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Jerez de la Frontera, Cádiz, Spain

BIENVENIDOS A MI BLOG

En esta página encontrarás evocadoras fotografías antiguas procedentes de mi archivo particular, así como otras actuales de las que soy autor. También vídeos, artículos, curiosidades y otros trabajos relacionados con la historia de Jerez de la Frontera (Spain), e información sobre los libros que hasta ahora tengo editados.

In this page you will find evocative ancient photographies proceeding, as well as different current of my file particular of that I am an author. Also videoes and articles related to the history of Jerez (Spain) and information about the books that till now I have published

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El Claustro gótico de Santo Domingo en Jerez

Foto: A. Mariscal
El Claustro gótico de Santo Domingo, conservado íntegramente, fue expropiado junto con las demás estancias, bodegas y huertas del convento con la Desamortización de 1835, por lo que actualmente tiene ingreso diferenciado. Es de sorprendentes dimensiones y en su derredor se sitúan las principales estancias conventuales. Sabemos que ya en 1436 había comenzado la construcción en este lugar de una galería de claustro. Sin embargo, la construcción actual se desarrolló casi en su integridad a lo largo de todo el XVI, pues consta su finalización en la década de los noventa de dicha centuria, cuando se levantó el cuerpo alto. De planta cuadrada, manifiesta, a pesar de su dilatado proceso constructivo, gran unidad formal. Sus galerías miden cuarenta metros de lado, compartimentadas mediante cinco arcos por tramo, apuntados en el cuerpo inferior y rebajados en el superior. Los arcos del cuerpo bajo, desarrollan a partir de las impostas una rica tracería gótica de cuadrilóbulos sobre arquillos trilobulados, que a su vez arrancan de un murete bajo. Las bóvedas correspondientes a cada uno de los tramos presentan crucería simple, mientras que en los ángulos incorporan terceletes.

El claustro comunica con dos grandes estancias: el Refectorio y el Dormitorio. Al primero se accede a través de una interesante portada del último tercio del XVI. Se compone de arco de medio punto flanqueado por sirenas y coronado por frontón recto, con destacada decoración de repertorios clásicos en friso y jambas. El interior de esta sala, de planta rectangular, se cubre mediante bóveda de cañón renacentista, dividida por arcos fajones que descansan en ménsulas y decorada con los relieves de santo Domingo, santa Catalina de Siena, san Andrés y san Pablo. El Dormitorio, al que se accede por una portada academicista de orden jónico, fechada en 1776, presenta en su interior planta rectangular y bóvedas de crucería en tramos cuadrados.

En el ángulo Norte se encuentran otras dos portadas, actualmente cegadas, que en origen comunicaban el claustro con el Capítulo y la escalera. La primera de ellas fue levantada en el primer tercio del XVII. Es de potente orden rústico de modelo serliano, destacando por la inclusión de cerámica negra en el llagueado. La segunda, de orden jónico y arco escarzano es de igual cronología a la anterior y daba acceso a la escalera. Destaca igualmente en el ángulo Oeste la Capilla de Rivadeneira, obra del siglo XVI. A ella se accede a través de una portada renacentista compuesta de arco rebajado entre pilastras corintias sobre plintos, decoración de grutescos y reja contemporánea a la capilla. En su interior se conservan relieves pétreos renacentistas de los Cuatro Evangelistas, la Verónica y los atributos de la Pasión; todos ellos con policromía original. En ángulo con esta capilla se encuentra una portada recientemente descubierta, compuesta de arco de herradura realizado en piedra y enmarcada en alfiz. Puede considerarse obra de época islámica, tal vez perteneciente al enclave defensivo que existía frente a la Puerta de Sevilla y que fue donado por Alfonso X a los dominicos tras la Reconquista.

Originalmente el convento poseía varios claustros además del principal. El Claustro de la Enfermería, conservado en parte, aunque en malas condiciones, está integrado hoy en viviendas particulares detrás del convento y se accede a él a través de la Puerta del Campo. Fue ejecutado por los hermanos Antón Martín y Domingo Fernández Calafate a partir de 1623. De dos cuerpos, el inferior se organiza a través de arcos de medio punto sobre pilares de ladrillo. En un ángulo se encuentra una escalera monumental de dos tramos, cubierta por bóveda rectangular y decoración de yeserías, tal vez de los mismos arquitectos. También perteneció al convento el patio de arcos de medio punto sobre columnas de mármol de la casa de la calle Rosario nº. 8.

Texto: Miguel A. Mariscal y Pablo Pomar
Fotografía: Antonio Mariscal



Villancicos flamencos en la Catedral de Jerez

Foto: A. Mariscal
Resumen del magnífico concierto de villancicos jerezanos ofrecido en la Catedral de Jerez el pasado día 8 de diciembre. Al cante: Jesús Méndez y Tomasa "La Macanita"
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BODEGAS Y VIÑEDOS DE JEREZ EN TIEMPOS PASADOS

Magnífico montaje de José Manuel Iglesias Nieto sobre las bodegas y los viñedos de Jerez en tiempos pasados.
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Spot presentado para la candidatura de Jerez como Ciudad Europea del Vino

SPOT PARA LA CANDIDATURA DE JEREZ COMO CIUDAD EUROPEA DEL VINO. No dejen de verlo
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Jerez en la música española

ROMANZA DE LA ZARZUELA DON GIL DE ALCALÁ

PASODOBLE-MARCHA DE LAS CORSARIAS, BANDERITA
En tierras de Jerez

JEREZ, de la suite Iberia de Isaac Albéniz
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MI JACA, por Estrellita Castro
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LAS TRES COSAS DE JEREZ.

 Zarzuela en un acto original de Carlos Fernández Shaw y Pedro Muñoz Seca. Música del maestro Vives. Estrenada en el Teatro Eslava de Madrid el 30 de abril de 1903.
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El "Concierto de Jerez" de Manuel Morao. Se estrenó en el Teatro Villamarta en 1974 ofreciéndose después en diversos escenarios españoles. La única grabación del mismo la hizo en directo Radio Popular el día de su estreno, de dicha grabación la Universidad de Cádiz editó este CD en el año 2010.



