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Jerez de la Frontera, Cádiz, Spain

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En esta página encontrarás evocadoras fotografías antiguas procedentes de mi archivo particular, así como otras actuales de las que soy autor. También vídeos, artículos, curiosidades y otros trabajos relacionados con la historia de Jerez de la Frontera (Spain), e información sobre los libros que hasta ahora tengo editados.

In this page you will find evocative ancient photographies proceeding, as well as different current of my file particular of that I am an author. Also videoes and articles related to the history of Jerez (Spain) and information about the books that till now I have published

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El portero de la Cartuja

Novela basada en la sorprendente historia de un personaje en este relato llamado Alberto Liñán, abogado, filósofo, políglota y en su juventud seminarista franciscano. Su intensa y dispendiosa vida en Roma, París, Ginebra y sobre todo en Nueva York durante las décadas de los treinta y cuarenta del pasado siglo XX marcaron para él un antes y un después. En la ciudad neoyorkina actuó como espía para la Alemania Nazi, siendo descubierto, detenido, juzgado, condenado a muerte y asombrosamente liberado cuatro años después.  A su jubilación como profesor de la Universidad de Cali (Colombia) marchó a España desde donde giró una visita a la Grande Chartreuse de Grenoble en Francia, allí tuvo ocasión de conocer y conversar largamente con el Padre General de los Cartujos. Ello que le hizo meditar y plantearse el sentido de su existencia, por lo que dirigió sus pasos hasta el monasterio de La Cartuja de Jerez, donde vivió los últimos dieciséis años de su vida  en la paz, el silencio y la oración bajo las estrictas reglas de la Orden Cartujana.

Aquellas Ferias de Mayo




            Mucho ha cambiado nuestra Feria desde aquellos años cincuenta del pasado siglo que es hasta donde alcanza mi memoria. No sé, si era  porque en aquellos tiempos la gente vivía con mayor intensidad esta fiesta, al ser, junto con la Semana Santa, lo único que rompía la monotonía cotidiana de una ciudad con afanes de pueblo como era el Jerez de antaño, o porque además era un sentimiento.

            De lo que sí estoy seguro es que aquellas ferias eran algo más que la propia diversión y jolgorio. La Feria era un lugar de encuentro con nuestras propias raíces sin formalismos y sin caretas, toda una expresión de lo nuestro. Días de confraternización, de amistad y de alegría ante una copa de vino entre la pura expresión de un folklore ancestral y único.

            Feria que esperábamos con ansiedad, recibíamos con alegría y despedíamos con tristeza. Para la que meses antes íbamos ahorrando en una hucha de barro que se rompía al llegar mayo. Hoy dicen que la Feria es cara para algunas economías, antes también, para ello ahorrábamos peseta a peseta.

            Tras el paseo obligado por la feria de ganados para ser testigos de tratos de compra y venta de ganados. Esos tratos de los que decía José María Pemán, en su elegía a la Feria de Jerez, que se gastaba diez duros en vino y almejas vendiendo una cosa que no valía tres.

Pero el marco indiscutible de aquellas  ferias eran, al igual que hoy, las casetas. Unas públicas y populares como las grandes casetas de la Tomatera, Lozano, La Gorda etc., en las cuales se permitía llevar la comida desde casa en cajas de zapatos, ya que entonces aún no se habían inventado los tuperwares. Ahí se llevaba la tortilla de patatas, los huevos duros y los filetes empanados, por lo que las familias sólo tenían que gastar en el vino, las gaseosas o las aceitunas que nos servían en las mesas. Otras, para uso y disfrute de los empleados de bodegas como las de González Byass, Williams o Domecq tenían precios muy ajustados. Algunas, pertenecientes a los distintos cuerpos militares con guarnición en la plaza, solían tener muy buen ambiente, al menos por la noche, con buenas orquestas y mejor baile. Otras casetas de construcción fija como las de los casinos Lebrero, Nacional, Labradores, Domecq o González Byass, acogían a la élite de la  sociedad jerezana. Por otra parte, los bailes de la gran caseta del Casino Jerezano, cuyos socios componían la escasa clase media más o menos acomodada de la ciudad, era por las noches la máxima atracción para muchos jóvenes, entre ellos yo, que de una u otra manera, nos las arreglábamos para colarnos pasándonos un amigo a otro una única invitación a través de las rejas.

