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Jerez de la Frontera, Cádiz, Spain

BIENVENIDOS A MI BLOG

En esta página encontrarás evocadoras fotografías antiguas procedentes de mi archivo particular, así como otras actuales de las que soy autor. También vídeos, artículos, curiosidades y otros trabajos relacionados con la historia de Jerez de la Frontera (Spain), e información sobre los libros que hasta ahora tengo editados.

In this page you will find evocative ancient photographies proceeding, as well as different current of my file particular of that I am an author. Also videoes and articles related to the history of Jerez (Spain) and information about the books that till now I have published

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Villancicos flamencos en la Catedral de Jerez

Foto: A. Mariscal
Resumen del magnífico concierto de villancicos jerezanos ofrecido en la Catedral de Jerez el pasado día 8 de diciembre. Al cante: Jesús Méndez y Tomasa "La Macanita"
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BODEGAS Y VIÑEDOS DE JEREZ EN TIEMPOS PASADOS

Magnífico montaje de José Manuel Iglesias Nieto sobre las bodegas y los viñedos de Jerez en tiempos pasados.
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Spot presentado para la candidatura de Jerez como Ciudad Europea del Vino

SPOT PARA LA CANDIDATURA DE JEREZ COMO CIUDAD EUROPEA DEL VINO. No dejen de verlo
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Jerez en la música española

ROMANZA DE LA ZARZUELA DON GIL DE ALCALÁ

PASODOBLE-MARCHA DE LAS CORSARIAS, BANDERITA
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EN TIERRAS DE JEREZ. del maestro Rodrigo interpretado por Narciso Yepes
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JEREZ, de la suite Iberia de Isaac Albéniz
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MI JACA, por Estrellita Castro
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LAS TRES COSAS DE JEREZ.

 Zarzuela en un acto original de Carlos Fernández Shaw y Pedro Muñoz Seca. Música del maestro Vives. Estrenada en el Teatro Eslava de Madrid el 30 de abril de 1903.
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El "Concierto de Jerez" de Manuel Morao. Se estrenó en el Teatro Villamarta en 1974 ofreciéndose después en diversos escenarios españoles. La única grabación del mismo la hizo en directo Radio Popular el día de su estreno, de dicha grabación la Universidad de Cádiz editó este CD en el año 2010

ESPAÑA-JEREZ pasodoble

Ermita de la Ina




LA ERMITA DE LA INA
   Un  lugar histórico



                                                                    Foto: A. Mariscal

    A siete kilómetros de Jerez y a orillas del río Guadalete se levanta una pequeña y vieja ermita, la de Nuestra Señora de la Victoria de la Aína. Edificada en 1339 como acción de gracias por la victoria de los jerezanos frente a las poderosas tropas de Abu-Melek, el Infante Tuerto,  que tenían sitiada a la ciudad de Jerez, es un sencillo edificio de planta rectangular, techo a dos aguas cubierto de tejas y rematado por una espadaña. Su interior al que se accede a través de un pórtico, consta de tres naves. Formadas éstas por dos pilares, cada uno con cuatro atrevidos arcos de herradura de claro sabor almohade. Su primitivo artesonado de madera, característico de todo templo mudéjar, debió desaparecer hace muchos años, por lo que tras su última reconstrucción, se le dotó de un sólido techo de hormigón en el que se imita algo que recuerda a sus vigas originales. Un bonito y a la vez sencillo retablo compuesto por una hornacina en la que se venera una imagen de Nuestra Señora de la Victoria, es el principal motivo ornamental de la capilla. También nos llama la atención una artística pila para el agua bendita situada a la entrada; preciosa talla en alabastro, posiblemente del siglo XVI.

       Esta ermita posee sobre todo el gran mérito de ser un notable ejemplar de la más pura arquitectura mudéjar, con el valor añadido de ser también el templo cristiano más antiguo de todos los que se conservan, no sólo en Jerez, sino en toda nuestra provincia Un hecho extraordinario acaecido en 1839, causó enormes desperfectos en la capilla y casi estuvo a punto de hacerla desaparecer del mapa. Resulta que un fortísimo tornado elevó con su enorme fuerza toda el agua de una laguna cercana arrojándola contra la Ermita y sus alrededores, arrancando el campanario, destrozando techos, tabiques y puertas, causando gran susto entre los lugareños. A pesar de ello, la ermita fue reconstruida y, según nuestras noticias, hasta el año 1880 se celebró culto en ella, sostenido bien por el Ayuntamiento, bien por los vecinos del lugar. Es a partir del citado año cuando la edificación se dedica a casa de labor y cuadra, quedando durante muchos años en tan lamentable estado de abandono que hizo temer por su desaparición.