LA MARQUESITA, zarzuela en dos actos reestrenada en Jerez en el teatro Villamarta el 29 de abril de 2024

ESPAÑA-JEREZ pasodoble

Ermita de la Ina




LA ERMITA DE LA INA
   Un  lugar histórico



                                                                    Foto: A. Mariscal

    A siete kilómetros de Jerez y a orillas del río Guadalete se levanta una pequeña y vieja ermita, la de Nuestra Señora de la Victoria de la Aína. Edificada en 1339 como acción de gracias por la victoria de los jerezanos frente a las poderosas tropas de Abu-Melek, el Infante Tuerto,  que tenían sitiada a la ciudad de Jerez, es un sencillo edificio de planta rectangular, techo a dos aguas cubierto de tejas y rematado por una espadaña. Su interior al que se accede a través de un pórtico, consta de tres naves. Formadas éstas por dos pilares, cada uno con cuatro atrevidos arcos de herradura de claro sabor almohade. Su primitivo artesonado de madera, característico de todo templo mudéjar, debió desaparecer hace muchos años, por lo que tras su última reconstrucción, se le dotó de un sólido techo de hormigón en el que se imita algo que recuerda a sus vigas originales. Un bonito y a la vez sencillo retablo compuesto por una hornacina en la que se venera una imagen de Nuestra Señora de la Victoria, es el principal motivo ornamental de la capilla. También nos llama la atención una artística pila para el agua bendita situada a la entrada; preciosa talla en alabastro, posiblemente del siglo XVI.

       Esta ermita posee sobre todo el gran mérito de ser un notable ejemplar de la más pura arquitectura mudéjar, con el valor añadido de ser también el templo cristiano más antiguo de todos los que se conservan, no sólo en Jerez, sino en toda nuestra provincia Un hecho extraordinario acaecido en 1839, causó enormes desperfectos en la capilla y casi estuvo a punto de hacerla desaparecer del mapa. Resulta que un fortísimo tornado elevó con su enorme fuerza toda el agua de una laguna cercana arrojándola contra la Ermita y sus alrededores, arrancando el campanario, destrozando techos, tabiques y puertas, causando gran susto entre los lugareños. A pesar de ello, la ermita fue reconstruida y, según nuestras noticias, hasta el año 1880 se celebró culto en ella, sostenido bien por el Ayuntamiento, bien por los vecinos del lugar. Es a partir del citado año cuando la edificación se dedica a casa de labor y cuadra, quedando durante muchos años en tan lamentable estado de abandono que hizo temer por su desaparición.

     En 1927 siendo alcalde de Jerez D. Federico Ysasi y Dávila, el Estado  incoa, al parecer por error, expediente de subasta de la Ermita de Ntra. Señora de la Ina al figurar en su inventario como "bienes enajenables procedentes de la Cartuja", Debido a ello, el Ayuntamiento tiene que iniciar un recurso para demostrar que la misma aparece exenta a perpetuidad como capilla pública, siendo propiedad del Excmo. Ayuntamiento de Jerez,  así como seis aranzadas de tierra dedicadas a descansadero y ejido desde tiempo inmemorial. 

     Afortunadamente, a mediados de los años sesenta tras décadas de vicisitudes, la Diputación provincial, entonces presidida por D. Álvaro Domecq y Díez, se hizo cargo de su rehabilitación, emprendiéndose las obras necesarias que culminaron con su reapertura al culto.  Por si acaso algún lector tiene interés en visitar esta reliquia del arte mudéjar, diremos que, aunque en ella tienen lugar algunos cultos como bodas, primeras comuniones y bautizos, generalmente no tiene horario ni día fijo de apertura, salvo en primavera que se celebra allí la misa parroquial los sábados a las 19 horas. Para su visita fuera de estos días es preciso ponerse de acuerdo con el párroco.

      En noviembre de 2010, tras varios años sin alumbrado eléctrico, fue inaugurada con toda solemnidad una nueva y artística iluminación de este templo. Dicha actuación fue realizada de forma altruista por la compañía Endesa. Merece la pena dar un paseo y acercarse por tan histórico y meritorio lugar. Nos atreveríamos a decir que ningún jerezano puede preciarse de conocer plenamente su ciudad sin haber visitado la Ermita de la Ina.

     Como es sabido con este mismo nombre de La Ina existe en estos pagos un núcleo de población rural compuesto por unos novecientos habitantes. A este respecto diremos que, el historiador Portillo menciona una población situada entre esta ermita y el vado de Medina denominada Villa del Infantado. Dice el citado historiador, que dicha aldea existía aún en 1416, sin que se sepa cuando desapareció y por qué causas.


La antigua Judería de Jerez de la Frontera








LA JUDERÍA DE JEREZ DE LA FRONTERA

Foto: A. Mariscal
            Jerez de la Frontera es una ciudad situada en el sur de España, a mitad de camino entre Sevilla y Gibraltar y a sólo 11 kilómetros de la Bahía de Cádiz. Con una población superior a los doscientos mil habitantes, es cabecera de una amplia comarca agrícola poblada de viñedos, que se extiende entre los ríos Guadalquivir y Guadalete hasta sus desembocaduras en el océano Atlántico. Ciudad internacionalmente conocida, entre otras cosas,  por sus afamados vinos y sus importantes ganaderías de caballos de pura raza española.

            Los orígenes de la ciudad de Jerez se pierden en la noche de los tiempos. Fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos, árabes y judíos dejaron su huella y su cultura en estas tierras. Importantes yacimientos arqueológicos como los de Mesas de Asta, Gibalbín, Doña Blanca o Alcántara así lo atestiguan. Si bien sus orígenes como ciudad en el lugar que hoy ocupa hay que datarlos en la época islámica, sobre todo en el período almohade, que es cuando se construye su extensa muralla defensiva y su Alcázar, alcanzando entonces gran importancia económica, cultural y estratégica..

            Hasta estos momentos no se ha encontrado ningún documento que pruebe la existencia de una aljama judía en la ciudad almohade (siglos XI al XIII),  y es muy posible que no la hubiera, dado el carácter fundamentalista de esta civilización islámica, tras de cuya invasión la población mozárabe de Jerez tuvo que convertirse al Islam o bien abandonar la ciudad, entre ellos su Obispo y sus clérigos que hubieron de huir  y refugiarse en Toledo.

