir en su lugar bloques de viviendas, viales o zonas comerciales. Otras circunstancias socioeconómicas como la salvaje huelga del sector de la vid de 1991, la expropiación del grupo de Rumasa en 1983, así como determinados intereses en los que no vamos a entrar, aceleraron el proceso destructivo de esta singular arquitectura bodeguera cambiando por completo la fisonomía de la ciudad, e incluso hasta el singular aroma de su aire. A cambio se construyeron otros nuevos y grandes complejos bodegueros en la zona sur como Las Copas de González Byass o Bodegas Internacionales de Rumasa al sur. Al oeste las del Grupo Estévez y La Mezquita de Domecq. Otras nuevas bodegas como Bobadilla en la carretera de Sanlúcar y Croft en la de Circunvalación, no han durado como tal más de cuarenta años, actualmente están vacías y en espera de la correspondiente reutilización del suelo que ocupan. 

Moderna bodega del grupo Estevez



Fuentes: González Gordon M. Jerez - Xerez - Sheris, Imp. Padura, Jerez 1935. De las Cuevas, Jesús y José, Vida y milagros del vino de Jerez. Editorial Sexta, Jerez 1979. Julian Jeff, El vino de Jerez, Servicio de publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz 1992. La construcción de la ciudad bodega. Jerez, siglo XIX Tesis Doctoral del arquitecto José Manuel Aladro Prieto (a quien agradecemos su asesoramiento), Sevilla 2012.

ANDALUCES ILUSTRES

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EL BARRIO DE LA ALBARIZUELA Y SUS PERSONAJES


 Encajado entre las calles Rosario, Larga, Honda y Arcos hasta donde se alza la capilla de los Desamparados, se extiende el recoleto y coquetón barrio de San Pedro. Un arrabal en tiempos perteneciente a la collación de San Miguel y que podríamos dividirlo a su vez en tres zonas diferenciadas como son: las Atarazanas, que comprende las calles en torno a la plaza de San Andrés; la Albarizuela propiamente dicha, de construcciones populares y casas de vecindad con la ante citada la capilla de los Desamparados como edificio más singular, levantado a expensas de la histórica familia de los Villacreces en 1649; y por último la de San Pedro, vertebrada en torno a la calle Bizcocheros, de buenas y aburguesadas construcciones que en su mayoría denotan un acomodado nivel de sus habitantes. Todo es hoy un céntrico y evocador barrio en el que a pesar de su antigüedad, ya que surge en tiempos de la conquista de Granada, cuando fue expulsada la población judía de nuestra ciudad y cuya comunidad era propietaria de la mayor parte de los terrenos que hoy ocupa este barrio.  En el mismo podemos apreciar cómo sus calles no heredan el trazado islámico de calles tortuosas propio de las del interior del recinto amurallado, como ocurre en buena parte con el de San Miguel, sino que en su mayoría estas calles son rectas y paralelas, dando la impresión de haber sido trazadas con regla y cartabón muy al estilo colonial.

Ello tiene una explicación, y es que en el siglo XVII este barrio llegó a quedar abandonado y casi deshabitado, arruinándose por ello muchas de sus edificaciones. La alarmante despoblación que sufrió Jerez en aquel siglo debido a las epidemias y, posiblemente, a la masiva emigración a tierras americanas hizo mella en el mismo. Un siglo más tarde la zona comenzó a recuperarse con nueva edificaciones y vecinos, de ahí su aspecto propio del siglo XVIII.

            Muchas de sus calles llevan el nombre de personajes que en ellas vivieron, Recordemos en este sentido la calle de las Naranjas, hermanas conocidas popularmente como las beatas Naranjas hijas de un tal Pedro Naranjo, señoritas muy piadosas y solteras ellas, y al parecer, no muy bien tratadas por la naturaleza en cuanto a belleza se refiere. O la de Antona de Dios, virtuosa y caritativa dama que toma el cognomen “De Dios” por haber hecho votos de castidad convenido con su esposo, un tal Juan Rodríguez y que por tanto no tuvo hijos. El hijodalgo Juan Caracuel o un tal Ruy López, este último afamado médico-sangrador del siglo XVI que poseía un magnífico Palomar. No olvidemos a Gaspar Fernández, al que sus vecinos quisieron homenajear dedicándole esa calle por las fiestas con las que dotó al barrio. Calle de los Morenos, por los seis hijos de un tal Gonzalo Moreno que habitaron en ese lugar en el siglo XVI. Y qué decir de Gómez Carrillo, aquel héroe del Alcázar jerezano que luchando valientemente frente a los moros sublevados, en las almenas del Alcázar se defendió con tal coraje y resistencia que tuvieron que reducirlo con garfios. O ese señor Don Juan, que no era el célebre de la obra de José Zorrilla, sino don Juan Ponce de León, propietario de todas esas tierras llamadas de la Albarizuela antes de que existiera alguna edificación por aquellos contornos. O Álvar Núñez, descubridor de la Florida y primer hombre blanco que pisó el territorio de lo que con el tiempo serían los Estados Unidos y que dio nombre a la calle Arcos durante más de un siglo.