     En 1927 siendo alcalde de Jerez D. Federico Ysasi y Dávila, el Estado  incoa, al parecer por error, expediente de subasta de la Ermita de Ntra. Señora de la Ina al figurar en su inventario como "bienes enajenables procedentes de la Cartuja", Debido a ello, el Ayuntamiento tiene que iniciar un recurso para demostrar que la misma aparece exenta a perpetuidad como capilla pública, siendo propiedad del Excmo. Ayuntamiento de Jerez,  así como seis aranzadas de tierra dedicadas a descansadero y ejido desde tiempo inmemorial. 

     Afortunadamente, a mediados de los años sesenta tras décadas de vicisitudes, la Diputación provincial, entonces presidida por D. Álvaro Domecq y Díez, se hizo cargo de su rehabilitación, emprendiéndose las obras necesarias que culminaron con su reapertura al culto.  Por si acaso algún lector tiene interés en visitar esta reliquia del arte mudéjar, diremos que, aunque en ella tienen lugar algunos cultos como bodas, primeras comuniones y bautizos, generalmente no tiene horario ni día fijo de apertura, salvo en primavera que se celebra allí la misa parroquial los sábados a las 19 horas. Para su visita fuera de estos días es preciso ponerse de acuerdo con el párroco.

      En noviembre de 2010, tras varios años sin alumbrado eléctrico, fue inaugurada con toda solemnidad una nueva y artística iluminación de este templo. Dicha actuación fue realizada de forma altruista por la compañía Endesa. Merece la pena dar un paseo y acercarse por tan histórico y meritorio lugar. Nos atreveríamos a decir que ningún jerezano puede preciarse de conocer plenamente su ciudad sin haber visitado la Ermita de la Ina.

     Como es sabido con este mismo nombre de La Ina existe en estos pagos un núcleo de población rural compuesto por unos novecientos habitantes. A este respecto diremos que, el historiador Portillo menciona una población situada entre esta ermita y el vado de Medina denominada Villa del Infantado. Dice el citado historiador, que dicha aldea existía aún en 1416, sin que se sepa cuando desapareció y por qué causas.


La antigua Judería de Jerez de la Frontera








LA JUDERÍA DE JEREZ DE LA FRONTERA

Foto: A. Mariscal
            Jerez de la Frontera es una ciudad situada en el sur de España, a mitad de camino entre Sevilla y Gibraltar y a sólo 11 kilómetros de la Bahía de Cádiz. Con una población superior a los doscientos mil habitantes, es cabecera de una amplia comarca agrícola poblada de viñedos, que se extiende entre los ríos Guadalquivir y Guadalete hasta sus desembocaduras en el océano Atlántico. Ciudad internacionalmente conocida, entre otras cosas,  por sus afamados vinos y sus importantes ganaderías de caballos de pura raza española.

            Los orígenes de la ciudad de Jerez se pierden en la noche de los tiempos. Fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos, árabes y judíos dejaron su huella y su cultura en estas tierras. Importantes yacimientos arqueológicos como los de Mesas de Asta, Gibalbín, Doña Blanca o Alcántara así lo atestiguan. Si bien sus orígenes como ciudad en el lugar que hoy ocupa hay que datarlos en la época islámica, sobre todo en el período almohade, que es cuando se construye su extensa muralla defensiva y su Alcázar, alcanzando entonces gran importancia económica, cultural y estratégica..

            Hasta estos momentos no se ha encontrado ningún documento que pruebe la existencia de una aljama judía en la ciudad almohade (siglos XI al XIII),  y es muy posible que no la hubiera, dado el carácter fundamentalista de esta civilización islámica, tras de cuya invasión la población mozárabe de Jerez tuvo que convertirse al Islam o bien abandonar la ciudad, entre ellos su Obispo y sus clérigos que hubieron de huir  y refugiarse en Toledo.