            En mayo de 1264 la población mudéjar se revela contra el Rey  Alfonso X, y da muerte a toda la guarnición que custodiaba el Alcázar. La reacción del monarca no se hizo esperar. Poco tiempo después marcha con sus tropas hacia Jerez poniéndole cerco. Así, el 9 de octubre de ese mismo año entra con sus tropas por la puerta llamada de Rota, mientras por la del Real toda la población musulmana parte camino de su exilio hacia Tarifa o el norte de África, llevando solamente lo que pudieran cargar en sus asnos o mulos. De esta manera concluyen cinco siglos de dominación musulmana en estas tierras. A partir de ese momento la ciudad que fuera Sheris Sadunia queda en “frontera” y habitada sólo por una guarnición militar, así como unas escasas familias musulmanas que habían sido leales al Rey cristiano.

            Dos años más tarde la ciudad sería repoblada por más de un millar de familias procedentes principalmente de los reinos de Castilla, Navarra y León, también vinieron medio centenar de ellas del sur de Portugal, constituyendo estas el llamado barrio del Algarbe. A todas se les dan casas más o menos buenas en función de los servicios prestados a la corona.

            En esta repoblación también llegaron a Jerez 90 familias de origen y religión judías procedentes en su mayoría de Castilla así como de otras poblaciones andaluzas, las cuales se establecen en el interior del ángulo nordeste de la muralla, donde ocuparon casas y solares antes propiedad de los musulmanes. La mayoría eran artesanos y comerciantes. El Libro del repartimiento cita incluso algunos oficios, así vemos que hay un alfayate o sastre, un alamín o maestro de tejedores, un labrador y un carnicero entre otros. Este es un tema perfectamente documentado gracias a la existencia en los archivos municipales de la ciudad del anteriormente citado Libro del repartimiento, en el cual constan los nombres de todos y cada uno de los nuevos pobladores y la casa o el solar que les son adjudicados. Ello quiere decir que también están registrados los cabezas de familia judíos que en ese año de 1266 se asentaron en Jerez, así como la casa que les correspondió. En dicho manuscrito podemos leer que el reparto de inmuebles en la Judería fue de la siguiente manera: 7 casas buenas, 23 casas medianas, 77 casas pequeñas, 7 solares, 14 corrales y almacenes, 2 bodegas y 2 establos. Además se les entregó algunos edificios para uso común con destino a sinagoga, alhóndiga y casa de la merced donde dar albergue a judíos en tránsito o rescatados de la esclavitud.

            La judería jerezana fue durante el siglo XIII una comunidad de proporciones medianas, similar a las de Niebla, Écija o Baeza, sin que pudiera compararse en ese siglo con las de Sevilla o Córdoba. Pero la misma fue creciendo y se calcula que la Judería jerezana pudo albergar en el siglo siguiente hasta tres mil habitantes, ocupando una superficie de tres hectáreas. Por ello sus calles serían estrechas y abigarradas por las que no podrían cruzarse dos mulos cargados. Casas con su taller, tienda o comercio y habitaciones para la familia, así como un pequeño corral en su parte trasera donde criar gallinas, palomas o conejos para consumo familiar. Muchos de los habitantes de la aljama trabajarían fuera de ésta en distintos oficios, entre ellos se contaban los almoxarifes del Rey, encargados de recaudar los tributos. Todos ellos volverían a sus casas al caer la tarde, pues por la noche las puertas de la Judería eran cerradas hasta el amanecer. Como detalle curioso, la historia cita a varios judíos de profesión labrador, algo poco común, y es que en la zona de extramuros donde hoy se alza el barrio de San Pedro, además del cementerio o fonsario hebreo, había una buena extensión de tierra calma propiedad de algunos de ellos. La Judería por tanto debió de ser una ciudad autónoma en el interior de la propia ciudad de Jerez.

            Al parecer los judíos jerezanos eran, salvo alguna excepción, gente de clase modesta, ello se desprende del importe de sus impuestos con que contribuían a la Corona. Así por ejemplo, en determinados períodos Sevilla contribuía con algo más de cien mil maravedíes anuales; sin embargo, los judíos jerezanos con  la mitad de población lo hacían sólo con cinco mil.

            Poseyó la Judería de Jerez dos sinagogas, cuyos emplazamientos están perfectamente localizados, además de una alhóndiga y una madrasa anexa a una de las antes citadas sinagogas. Todavía a principios del siglo XIX podemos leer en el callejero local nombres como “Plaza de la Sinagoga”  o  “Calle de la Sinagoga”. Aún se conserva el nombre de Judería en una calle en la que existe un centro comercial y de eventos emplazado justo sobre lo que en otro tiempo fuera una de las citadas sinagogas. La otra, que estuvo situada a la mediación de la actualmente calle Álvar López, cuentan las crónicas, se hundió arruinada en 1479 y ya no se volvió a reconstruir.

            Para terminar diremos que, en el año 1483 llega a Jerez una orden para que todos los judíos salieran del territorio del Arzobispado de Sevilla al que pertenecía Jerez. Desde ese momento algunos judíos comenzaron a vender sus bienes por menos de la mitad de su valor. Para evitarlo, el Corregidor  dio una orden prohibiendo a todo cristiano comprar ninguna propiedad a los  judíos, con penas de azotes y cárcel al que lo hiciera. De esta manera se evitó que aquella pobre gente malvendiera sus pertenencias. Además el Ayuntamiento eleva un escrito al Rey exponiéndole el quebranto económico que supondría para la ciudad el cumplimiento de la orden de expulsión. El rey accede y da una prórroga de seis meses, cosa que no se cumplió y los judíos siguieron en Jerez  hasta su destierro definitivo en 1492.

            Actualmente la antigua Judería jerezana ocupa uno de los lugares más céntricos de la ciudad y, aunque no queda ni un solo vestigio de su pasado, conserva en parte su viejo trazado de calles estrechas y trazado irregular. Quizás algún día lleguemos a conocer los secretos que toda esa zona del corazón de la ciudad guarda bajo una tierra que, a lo largo de los últimos diez siglos, ha visto pasar sobre ella a tres civilizaciones.

Antonio Mariscal Trujillo
Centro de Estudios Históricos Jerezanos




Fuentes y bibliografía: Libro del Repartimiento de Jerez, manuscrito del siglo XIII, A.H.M.J. Muñoz Gómez, A. Nuevas memorias Judiegas, en El Guadalete, Jerez 1892. Ibídem, Noticia histórica de las calles y plazas de Jerez, Jerez 1903.  Fita Fidel, La Judería de Xerez, en El Guadalete, 1888. Ibídem, Xerez de la Frontera, su judería en 1266. SANCHO SOPRANIS, H. Historia Social de Jerez de la Frontera a fin de la Edad Media; CEHJ, Jerez 1959. González Jiménez  M. y González Gómez, A. Jerez de la Frontera en el siglo XIII. CE.H.J., Jerez 1988. Bellido Bello, J.F. ¿Por qué lloraron los judíos al abandonar Jerez.?  Publicaciones de la C.A.J., Jerez, 1995


INTRAMUROS, Onda Jerez TV.