            Pero sin lugar a dudas las más entrañables fueron, entre otras, las inolvidables casetas particulares de los Karcomedo, con los recordados Diego Asencio, Paco López Tubío, Miguel Ruiz y otros, los cuales siendo muy jóvenes  sellaron, en los años de la posguerra una amistad imperdurable en la Ermita de San Telmo. Y que decir de Los Lagartos de las familias Daza, Gutiérrez o Mata. Los Máscaras, que nunca llegué a saber si el nombre era por lo de las caretas o por que eran los más “caras” del mundo. La Fiesta Nacional junto con la del Tendido de los aficionados al arte de Cúchares. Los Leones, La Mahora, Peña Ciclista, Peña Nosotros y otras más, componían un abanico de inolvidables casetas familiares que por unos días se convertían en hogares efímeros de sus socios. Ferias de antaño que siempre guardaré en mis recuerdos. Más tarde vendrían las casetas de Hermandades y Peñas Flamencas, y su gran evolución hacia nuestra actual Feria del Caballo. Todo cambió y no sólo en su estética, sino en la forma de vivirla y sentirla.

            Ahora cuando veo a cientos y cientos de jóvenes haciendo botellón los días feriados en los jardines del Bosque, pienso cual será el futuro de nuestra incomparable Feria de Mayo cuando los que amamos la tradición vayamos desapareciendo.

Antonio Mariscal Trujillo


Fandangos a la Feria del Caballo

FANDANGOS A LA FERIA DEL CABALLO
Por Rafael Lorente Herrera




A la Feria del caballo,
con mi jaca torda fui,
a la Feria del Caballo,
recuerdo cuando te vi,
era por el mes de mayo,
que me enamore de ti.





Caireles,
caballos tordos "rodaos"
mosquiteros y caireles,
cinchas de cuero engrasa
borlajes y cascabeles
y tú en mi grupa "monta",
Caballo mio ve al paso,
que la quiero enamorar,
caballo mio ve al paso, que ella vaya confía,
como si fuera en mis brazos,
por en medio del Real.
ESTRIBILLO para intercalar entre los fandangos.
Siempre Jerez,
te llevo en la memoria,
esté donde esté,
de la Feria del Caballo
nunca me olvidare.

Jerez en la historia y el recuerdo

Entre octubre de 2014 y julio de  2016 el autor,  Antonio Mariscal Trujillo, publicó cada lunes  en las páginas de DIARIO DE JEREZ  una serie de artículos a doble plana bajo el título genérico de: “Jerez en el recuerdo”. Dichos artículos gozaron del favor y el seguimiento de los  lectores, hasta el punto que han sido muchos aquellos  que los vinieron guardando y coleccionando. Ello ha dado motivo  a la publicación de esta obra. 

La misma está compuesta por una selección de dichos artículos que su autor ha estimado como de mayor interés, y que han sido clasificados por temas para así componer sus diecisiete capítulos, cuyas fuentes emanan tanto de viejos documentos escritos  como primarias o de la memoria. 

A  través de sus páginas el lector podrá conocer, de una forma amena y concisa,  variados e inéditos aspectos históricos de marcado interés. Desde curiosas leyes y bandos de antaño, hasta la historia de viejas capillas y ermitas desaparecidas en siglos pasados, pasando por la importante transformación urbana de la ciudad en el siglo XIX, sus personajes singulares, las artes, las  ciencias, la economía y la sociedad de antaño. También el lector se podrá recrear con decenas deliciosas y evocadoras fotografías que ilustran este trabajo. Retratos de un tiempo pretérito que conforman esta nueva apuesta del autor a  la contribución del conocimiento de una ciudad como es Jerez de la Frontera.  

Edición agotada

Un recorrido por la historia de la tonelería en Jerez

Nuevo libro
Un recorrido por la historia de la tonelería en Jerez


         De mediados del siglo XV datan las primeras noticias documentadas del llamado “Gremio de la Tonelería” en Jerez de la Frontera, pudiendo contarse por tanto entre las asociaciones gremiales más antiguas de nuestro país. Ya desde esa época se establecen normas obligadas en cuanto a la madera a emplear, capacidades y marcas grabadas a fuego sobre los toneles que elaboraban los distintos fabricantes. Avanzando en el tiempo nos situamos en último tercio del siglo XIX, época en la llegaron a existir en Jerez más de treinta talleres en los que se fabricaban toneles para los vinos, dando empleo a más de un millar de trabajadores, la mayoría especializados en un oficio generalmente transmitido de padres a hijos. Tras una época de decadencia de esta industria a principios de la década de los noventa del siglo XX, la misma volvió a renacer con fuerza al inicio de la siguiente centuria, gracias a la gran demanda de los toneles envinados con “jerez” por parte de los fabricantes del whisky escocés. La producción actual supera las cien mil unidades anuales, casi en su totalidad para la exportación a Escocia, Irlanda o Japón.

Ya a la venta en librerías. Pedidos por internet a: https://www.agricolajerez.com/