            En mayo de 1264 la población mudéjar se revela contra el Rey  Alfonso X, y da muerte a toda la guarnición que custodiaba el Alcázar. La reacción del monarca no se hizo esperar. Poco tiempo después marcha con sus tropas hacia Jerez poniéndole cerco. Así, el 9 de octubre de ese mismo año entra con sus tropas por la puerta llamada de Rota, mientras por la del Real toda la población musulmana parte camino de su exilio hacia Tarifa o el norte de África, llevando solamente lo que pudieran cargar en sus asnos o mulos. De esta manera concluyen cinco siglos de dominación musulmana en estas tierras. A partir de ese momento la ciudad que fuera Sheris Sadunia queda en “frontera” y habitada sólo por una guarnición militar, así como unas escasas familias musulmanas que habían sido leales al Rey cristiano.

            Dos años más tarde la ciudad sería repoblada por más de un millar de familias procedentes principalmente de los reinos de Castilla, Navarra y León, también vinieron medio centenar de ellas del sur de Portugal, constituyendo estas el llamado barrio del Algarbe. A todas se les dan casas más o menos buenas en función de los servicios prestados a la corona.

            En esta repoblación también llegaron a Jerez 90 familias de origen y religión judías procedentes en su mayoría de Castilla así como de otras poblaciones andaluzas, las cuales se establecen en el interior del ángulo nordeste de la muralla, donde ocuparon casas y solares antes propiedad de los musulmanes. La mayoría eran artesanos y comerciantes. El Libro del repartimiento cita incluso algunos oficios, así vemos que hay un alfayate o sastre, un alamín o maestro de tejedores, un labrador y un carnicero entre otros. Este es un tema perfectamente documentado gracias a la existencia en los archivos municipales de la ciudad del anteriormente citado Libro del repartimiento, en el cual constan los nombres de todos y cada uno de los nuevos pobladores y la casa o el solar que les son adjudicados. Ello quiere decir que también están registrados los cabezas de familia judíos que en ese año de 1266 se asentaron en Jerez, así como la casa que les correspondió. En dicho manuscrito podemos leer que el reparto de inmuebles en la Judería fue de la siguiente manera: 7 casas buenas, 23 casas medianas, 77 casas pequeñas, 7 solares, 14 corrales y almacenes, 2 bodegas y 2 establos. Además se les entregó algunos edificios para uso común con destino a sinagoga, alhóndiga y casa de la merced donde dar albergue a judíos en tránsito o rescatados de la esclavitud.

            La judería jerezana fue durante el siglo XIII una comunidad de proporciones medianas, similar a las de Niebla, Écija o Baeza, sin que pudiera compararse en ese siglo con las de Sevilla o Córdoba. Pero la misma fue creciendo y se calcula que la Judería jerezana pudo albergar en el siglo siguiente hasta tres mil habitantes, ocupando una superficie de tres hectáreas. Por ello sus calles serían estrechas y abigarradas por las que no podrían cruzarse dos mulos cargados. Casas con su taller, tienda o comercio y habitaciones para la familia, así como un pequeño corral en su parte trasera donde criar gallinas, palomas o conejos para consumo familiar. Muchos de los habitantes de la aljama trabajarían fuera de ésta en distintos oficios, entre ellos se contaban los almoxarifes del Rey, encargados de recaudar los tributos. Todos ellos volverían a sus casas al caer la tarde, pues por la noche las puertas de la Judería eran cerradas hasta el amanecer. Como detalle curioso, la historia cita a varios judíos de profesión labrador, algo poco común, y es que en la zona de extramuros donde hoy se alza el barrio de San Pedro, además del cementerio o fonsario hebreo, había una buena extensión de tierra calma propiedad de algunos de ellos. La Judería por tanto debió de ser una ciudad autónoma en el interior de la propia ciudad de Jerez.

            Al parecer los judíos jerezanos eran, salvo alguna excepción, gente de clase modesta, ello se desprende del importe de sus impuestos con que contribuían a la Corona. Así por ejemplo, en determinados períodos Sevilla contribuía con algo más de cien mil maravedíes anuales; sin embargo, los judíos jerezanos con  la mitad de población lo hacían sólo con cinco mil.