Programa especial realizado por Onda Jerez TV en el que se tratan varios de los temas relacionados con mi nuevo libro "La Historia pequeña de Jerez  de la Frontera, en parte del siglo XX" con un magnífico montaje documental
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Aquella Plaza de Plateros




Plaza de Plateros a finales del siglo XIX


Aquella Plaza de Plateros

         En plena canícula veraniega y sentado bajo la fresca sombra de sus grandes árboles en el velador de una cervecería, una imaginaria máquina del tiempo me trasladó hasta aquella otra plaza de Plateros de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, cuando la misma era lugar de obligado paso, ágora ciudadana, centro comercial abierto e imaginario patio de una casa de vecinos.

         En la quietud y el silencio me recreé en todos y cada uno de sus edificios, y recordé a mi padre, con su inmaculada bata blanca, colocada sobre una impecable camisa, dejando asomar su bonita corbata, y su medio siglo elaborando fórmulas magistrales como encargado de aquella farmacia que fundara Onofre Lorente Roldán en el primer tercio del pasado siglo. Justo al lado de la botica, la panadería de Consuelito, mujer alegre y salerosa como ninguna, que hasta pudo haber sido mi madre, ya que la madre de ella estuvo empestillada en casarla con mi progenitor cuando éste apenas tenía 18 años. Cosa que no consiguió puesto que mi padre se enamoró de una niña llamada Catalina que vivía encima de la farmacia, y que a base de bajar muchas veces a llamar por teléfono consiguió su propósito.

         Junto a la panadería, la frutería de Mariano Ramírez, místico y cofrade, uno de los mejores vestidores de imágenes que hubo en Jerez. En la puerta de al lado, la tintorería Amaya con su encargada Lolita Calle, una mujer de bandera como se decía antes. Un poco más allá Borga, de Bohórquez y García, donde se vendieron los primeros motocultores mecánicos y los primeros Vespinos. O aquel Bar Victoria, regentado por Enrique, un gallego “suigenéris” con el mejor café de Jerez y que por no arriesgar mucho en su negocio sólo tenía una marca de vino: el fino Gaditano, así como dos clases de tapas: filete a la plancha y caballa en aceite. En frente, junto a la torre de la Atalaya, la barbería de los Manolos, como yo les llamaba y donde siempre había antológicas tertulias en las que se hablaba de todo en animado coloquio. Aquellos tres Manolos eran totalmente desiguales, uno alto y delgado, otro bajito y rechoncho, y el tercero menudito y poquita cosa. El gordo muy hablador y el bajito que repetía con sorna el final de las frases que el primero decía.

         En la acera de enfrente, la Papelería Salido, del padre de los Salido Freire, con el Sr. Bárcenas como encargado de toda la vida y el artista Pepe Guerra como ayudante. Junto, el almacén de Agustín Pina y más tarde la tienda donde se vendieron los primeros colchones de muelles: el colchon-muelle “Sema”. Pegado a este comercio el de muebles de un tal Camacho, del que popularmente se decía este slogan: “Para antes y después del gazpacho Muebles Camacho”. Siguiendo por la misma acera la relojería y platería “Roán” de Rosario Lorente y Angelita Lorca. Una vieja droguería, la Droguería España de D. Antonio Jiménez Canto, gran profesional del ramo y al que muchos llamaban con el cariñoso apelativo de “Don Cumplido” por su excesiva amabilidad hacia los clientes.

         Rebasando la estrecha calleja de Álvar López, la imprenta y litografía de Salido, a su vera el puesto de chucherías y baratijas de Miguel, el único que todavía subsiste, ahora en manos de sus hijos. Y donde dejar el viejo bar Recreo, regentado por dos hermanos, uno se llamaba Antonio y el otro era conocido por todos como “El Pájaro”. Buenísima persona y servicial donde los hubiere, con un torrente de voz que se le podía oír en toda la plaza. Este apelativo que nada tiene que ver con el que hoy conocemos como persona poco dada a la honradez, sino porque así se le llamaba en otros tiempos al pretendiente de alguna muchacha. Una tía mía que vivió en Barcelona hasta su muerte me aseguraba que dicho mote se lo puso ella cuando éste andaba pretendiéndola.

         Por fin, donde hoy está la cervecería El Gorila, la Magistratura del Trabajo, donde su magistrado, D. Eduardo Mozón, resolvía los conflictos laborales, a la vez que cuidaba amorosamente de su único hijo afectado del síndrome de Donw. En el lateral de este edificio y en el solar que dejara una casa derribada, unos puestos en los que se vendían periódicos, pescado y churros, y en la acera de enfrente un popular tabanco, el “Número Uno” con su tabernero Juan de toda la vida y el mejor “Maestro Sierra” fresquito, y servido en vasucos a su genuina clientela. Plaza toda ella de doble circulación, en una de cuyas aceras había una parada de taxis, posiblemente los mejores y más modernos de la ciudad. Recuerdo los nombres de algunos taxistas como los de Paco Fernández, Berro, Chica o Coiras.

         Una plaza con un incesante ir y venir de gente, con un comercio bullicioso, alegre y animado, en la paz y el sosiego de unos tiempos en el que toda su encantadora gente formaba parte de una verdadera familia y que ya nunca volverá.

                                                                  Antonio Mariscal Trujillo


                            Plaza de Plateros años 60                Foto: Luis Vázquez Calderón


José Ramón Fernández Lira

FERNÁNDEZ LIRA, José Ramón. Jerez 1935 – 2010. Profesor de Arte, escritor y dibujante. Foto: M.A. Velo

            Artista polifacético, maestro y figura entrañable para sus convecinos, destacó sobre todo por su gran amor a Jerez. Y es que la ciudad  que le vio nacer fue sin dudas su punto de mira artístico y emotivo. Todo giraba en torno a su ciudad: sus dibujos, sus carteles, sus escritos, sus fotografías, su docencia, y podríamos decir que hasta su propia vida. Los que le conocieron afirman que fue un hombre entrañable y a la vez afortunado, ya que siempre hizo lo que deseaba sin ataduras de ninguna clase, y ello le granjeó la amistad y la estima de sus conciudadanos, y como no, de los miles de alumnos que a lo largo de más de cuatro décadas recibieron sus enseñanzas.
           