         
   Pasando del nomenclátor callejero emanado de tiempos lejanos, vayamos a épocas más cercanas para evocar otros personajes que nacieron o vivieron en este barrio, tales fueron José Camacho Gómez, excelente pintor costumbrista del siglo XIX que destacó por sus inigualables lienzos de bodegones y flores. El Dr. Vicente Florán Vélaz de Medrano, prestigioso odontólogo que ostentó el título nobiliario de marqués de Tabuérniga. El ínclito periodista Manolo Liaño que durante tantos años nos deleitó e informó en los diarios Ayer, la Voz del Sur y Diario de Jerez;  el ex alcalde Pedro Pacheco Herrera, el genial dibujante y caricaturista Sebastián Moya “Cachirulo”; el joven mártir tradicionalista Antonio Molle Lazo, torturado salvajemente y asesinado en Peñaflor por no renegar de su fe; Clara Monte Malvido, abuela del que fuera presidente de Cataluña Pascual Maragall; o Manolo Sevilla, fotógrafo y excepcional cantaor. Tampoco podemos dejar de nombrar a esas destacadas  familias jerezanas como la de Ricardo Ivison del Arco, prestigioso comerciante de vinos. O las de Belmonte García Fernández y la de García Barroso, estas últimas relacionadas con el mundo ganadero y de la tauromaquia.

            Pero qué decir de Antonio Gallardo Molina, gran poeta y compositor nacido en el número 23 de la calle Antona de Dios, autor de varios libros líricos como La Pasión según Jerez, Luna de Nisán, Apenas yo o La Berajah del Cante; de varias obras de teatro como El Anuncio, Noches de luna nueva, El público o Los novatos, así como de una larga lista de villancicos jerezanos. Composiciones como Tu carita divina, La hojita verde, A la rosa y el clavel o Al son de las panderetas. Autor también de más de setecientos temas musicales que fueron interpretados por artistas de la talla de La Paquera, Chiquetete, Manolo Caracol, Lola Flores o José Mercé. O Carmen Carriedo Soto, “María de Xerez” para el mundo de las letras, fallecida en 1956 y que en la calle Bizcocheros vivió y escribió inigualables y galardonadas novelas como cómo: La niña azul, Desertar, En la aldea, El castillo de Nichopa, El ciego de San Francisco, Cantabria invicta o  En plena epopeya.
           
   Un personaje singular y polifacético donde los hubiere fue el doctor Francisco Paz Genero nacido en calle Naranjas. Especialista en radiología y jefe del servicio de esta especialidad en el Hospital de la Seguridad Social de Jerez desde su inauguración. Fue elegido concejal del Ayuntamiento por el tercio de representación familiar en 1955, llevando la tenencia de alcaldía de Fiestas y Solemnidades durante más de doce años, prestando siempre un incondicional apoyo a la cultura local y a sus tradiciones. Fue presidente del Xerez Club Deportivo en la temporada 63-64, dándose la paradoja, debido a la rivalidad entre los dos equipos locales, de ser también presidente de honor del Jerez Industrial C.F. A principios de los años 80 y coincidiendo con su jubilación le fue concedida la Medalla al Mérito en el Trabajo

También el ámbito de la medicina también es preciso evocar muy especialmente al recordado y benemérito doctor Juan Carlos Durán Viaña nacido en la calle Honda. Un personaje cuyo nombre figura escrito con letras imborrables en el corazón de todos aquellos que tuvieron la fortuna de conocerlo. Su enorme prestigio profesional, su carácter afable, su gran humanidad, su vida dedicada por entero al que sufre, en una entrega casi sacerdotal siempre unida a su inagotable capacidad de trabajo y su amor al prójimo, llevado hasta la más alta cota del altruismo. O un hermano de éste por parte de padre, nada menos que el ilustre aviador Juan Manuel Durán González, tripulante del hidroavión Plus Ultra en el histórico primer vuelo transoceánico de la historia entre Palos de la Frontera y Buenos Aires, fallecido trágicamente en 1926 sobre el puerto de Barcelona en un fatal accidente aéreo cuando contaba solamente 27 años de edad.

También en este barrio de San Pedro, concretamente en calle Naranjas, vino al mundo en 1904 el científico y político Manuel Lora Tamayo. Químico, Farmacéutico, Ministro de Educación, director del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, catedrático de la Universidad Complutense, director del Centro Nacional de Química Orgánica, presidente del Instituto de España, académico de Farmacia y Presidente de la  Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Y vamos a terminar con una brevísima semblanza de uno de nuestros más ilustres paisanos del siglo XIX y principios del XX, tal fue sin lugar a dudas Sebastián Herrero y Espinosa de los Monteros. Jurista, autor dramático, poeta y sacerdote de vocación tardía, el mismo que fuera conocido por la historia como el Cardenal Herrero. Nació en la calle Bizcocheros nº 3 el 20 de marzo de 1822 donde discurrió su infancia y adolescencia. En 1856, cuando ocupaba la plaza de Juez en Morón de la Frontera, se desató una terrible epidemia de cólera que llevó a la tumba a sus mejores amigos. Ello le hizo cambiar su concepción de la vida, por lo que decidió abandonar su carrera e ingresar en el seminario de Cádiz para posteriormente ordenarse como sacerdote. Llegando a ocupar las sillas episcopales de Cuenca, Victoria Oviedo y Córdoba, siendo nombrado Arzobispo de Valencia en 1898 y elevado a la dignidad de Cardenal, en cuya sede falleció en 1903 tras haber asistido al Cónclave donde fue elegido el Papa Pío X.  

Y hasta aquí el breve paseo por ese encantador y querido barrio de San Pedro, testigo mudo de los mejores e inolvidables años de la adolescencia y juventud del que esto escribe. Un paseo realizado de la mano de sus personajes, pues no cabe la menor duda que las ciudades, sus barrios y sus calles no las hacen las piedras del pavimento, ni sus edificios notables, ni siquiera sus monumentos, las hacen sobre todo su gente. Y es esa gente que tuvo la fortuna de nacer, vivir, jugar, trabajar o morir en este entrañable pedazo del corazón de Jerez, son los que a través de estas líneas he querido traer a la memoria y rendir nuestro modesto homenaje, porque ellos han formado parte de la historia viva de ese apacible rincón de nuestra ciudad popularmente conocido como La Albarizuela.
Antonio Mariscal Trujillo