            Poseyó la Judería de Jerez dos sinagogas, cuyos emplazamientos están perfectamente localizados, además de una alhóndiga y una madrasa anexa a una de las antes citadas sinagogas. Todavía a principios del siglo XIX podemos leer en el callejero local nombres como “Plaza de la Sinagoga”  o  “Calle de la Sinagoga”. Aún se conserva el nombre de Judería en una calle en la que existe un centro comercial y de eventos emplazado justo sobre lo que en otro tiempo fuera una de las citadas sinagogas. La otra, que estuvo situada a la mediación de la actualmente calle Álvar López, cuentan las crónicas, se hundió arruinada en 1479 y ya no se volvió a reconstruir.

            Para terminar diremos que, en el año 1483 llega a Jerez una orden para que todos los judíos salieran del territorio del Arzobispado de Sevilla al que pertenecía Jerez. Desde ese momento algunos judíos comenzaron a vender sus bienes por menos de la mitad de su valor. Para evitarlo, el Corregidor  dio una orden prohibiendo a todo cristiano comprar ninguna propiedad a los  judíos, con penas de azotes y cárcel al que lo hiciera. De esta manera se evitó que aquella pobre gente malvendiera sus pertenencias. Además el Ayuntamiento eleva un escrito al Rey exponiéndole el quebranto económico que supondría para la ciudad el cumplimiento de la orden de expulsión. El rey accede y da una prórroga de seis meses, cosa que no se cumplió y los judíos siguieron en Jerez  hasta su destierro definitivo en 1492.

            Actualmente la antigua Judería jerezana ocupa uno de los lugares más céntricos de la ciudad y, aunque no queda ni un solo vestigio de su pasado, conserva en parte su viejo trazado de calles estrechas y trazado irregular. Quizás algún día lleguemos a conocer los secretos que toda esa zona del corazón de la ciudad guarda bajo una tierra que, a lo largo de los últimos diez siglos, ha visto pasar sobre ella a tres civilizaciones.

Antonio Mariscal Trujillo
Centro de Estudios Históricos Jerezanos




Fuentes y bibliografía: Libro del Repartimiento de Jerez, manuscrito del siglo XIII, A.H.M.J. Muñoz Gómez, A. Nuevas memorias Judiegas, en El Guadalete, Jerez 1892. Ibídem, Noticia histórica de las calles y plazas de Jerez, Jerez 1903.  Fita Fidel, La Judería de Xerez, en El Guadalete, 1888. Ibídem, Xerez de la Frontera, su judería en 1266. SANCHO SOPRANIS, H. Historia Social de Jerez de la Frontera a fin de la Edad Media; CEHJ, Jerez 1959. González Jiménez  M. y González Gómez, A. Jerez de la Frontera en el siglo XIII. CE.H.J., Jerez 1988. Bellido Bello, J.F. ¿Por qué lloraron los judíos al abandonar Jerez.?  Publicaciones de la C.A.J., Jerez, 1995


INTRAMUROS, Onda Jerez TV.

Programa especial realizado por Onda Jerez TV en el que se tratan varios de los temas relacionados con mi nuevo libro "La Historia pequeña de Jerez  de la Frontera, en parte del siglo XX" con un magnífico montaje documental
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Aquella Plaza de Plateros






Aquella Plaza de Plateros

         En plena canícula veraniega y sentado bajo la fresca sombra de sus grandes árboles en el velador de una cervecería, una imaginaria máquina del tiempo me trasladó hasta aquella otra plaza de Plateros de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, cuando la misma era lugar de obligado paso, ágora ciudadana, centro comercial abierto e imaginario patio de una casa de vecinos.

         En la quietud y el silencio me recreé en todos y cada uno de sus edificios, y recordé a mi padre, con su inmaculada bata blanca, colocada sobre una impecable camisa, dejando asomar su bonita corbata, y su medio siglo elaborando fórmulas magistrales como encargado de aquella farmacia que fundara Onofre Lorente Roldán en el primer tercio del pasado siglo. Justo al lado de la botica, la panadería de Consuelito, mujer alegre y salerosa como ninguna, que hasta pudo haber sido mi madre, ya que la madre de ella estuvo empestillada en casarla con mi progenitor cuando éste apenas tenía 18 años. Cosa que no consiguió puesto que mi padre se enamoró de una niña llamada Catalina que vivía encima de la farmacia, y que a base de bajar muchas veces a llamar por teléfono consiguió su propósito.