       Nació en 1935 y ya desde muy joven sintió inclinación por el arte, ciertamente de la mano de su querido profesor Muñoz Cebrián. Así en 1954, cuando contaba 19 años de edad, comienza su carrera profesional publicando el cartel de la VII Fiesta de la Vendimia de Jerez. Desde entonces sus carteles anunciaron la Semana Santa, la Feria, el Corpus Christi, las Ferias del Libro o cualquier otro evento de los celebrados en Jerez. Una actividad para la que también era requerido por otras ciudades andaluzas, tales como: El Puerto de Santa María, Almería, Granada o Cádiz, donde sus carteles anunciaron los acontecimientos más variados: turismo fiestas, manifestaciones religiosas, congresos, etc.

            Su actividad docente la inició como profesor de dibujo en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Jerez, empleo que simultaneó en el Colegio de la Salle
hasta su jubilación en el año 2000.

            Ilustró libros, pregones, discos, revistas. Decoró capillas, como las de las Dominicas del Beaterio, la del Cristo del Amor, la de la Parroquia de San José, las de los Colegios de La Salle-Buen Pastor y de San José en Jerez, así como la del Colegio de San Francisco en Sanlúcar de Barrameda. Diseñó azulejos religiosos, fue comisario de diversas exposiciones y colaboró en la mayoría de los medios de comunicación locales.
            En su faceta de escritor publicó infinidad de artículos en prensa y revistas, así como los libros: Seis momentos de arte y cofradías (1978); “Collage”, apuntes sobre el patrimonio artístico de las Hermandades jerezanas (1984); Semblanza de la imaginería jerezana (1985); Jerez Semana Santa, (años 2003, 2004 y 2005); La Semana Santa de Jerez y sus Cofradías –Tomo IV; Pepe Guerra, 50 años de Belenismo (1997). Como coautor fueron sus publicaciones: Semana Santa en las Diócesis de Cádiz y Jerez (4 tomos, 1988) así como su obra póstuma en colaboración: Un paseo por Jerez, (Jerez 2010)

            Otra de sus importantes facetas artísticas fue sin duda la de fotógrafo. Siempre con su cámara en mano, dejando una colección de 61.000 fotografías de todos los aspectos imaginables de Jerez, muy especialmente de su Semana Santa. Como bibliófilo y coleccionista, logró reunir en su biblioteca 7.500 volúmenes de las más variadas temáticas, 3.500 revistas y catálogos, 600 películas en vídeo, amén de miles de postales, planos, carteles, bocetos, esculturas, dibujos y otras obras de arte. En 1997 y con el patrocinio del Ayuntamiento de Jerez fue inaugurado en la Plaza de los Ángeles el denominado “Fondo Documental Fernández Lira”, el cual desde ese momento legó a la ciudad de Jerez.

            El 2 de marzo de 1989, en sesión solemne fue recibido como Académico Numerario en la Real Academia de San Dionisio de Ciencias Artes y Letras, en la que desempeñó el cargo de vicepresidente y responsable de la sección de Arte. Ostentó también la condición de miembro de número del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Falleció repentinamente el día 19 de julio de 2010. Sus exequias, a la que asistió la Alcaldesa de la ciudad, constituyeron un multitudinario testimonio de pesar. Al día siguiente todos los medios de comunicación locales y algunos provinciales publicaban tan triste noticia destacando que fue todo un símbolo para el Arte de su ciudad.

De mi libro: "Jerezanos para la Historia" Editorial Tierra de Nadie, Jerez 2011


Fuentes y bibl.: 20 Artistas profesores 20 - Escuelas de Artes Aplicadas de Jerez y Cádiz. Cajasur 1988; Siglo y medio de Arte Gaditanos 1834-1984, Caja de Ahorros de Jerez; Gran Enciclopedia de Andalucía (Tomo IV) 1979, Promociones Culturales Andaluzas; Diccionario Enciclopédico de la Provincia de Cádiz (Tomo III) Caja de Ahorros de Jerez, 1985; Historia del Arte en Andalucía (Tomo VIII) Ed. Gever, 1994.

LA HISTORIA PEQUEÑA DE JEREZ DE LA FRONTERA, en parte del siglo XX

Añadir leyenda
Esta historia no es otra que la del devenir cotidiano, de costumbres, de gente llana, de anécdotas, de personajes populares, de oficios desaparecidos, de maneras de ser y de vivir, del trabajo callejero, de leyendas, de lugares y de hechos insólitos. En resumidas cuentas, del acontecer ordinario de una ciudad como Jerez de la Frontera. Historia pequeña, extraída en su mayoría de un archivo tan singular y fidedigno como es el de la memoria. Historia cotidiana, historia vivida, historia contada por sus protagonistas o transmitida por los que ya no están con nosotros. Historias reales que difícilmente pueden aparecer en algún libro, la mayoría ni en hemerotecas.

248 páginas y 65 fotos históricas. Ya a la venta en todas las librerías de Jerez al precio de 15 euros. Pedidos por Internet a:  www.agricolajerez.com 
Edición agotada

En el cruce de la Victoria



CRUCE DE LA VICTORIA

Encrucijada en la que convergen cuatro emblemáticas vías de la ciudad: Ancha, Lealas, Ponce y Porvera.  Lugar donde se levantó el tramo más alto de las poderosas murallas que envolvieron la vieja medina almohade de la ciudad, con su fuerte torre octógona que protegía el ángulo norte  de este muro defensivo, hoy casi cubierta por las edificaciones de su entorno. Calle Ancha, que también se llamó hasta 1979 Canalejas, en recuerdo del que fuera presidente del gobierno español entre 1910 y 1912 y que fuera asesinado por un anarquista en noviembre de 1912 mientras miraba el escaparate de una librería.