         Junto a la panadería, la frutería de Mariano Ramírez, místico y cofrade, uno de los mejores vestidores de imágenes que hubo en Jerez. En la puerta de al lado, la tintorería Amaya con su encargada Lolita Calle, una mujer de bandera como se decía antes. Un poco más allá Borga, de Bohórquez y García, donde se vendieron los primeros motocultores mecánicos y los primeros Vespinos. O aquel Bar Victoria, regentado por Enrique, un gallego “suigenéris” con el mejor café de Jerez y que por no arriesgar mucho en su negocio sólo tenía una marca de vino: el fino Gaditano, así como dos clases de tapas: filete a la plancha y caballa en aceite. En frente, junto a la torre de la Atalaya, la barbería de los Manolos, como yo les llamaba y donde siempre había antológicas tertulias en las que se hablaba de todo en animado coloquio. Aquellos tres Manolos eran totalmente desiguales, uno alto y delgado, otro bajito y rechoncho, y el tercero menudito y poquita cosa. El gordo muy hablador y el bajito que repetía con sorna el final de las frases que el primero decía.

         En la acera de enfrente, la Papelería Salido, del padre de los Salido Freire, con el Sr. Bárcenas como encargado de toda la vida y el artista Pepe Guerra como ayudante. Junto, el almacén de Agustín Pina y más tarde la tienda donde se vendieron los primeros colchones de muelles: el colchon-muelle “Sema”. Pegado a este comercio el de muebles de un tal Camacho, del que popularmente se decía este slogan: “Para antes y después del gazpacho Muebles Camacho”. Siguiendo por la misma acera la relojería y platería “Roán” de Rosario Lorente y Angelita Lorca. Una vieja droguería, la Droguería España de D. Antonio Jiménez Canto, gran profesional del ramo y al que muchos llamaban con el cariñoso apelativo de “Don Cumplido” por su excesiva amabilidad hacia los clientes.

         Rebasando la estrecha calleja de Álvar López, la imprenta y litografía de Salido, a su vera el puesto de chucherías y baratijas de Miguel, el único que todavía subsiste, ahora en manos de sus hijos. Y donde dejar el viejo bar Recreo, regentado por dos hermanos, uno se llamaba Antonio y el otro era conocido por todos como “El Pájaro”. Buenísima persona y servicial donde los hubiere, con un torrente de voz que se le podía oír en toda la plaza. Este apelativo que nada tiene que ver con el que hoy conocemos como persona poco dada a la honradez, sino porque así se le llamaba en otros tiempos al pretendiente de alguna muchacha. Una tía mía que vivió en Barcelona hasta su muerte me aseguraba que dicho mote se lo puso ella cuando éste andaba pretendiéndola.

         Por fin, donde hoy está la cervecería El Gorila, la Magistratura del Trabajo, donde su magistrado, D. Eduardo Mozón, resolvía los conflictos laborales, a la vez que cuidaba amorosamente de su único hijo afectado del síndrome de Donw. En el lateral de este edificio y en el solar que dejara una casa derribada, unos puestos en los que se vendían periódicos, pescado y churros, y en la acera de enfrente un popular tabanco, el “Número Uno” con su tabernero Juan de toda la vida y el mejor “Maestro Sierra” fresquito, y servido en vasucos a su genuina clientela. Plaza toda ella de doble circulación, en una de cuyas aceras había una parada de taxis, posiblemente los mejores y más modernos de la ciudad. Recuerdo los nombres de algunos taxistas como los de Paco Fernández, Berro, Chica o Coiras.