Calle Ancha donde hasta la llegada de la década de los 70 veíamos la pintoresca estampa del paso de un tren cargado de botas de vino, arrastrado  por la popular “maquinilla”. Tren bodeguero que, sin ningún recato, se detenía en esta calle con todos sus vagones, y su maquinista bajaba a tomar café o copa en el bar Canalejas

         Al frente, la calle de las Lealas, que un día estuviese dedicada al prestigioso General jerezano del XIX, Sánchez Mira que tan destacado papel jugara en la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II. A mediados de la calle, en la esquina con la de San Francisco Javier, una casa con una hornacina donde las hermosas hijas de un tal Sr. Leal se encargaban cada día poner flores a la cruz allí colocada. Al final de la calle terminaba la ciudad.

          Pero volvamos al cruce de la Victoria, de donde parte la calle Ponce, y que recuerda al jurado Pedro Ponce de Trujillo. Recreémonos en la graciosa torre manierista  del antiguo convento de los Mínimos, que en el siglo XVII levantara el alarife jerezano Antón Martín Calafate. Justo al frente, esquina donde hoy se alza un moderno edificio de viviendas, el recordado empresario del Villamarta, Francisco Riba Gabaldá, levantó a principios de los años 60 una moderna sala cinematográfica, que tomó como nombre de su apellido: “Cine Riba”. Una sala en la que, durante la época de la Transición, pudimos ver muchas de las películas que nos estuvieron vedadas en tiempos de la dictadura, al transformarse ésta en “Sala de Arte y Ensayo”. Pero el paso del tiempo, y con ello el cambio de hábitos, hizo que aquel magnífico cine fuera languideciendo, hasta cerrar sus puertas a mediados de los 80, siendo convertido posteriormente en una de las mejores discotecas de la provincia, la “Only Night”, que tampoco pervivió muchos años y terminó por cerrar, siendo derribado el edificio.
Calle Ancha en el cruce de la Victoria, año 1920

En torno al Monasterio la Merced en Jerez (*)

















        En 1264, la ciudad de Jerez fue reconquistada por el rey Alfonso X el Sabio e incorporada a la Corona de Castilla. Tras un cerco a la ciudad que duró casi tres meses, por fin el día 9 de octubre del antes citado año, festividad de San Dionisio Areopagita,  la población musulmana capituló, y al tiempo que las tropas cristianas entraban a la ciudad por la puerta de Rota o del Acebuche, toda su población musulmana salía por la del Real camino del exilio hacia Tarifa o  el norte de África.

      Jerez queda desde ese momento en “frontera” con el reino nazarí de Granada. Varios meses más tarde esta ciudad sería repoblada con 1.828 vecinos y sus familias.  Procedían éstos nuevos pobladores de Castilla, León, Navarra, Extremadura y sur de Portugal, a los que el rey les reparte casas y haciendas en función de los servicios prestados a la corona.

     No debió ser muy fácil ni seguro habitar en aquellos tiempos una ciudad en frontera con los moros. Circunstancia demostrada por los numerosos asaltos y asedios por parte de la morisma, tratando de volver a ocupar  estas tierras para el Islam, en muchas ocasiones con tropas llegadas del norte de África.

Sabemos que en 1268, cuatro años después de la reconquista, el Rey Sabio ordena fundar una encomienda de La Merced en Jerez, de la cual se encargaría el mercedario Fr. Pedro Pascual  de Valencia, que llegaría a ser obispo y luego mártir. La misión de esta encomienda sería, con toda probabilidad, la de recaudar limosnas y ayudas para el rescate de cristianos cautivos en manos de los musulmanes.  


     Es lógico pensar que dicha encomienda estaría establecida en el interior del recinto amurallado, por causas  de seguridad, pues no creemos que se ubicara a extramuros en el lugar que hoy ocupa el convento de la Merced, ya que, aunque muy próximo al muro defensivo[1] (unos cien metros), las puertas de entrada más cercanas al recinto murado, como son las de Santiago y la de Rota, distan  unos cuatrocientos metros la primera y unos seiscientos la segunda.

     Llegado el año 1340, y tras la gran derrota infligida por Alfonso XI a los benimerines en la Batalla del Salado, las poblaciones de la frontera pueden por fin respirar con cierta tranquilidad, y es entonces cuando la ciudad de Jerez  rebasa el límite de sus murallas en las que había estado encerrada a los largo tres cuartos de siglo. En esa época, comienzan a surgir numerosas construcciones en dos puntos opuestos del exterior de la muralla: al E. frente a la puerta del Marmolejo, también llamada del Real, y al O. frente a la del Olivillo o Santiago.


Pero volviendo a los inicios de la encomienda de la Merced, algunas fuentes afirman que su fundación por Pedro Pascual en el siglo XIII sea quizás una leyenda sin fundamento. Ya que en 1317 se celebró en Valencia capítulo General de la Orden Mercedaria en cuyas actas se mencionan las encomiendas existentes en España y para nada se nombra la de Jerez. Aunque ello no es óbice para suponer que tras la reconquista de Jerez se fundara, como decíamos antes, una pequeña encomienda de la Merced que años más tarde desapareció. Lo cierto y documentado es que la fundación de la Merced en Jerez debió ser con toda probabilidad sobre el año 1345, ya que tres años después hay noticias del inicio de la construcción de su convento.              

Y la ciudad sigue creciendo y desarrollándose fuera de su recinto amurallado. Con el paso del tiempo no sólo es el pueblo llano quien construye pequeñas casas adosadas al muro, sino que frente al mismo lo hacen el clero y la nobleza, así como comerciantes y propietarios acomodados. Ello da origen a que, de unas pequeñas capillas existentes frente a las dos puertas o alcázares antes citados, vayan surgiendo verdaderos templos de piedra como los de Santiago o San Miguel.

Algo similar debió suceder con la primitiva y pequeña encomienda de la Merced. En sus alrededores, en calles tan populares y modestas como las que hoy conocemos por Santa María de la Merced, Nueva o Cantarería, en 1477 aparecen domiciliados personajes de relevancia, como lo caballeros: Juan Ruiz de Quintanilla, Francisco Camacho, Pedro Ceballos, Mateo Rodríguez o García Palomino, todos ellos declarados fijosdalgos notorios. En 1515 fue nombrado patrono de la capilla mayor de aquella encomienda uno de estos hijosdalgos de la collación,  D. Francisco de Spínola. Dicha capilla fue construida a sus expensas y de su esposa doña Violante de la Cueva, cuyos escudos aparecen en las claves de una bóveda. 

    Es a partir de entonces cuando tenemos noticias del comienzo de la construcción del actual templo, siguiendo durante ese siglo y el siguiente la edificación del claustro grande y del resto del monasterio.[2] Sin embargo, siglo y medio antes, en 1377, encontramos que en el testamento de otro noble caballero, Garci Martín Montero, éste deja una cierta cantidad  para la obra del Convento de la Merced. Lo que nos viene a decir que en ese tiempo ya se estaba edificando.

Recientes descubrimientos arqueológicos han documentado que, en el lugar a extramuros que antaño ocupara el molino, bodega y huerta del monasterio de la Merced, así como en sus aledaños, existió un asentamiento humano y un alfar datado en la época islámica. Ello nos hace relacionarlo con lo que nos cuenta el P. Francisco González Fariñas, cuando dice: al limpiar y desembarazar el sitio para fundar el Convento de la Merced, se encontró un horno de cocer ladrillos y, en un hueco, se halló la Santa Imagen  sin lesión ni deterioro a pesar de ser de madera, lo que causó gran admiración, creyéndose que estaba allí desde antes de la invasión musulmana a la península.”[3]  Lo que viene a ofrecernos un claro indicio del origen de la extendida leyenda o creencia popular sobre hallazgo de la imagen morena de la Virgen de la Merced venerada en Jerez

Ahora vayamos al entorno de la Merced. Dos calles y una plaza reciben el nombre de la amantísima Madre y Patrona de Jerez. La primera es la entrañable y popular calle Merced, cuna de grandes intérpretes del cante flamenco y del maestro de maestros de la guitarra que fue Javier Molina, y también, del afamado compositor de canciones Manuel Alejandro. Llamada popularmente como calle “Las Mercé”, es la que nos conduce a la Basílica desde el templo y plaza de Santiago. La segunda, Santa María de la Merced, que lleva este nombre desde tiempo inmemorial, es una angosta calleja situada a la derecha del templo, y que discurre  por la trasera del altar mayor. Por último, la recoleta plaza situada frente a la puerta principal, también es conocida como Plaza de la Merced.

Tras la desamortización de Mendizábal en 1836, se estableció en lo que fuera convento mercedario un hospital municipal, también llamado de la Merced, nombre que fue cambiado en 1862 por el de Santa Isabel de Hungría en honor a la reina Isabel II con motivo de la visita que girara a este centro junto con su esposo y prole.

No consta en las actas capitulares la concesión de estos nombres de calle por parte del municipio, ya que éste como tantos otros lo adquieren por tradición. El pueblo llama calle de los Plateros, de los Torneros o de los Estereros, porque allí estaban establecidos artesanos de estos oficios. De la igual manera que los templos y monasterios dan nombre a las calles donde se ubican. Carmen, Capuchinos, San Francisco, San Miguel, San Juan, Santa Clara, Santa María de Gracia, etc. funden su nombre con el templo o convento religioso correspondiente.

Para terminar, y a título de curiosidad, diremos que en estos lugares, hasta el año 1870 y coincidiendo con la festividad de la Virgen de la Merced, que en siglos pasados se celebraba el 15 de agosto, tenía lugar la segunda de las ferias que por privilegio de Alfonso X el Sabio fueron concedidas a Jerez.  Nos vamos a permitir reproducir un curioso bando del alcalde de la ciudad con motivo de esta feria en el barrio de la Merced en 1763, decía así:

            1º “Que los coches de la feria entrarán de uno en uno desde Santiago a dar la vuelta por el muro al llegar frente al convento de la Merced.
            Que por ningún motivo separen en las aguardienterías parte que desde fuera los vean beber.
            3º Que el ganado de cerda se ponga exclusivamente en el Muro pegado a la muralla.
            4º Que las tiendas o tendajos se pondrán en la calle la Merced de forma que no quiten el tráfico.
            5º Que los turroneros y alfajoreros tendrán en alto y a la vista sus mercancías y sus precios.
            6º Que bajo ningún pretexto se pongan las mujeres a despachar en los puestos de aguardientes
            7º Que los alambiques o bodegas establecidos en la calle Muro tendrán cerradas las puertas que den a esta calle.
            8º Que durante la dicha feria no se canten en ella coplas deshonestas, de vallas[4] ni otras.
            9º Que dado el escándalo que se viene dando en el reducto de Santiago no se permita esto ni a hombres ni mujeres.
            10º Que no se permitan los juegos de las bolillas donde se gastan el dinero los hombres y luego no pueden comer ni ellos ni sus familias.
            11º Que mientras se celebra la misa en el convento de la Merced no se pueda vender nada hasta pasada una hora.
            12º Que en la venta de cochinos no se permitan chalanes o corredores que sean castellanos.
            13 Que los puestos de buñuelos se pongan en los portales o accesorias para no estorbar el paso.
            14º Que no se dé fiado géneros o comestibles a criados o domésticos pues pudiera ser mentira dicha orden”.
           15º Que tampoco se les de fiado a los soldados porque desertan cuando la deuda sube mucho y no tienen con que pagar
Antonio Mariscal Trujillo
Centro de Estudios Históricos Jerezanos



[1] El lienzo de muralla existente frente a La Merced fue conocido en tiempos pasados como: “muro de la cabra coja”
[2] Todos los monasterios masculinos de la ciudad se alzan a extramuros, a excepción del de los Carmelitas, sin embargo, los femeninos, todos se hallan a intramuros, salvo el de las Clarisas de Madre de Dios.
[3] Noticias del Convento de la Merced Calzada de Jerez de la Frontera, Centro de Estudios Históricos Jerezanos, Tetuán 1941
[4] Coplas que faltan a la consideración y el respeto debido.

(*) Artículo que fue traducido al italiano y publicado en la Web de la Orden Mercedaria de Roma

JEREZ DE LA FRONTERA, DOS MUNDOS

Uno de los mejores documentales sobre la ciudad de Jerez de la Frontera que se haya realizado en los último tiempos. Véalo hasta el final, se sorprenderá. Pulsa este ENLACE

Rafael Bellido Caro, Obispo


BELLIDO CARO, Rafael. Arcos de la Frontera, 1924 – Sevilla, 2004. Obispo de Jerez.

        Nacido el 10 de marzo de 1924, estudió bachillerato en el colegio de Ntra. Señora de las Nieves de su ciudad natal. Muy pronto sintió que su vocación iba por la vida religiosa, por lo que a la edad de 17 años ingresó en el Seminario Metropolitano de Sevilla, donde cursaría estudios de filosofía y teología, recibiendo la ordenación sacerdotal de manos del cardenal arzobispo de Sevilla D. Pedro Segura Sáez.