         Una plaza con un incesante ir y venir de gente, con un comercio bullicioso, alegre y animado, en la paz y el sosiego de unos tiempos en el que toda su encantadora gente formaba parte de una verdadera familia y que ya nunca volverá.
Fotos: A. Mariscal

Antonio Mariscal Trujillo


José Ramón Fernández Lira

FERNÁNDEZ LIRA, José Ramón. Jerez 1935 – 2010. Profesor de Arte, escritor y dibujante. Foto: M.A. Velo

            Artista polifacético, maestro y figura entrañable para sus convecinos, destacó sobre todo por su gran amor a Jerez. Y es que la ciudad  que le vio nacer fue sin dudas su punto de mira artístico y emotivo. Todo giraba en torno a su ciudad: sus dibujos, sus carteles, sus escritos, sus fotografías, su docencia, y podríamos decir que hasta su propia vida. Los que le conocieron afirman que fue un hombre entrañable y a la vez afortunado, ya que siempre hizo lo que deseaba sin ataduras de ninguna clase, y ello le granjeó la amistad y la estima de sus conciudadanos, y como no, de los miles de alumnos que a lo largo de más de cuatro décadas recibieron sus enseñanzas.
           
       Nació en 1935 y ya desde muy joven sintió inclinación por el arte, ciertamente de la mano de su querido profesor Muñoz Cebrián. Así en 1954, cuando contaba 19 años de edad, comienza su carrera profesional publicando el cartel de la VII Fiesta de la Vendimia de Jerez. Desde entonces sus carteles anunciaron la Semana Santa, la Feria, el Corpus Christi, las Ferias del Libro o cualquier otro evento de los celebrados en Jerez. Una actividad para la que también era requerido por otras ciudades andaluzas, tales como: El Puerto de Santa María, Almería, Granada o Cádiz, donde sus carteles anunciaron los acontecimientos más variados: turismo fiestas, manifestaciones religiosas, congresos, etc.

            Su actividad docente la inició como profesor de dibujo en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Jerez, empleo que simultaneó en el Colegio de la Salle
hasta su jubilación en el año 2000.

            Ilustró libros, pregones, discos, revistas. Decoró capillas, como las de las Dominicas del Beaterio, la del Cristo del Amor, la de la Parroquia de San José, las de los Colegios de La Salle-Buen Pastor y de San José en Jerez, así como la del Colegio de San Francisco en Sanlúcar de Barrameda. Diseñó azulejos religiosos, fue comisario de diversas exposiciones y colaboró en la mayoría de los medios de comunicación locales.
            En su faceta de escritor publicó infinidad de artículos en prensa y revistas, así como los libros: Seis momentos de arte y cofradías (1978); “Collage”, apuntes sobre el patrimonio artístico de las Hermandades jerezanas (1984); Semblanza de la imaginería jerezana (1985); Jerez Semana Santa, (años 2003, 2004 y 2005); La Semana Santa de Jerez y sus Cofradías –Tomo IV; Pepe Guerra, 50 años de Belenismo (1997). Como coautor fueron sus publicaciones: Semana Santa en las Diócesis de Cádiz y Jerez (4 tomos, 1988) así como su obra póstuma en colaboración: Un paseo por Jerez, (Jerez 2010)

            Otra de sus importantes facetas artísticas fue sin duda la de fotógrafo. Siempre con su cámara en mano, dejando una colección de 61.000 fotografías de todos los aspectos imaginables de Jerez, muy especialmente de su Semana Santa. Como bibliófilo y coleccionista, logró reunir en su biblioteca 7.500 volúmenes de las más variadas temáticas, 3.500 revistas y catálogos, 600 películas en vídeo, amén de miles de postales, planos, carteles, bocetos, esculturas, dibujos y otras obras de arte. En 1997 y con el patrocinio del Ayuntamiento de Jerez fue inaugurado en la Plaza de los Ángeles el denominado “Fondo Documental Fernández Lira”, el cual desde ese momento legó a la ciudad de Jerez.

            El 2 de marzo de 1989, en sesión solemne fue recibido como Académico Numerario en la Real Academia de San Dionisio de Ciencias Artes y Letras, en la que desempeñó el cargo de vicepresidente y responsable de la sección de Arte. Ostentó también la condición de miembro de número del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Falleció repentinamente el día 19 de julio de 2010. Sus exequias, a la que asistió la Alcaldesa de la ciudad, constituyeron un multitudinario testimonio de pesar. Al día siguiente todos los medios de comunicación locales y algunos provinciales publicaban tan triste noticia destacando que fue todo un símbolo para el Arte de su ciudad.

De mi libro: "Jerezanos para la Historia" Editorial Tierra de Nadie, Jerez 2011


Fuentes y bibl.: 20 Artistas profesores 20 - Escuelas de Artes Aplicadas de Jerez y Cádiz. Cajasur 1988; Siglo y medio de Arte Gaditanos 1834-1984, Caja de Ahorros de Jerez; Gran Enciclopedia de Andalucía (Tomo IV) 1979, Promociones Culturales Andaluzas; Diccionario Enciclopédico de la Provincia de Cádiz (Tomo III) Caja de Ahorros de Jerez, 1985; Historia del Arte en Andalucía (Tomo VIII) Ed. Gever, 1994.

LA HISTORIA PEQUEÑA DE JEREZ DE LA FRONTERA, en parte del siglo XX

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Esta historia no es otra que la del devenir cotidiano, de costumbres, de gente llana, de anécdotas, de personajes populares, de oficios desaparecidos, de maneras de ser y de vivir, del trabajo callejero, de leyendas, de lugares y de hechos insólitos. En resumidas cuentas, del acontecer ordinario de una ciudad como Jerez de la Frontera. Historia pequeña, extraída en su mayoría de un archivo tan singular y fidedigno como es el de la memoria. Historia cotidiana, historia vivida, historia contada por sus protagonistas o transmitida por los que ya no están con nosotros. Historias reales que difícilmente pueden aparecer en algún libro, la mayoría ni en hemerotecas.

248 páginas y 65 fotos históricas. Ya a la venta en todas las librerías de Jerez al precio de 15 euros. Pedidos por Internet a:  www.agricolajerez.com 

En el cruce de la Victoria



CRUCE DE LA VICTORIA

Encrucijada en la que convergen cuatro emblemáticas vías de la ciudad: Ancha, Lealas, Ponce y Porvera.  Lugar donde se levantó el tramo más alto de las poderosas murallas que envolvieron la vieja medina almohade de la ciudad, con su fuerte torre octógona que protegía el ángulo norte  de este muro defensivo, hoy casi cubierta por las edificaciones de su entorno. Calle Ancha, que también se llamó hasta 1979 Canalejas, en recuerdo del que fuera presidente del gobierno español entre 1910 y 1912 y que fuera asesinado por un anarquista en noviembre de 1912 mientras miraba el escaparate de una librería.

Calle Ancha donde hasta la llegada de la década de los 70 veíamos la pintoresca estampa del paso de un tren cargado de botas de vino, arrastrado  por la popular “maquinilla”. Tren bodeguero que, sin ningún recato, se detenía en esta calle con todos sus vagones, y su maquinista bajaba a tomar café o copa en el bar Canalejas

         Al frente, la calle de las Lealas, que un día estuviese dedicada al prestigioso General jerezano del XIX, Sánchez Mira que tan destacado papel jugara en la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II. A mediados de la calle, en la esquina con la de San Francisco Javier, una casa con una hornacina donde las hermosas hijas de un tal Sr. Leal se encargaban cada día poner flores a la cruz allí colocada. Al final de la calle terminaba la ciudad.

          Pero volvamos al cruce de la Victoria, de donde parte la calle Ponce, y que recuerda al jurado Pedro Ponce de Trujillo. Recreémonos en la graciosa torre manierista  del antiguo convento de los Mínimos, que en el siglo XVII levantara el alarife jerezano Antón Martín Calafate. Justo al frente, esquina donde hoy se alza un moderno edificio de viviendas, el recordado empresario del Villamarta, Francisco Riba Gabaldá, levantó a principios de los años 60 una moderna sala cinematográfica, que tomó como nombre de su apellido: “Cine Riba”. Una sala en la que, durante la época de la Transición, pudimos ver muchas de las películas que nos estuvieron vedadas en tiempos de la dictadura, al transformarse ésta en “Sala de Arte y Ensayo”. Pero el paso del tiempo, y con ello el cambio de hábitos, hizo que aquel magnífico cine fuera languideciendo, hasta cerrar sus puertas a mediados de los 80, siendo convertido posteriormente en una de las mejores discotecas de la provincia, la “Only Night”, que tampoco pervivió muchos años y terminó por cerrar, siendo derribado el edificio.
Calle Ancha en el cruce de la Victoria, año 1920