Sus primeros años de vida sacerdotal los pasa en Sanlúcar de Barrameda, donde fue profesor y director del Seminario Menor de dicha ciudad y después del Colegio Nuestra Señora de los Reyes en Bonanza. Posteriormente es destinado como párroco a la de San Andrés en Sevilla. Pasó más tarde como profesor y formador al Seminario Mayor de San Telmo, siendo designado a la vez delegado diocesano de suburbios y consiliario de las ramas juveniles de Acción Católica Diocesana.

Durante 14 años fue capellán de las religiosas Irlandesas de Castilleja de la Cuesta y profesor numerario de religión del Instituto San Isidoro de Sevilla. Pero su labor más destacada en la capital hispalense fue la del apostolado seglar en sus distintas facetas. Por un lado la Acción Católica en el ámbito rural, y por otro, las hermandades y cofradías, donde durante nueve años y como presidente adjunto de su Consejo, desarrollaría una destacadísima labor.

El 1 de diciembre de 1973, Pablo VI lo elevó a la prelatura nombrándole Obispo Auxiliar de Sevilla con dedicación especial a la zona gaditana del Arzobispado Hispalense. Fue consagrado por el cardenal D. José María Bueno Monreal el día 30 del mismo mes, en la parroquia de Santa María de Arcos, haciendo su entrada oficial en la zona pastoral de Jerez el día de Reyes de 1974. Es a partir de este momento cuando comienza a consolidarse lo que será la futura diócesis de Jerez. En 1980 se crea por fin la nueva diócesis de Asidonia-Jerez y monseñor Bellido pasará a ocupar el cargo de Obispo de la misma.

Veintiséis años se mantuvo al frente de su ministerio en Jerez, destacándose siempre por un profundo amor a todos los estamentos de la sociedad, muy especialmente a los pobres, marginados, drogodependientes, parados y enfermos. Rafael Bellido fue siempre un hombre bueno, sencillo, humilde, enemigo de pompas y boatos, querido por la inmensa mayoría de sus feligreses y, también, por que no decirlo, denostado por unos pocos que nunca comprendieron algunas de sus decisiones.

El 15 de octubre de 1999 el Ayuntamiento de Jerez en un pleno extraordinario acordó concederle el título de Hijo Adoptivo de la ciudad, en reconocimiento a los méritos contraídos durante sus veinticinco años de ministerio. También acordó rotular con su nombre una calle cercana a la Catedral.

De entre sus escritos pastorales caben destacar: Iglesia en marcha, dividida en tres partes (diciembre 1988, octubre 1997 y diciembre 1998); Sobre el diaconado permanente en nuestra diócesis, (octubre 1992 y octubre 1993); y Reflexiones sacerdotales, amén de su Carta del Obispo que puntualmente podíamos leer cada domingo en la prensa local.

En 1999, al cumplir 75 años de edad, presentó al Papa su disponibilidad para ser sustituido en su cargo en el momento que la Santa Sede lo estimara oportuno. La sustitución tuvo lugar un año después, cuando el 29 de junio de 2000 se dio a conocer la designación como nuevo Obispo de la Diócesis de Asidonia-Jerez de don Juan del Río Martín. A partir de ese momento, D. Rafael Bellido fijó su residencia en un pequeño piso de Castilleja de la Cuesta en Sevilla donde vivían sus hermanos. A finales de febrero de 2004, una dolencia cardiaca requirió su ingreso en el Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla, donde fallecería el día 16 de marzo de ese mismo año, siendo enterrado junto a su madre en el Cementerio de la Merced. Desde diciembre de 2012 sus restos descasan en la Catedral de Jerez.

De mi libro: Jerezanos para la historia

Francisco Lorente Roldán, pintor


LORENTE ROLDÁN, Francisco. Jerez, 1905 – Madrid, 1945. Pintor. Foto: Album familiar de R. Lorente

   Nace este afamado pintor jerezano en la casa de las cadenas, antiguo palacio de los Morlas y Melgarejos de la calle San Juan, el día 18 de julio de 1905, siendo el segundo de una numerosa familia compuesta por nueve hermanos.

     Sus primeros estudios los realiza en el colegio de las Carmelitas de la plaza de San Marcos, pasado luego a realizar los de bachillerato en el Instituto P. Luis Coloma de la Alameda Cristina. Acabados dichos estudios, se prepara durante unos meses en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad, siendo esta la única academia a la que asiste en toda su vida, por lo que su formación pictórica puede decirse que fue plenamente autodidáctica. Su primer estudio de pintura lo establece la plaza de San Andrés, trasladándose más tarde a Pescadería Vieja junto a la plaza del Arenal.

     Poco tiempo permanecería en Jerez, ya que en 1926 cuando contaba 21 años de edad se marcha a Madrid para cumplir su servicio militar y allí se establecería definitivamente. Parece ser, que al conocer sus mandos militares sus cualidades artísticas, lo licenciaron anticipadamente para que pudiese ejercitar sus dotes como pintor. Acto seguido abrió un estudio en Bravo Murillo 25.

      Durante sus estancias en Jerez, en dos ocasiones al año, solía frecuentar el desaparecido Café Fornos de la calle Larga, donde se reunía a diario en una tertulia siempre rodeada de pedigüeños, ya que el pintor tenía fama de ser muy desprendido y generoso. Tocaba la guitarra, cantaba flamenco y a veces escribía algunos apuntes poéticos llenos de frescura, ingenuidad y de un profundo lirismo pictórico.

Paco el pintor, como era cariñosamente conocido por sus amigos, murió en la flor de su vida a los 39 años de edad cuando estaba preparando su próxima boda. Dejó una obra magnífica y, para orgullo de Jerez, un nombre aureolado de gloria. Su obra pictórica se conserva casi por entero en manos de particulares, de las mismas citaremos: La familia y el mar, Descendimiento, El segador, Bodegón, Gente marinera, La echadora de cartas y Florero.

De mi libro: "Jerezanos para la historia" Editorial Tierra de Nadie, Jerez 2011

FLAMENCO EN ESTADO PURO, AÑOS 50, Tía Juana la del Pipa, Capullo de Jerez, Tio Gregorio el Borrico Extraido del documental "An Andalucian Journey"
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