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Jerez de la Frontera, Cádiz, Spain

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En esta página encontrarás evocadoras fotografías antiguas procedentes de mi archivo particular, así como otras actuales de las que soy autor. También vídeos, artículos, curiosidades y otros trabajos relacionados con la historia de Jerez de la Frontera (Spain), e información sobre los libros que hasta ahora tengo editados.

In this page you will find evocative ancient photographies proceeding, as well as different current of my file particular of that I am an author. Also videoes and articles related to the history of Jerez (Spain) and information about the books that till now I have published

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José Luis Gallegos Arnosa

JOSÉ LUIS GALLEGOS ARNOSA. Jerez 1880 – Sevilla 1942

            Este jerezano, nacido en la calle Escuelas nº 27, pasó a la historia del deporte futbolístico por haber sido el fundador del Sevilla Club de Fútbol.  Hijo de Adolfo Gallegos y de Francisca Arnosa, vivió en su ciudad natal hasta 1890, fecha en la que su padre, empleado de una bodega, fue trasladado a Sevilla por motivo profesionales.
           
 En los inicios de su adolescencia, el joven José Luís, que se había aficionado al cante flamenco e incluso cantiñeaba con buen compás, hizo amistad con el que luego sería afamado intérprete de ese arte Silverio Franconetti, una amistad que al padre  del muchacho llegó a preocuparle en extremo, máxime cuando supo que ambos frecuentaban la Alameda de Hércules, lugar que siempre gozó de pésima reputación.

            Por dicho motivo Adolfo Gallegos decide enviar a su hijo a estudiar a Londres. Allí permanecería José Luís durante varios años cursando estudios de Comercio, parte de los cuales los haría en la Universidad de Oxford, demostrando durante su formación ser un estudiante muy inteligente y destacado. En la capital británica no sólo se gradúa como Perito Mercantil, sino que llega a aprender y dominar otros idiomas además del inglés, tales como: italiano, francés y alemán. Allí comienza a practicar el “foot ball” y a dominar técnicas y reglamento de este deporte.

      Años más tarde vuelve a Sevilla estableciéndose como consignatario de buques y agente de aduanas, por cuyo motivo establece muy buenas relaciones con varios ingleses, entre ellos un tal Adam Wood que era un gran aficionado al fútbol.

       Hombre sencillo, abierto, emprendedor y amante de los deportes, solía organizar partidos de fútbol entre chavales, así como darles clases de teoría y reglamento de este deporte. Ello le lleva, junto con su amigo Adam Wood a fundar en 1905 el Sevilla Club de Fútbol, siendo su primer presidente hasta 1909 y repitiendo dicho cargo en los años 1913 y 1914. Contrajo matrimonio en contra de la voluntad de su familia con una señorita de humilde familia de Morón de la Frontera llamada Soledad Bellido Caro, nueve años menor que él, de cuya unión nacieron cuatro hijas: María Luisa, Josefina, María del Carmen y Pilar, esta última falleció siendo muy niña victima de la meningitis.

            Su actividad extra profesional no se limitó sólo a la fundación del citado Club de Fútbol, sino que también fundó el Club Náutico y el Círculo Mercantil de Sevilla. Fue un hombre profundamente religioso y gran entusiasta de la Semana Santa y sus Cofradías, a una de las cuales, la de Jesús del Gran Poder, estuvo íntimamente vinculado durante toda su vida.

         José Luis Gallegos estableció su domicilio familiar en la barriada sevillana del Tiro de Línea, concretamente en calle Teatinos 40, una casa con jardín a la que llamó "Villa Pilar" en recuerdo de su pequeña hija fallecida años antes. Según nos cuenta una de sus nietas, Pilar Ramos Gallegos, siempre estuvo volcado en el afán por mejorar su barrio a través de numerosas iniciativas.

          Falleció en Sevilla de forma inesperada en el año 1942 cuando contaba 62 años de edad, hecho que dejó a su esposa en una precaria situación económica. El nombre de este ilustre jerezano cayó injustamente en el olvido, y no sería hasta 63 años más tarde cuando su nombre volvería a salir a la luz con motivo del centenario de la fundación del Sevilla C.F.

            Por último debemos dejar constancia que José Luís Gallegos Arnosa no fue, como se podía pensar, hermano del famoso pintor y escultor jerezano José Gallegos Arnosa, ya que, aparte de la diferencia de edad, 21 años, el padre del pintor era José y el de José Luis era Adolfo. Sí que eran primos, hijos de matrimonio entre dos hermanos con dos hermanas, de ahí la coincidencia de sus apellidos.

Antonio Mariscal Trujillo
Centro de Estudios Históricos Jerezanos



La Antigua y Piadosa Hermandad Médico-Farmacéutica de San Cosme y San Damián de Jerez de la Frontera


Santos Cosme y Damián, obra del escultor Ramón Chabeli. Museo del Convento Carmelita de Jerez. Foto: A. Mariscal
            En 1932 un grupo de médicos, farmacéuticos y dentistas deciden formar una asociación cuyos fines eran sobre todo la formación continuada y actualización de sus conocimientos profesionales. Para ello deciden rescatar en el tiempo una vieja cofradía gremial del siglo XVI que llevaba el nombre de los santos patronos de los médicos y sangradores: los santos Cosme y Damián que tuvo su primitiva sede en la iglesia de San Juan de Letrán. De esta manera aquellos profesionales sanitarios reviven aquella cofradía estableciendo su sede y capilla en la parroquia de San Dionisio. Sus miembros estaban todos los relacionados con la sanidad: médicos, farmacéuticos, odontólogos y auxiliares de éstos. Convirtiéndose así en una de las escasas hermandades o cofradías de nuestra ciudad que, aunque confesional y con cultos religiosos previstos en sus estatutos, sus fines no eran los habituales en estas corporaciones religiosas tales como sacar una procesión en Semana Santa, sino que prioritariamente eran académicos además de misericordiosos. Sus primitivos estatutos del siglo XVI comenzaban así:

“En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo y de la Virgen Santísima, madre señora y abogada nuestra, de cuio purísimo vientre la segunda y Divina persona siendo Dios se hizo hombre para nuestro remedio.
         A quien la piadosa Congregación de los Profesores del Arte de los Sangradores flobotonianos y demás profesores de la Medisina naturales y vesinos desta fha Ciudad y fundadores de la hermandad dicha de los gloriosos Santos San Cosme y San Damián. Con  firme deseo pedimos nos de Grasia para perseberar en su Santo servisio y asierto para con perfesion establesca y aumenten esta nuestra hermandad que se dedica a exerser las obras de Misericordia y ayudarnos unos a otros en nuestras enfermedades, necesidades y aflisiones…” (Sic)

La primitiva Hermandad estaba compuesta por diversas categorías de Hermanos, estos se dividían en Hermanos numerarios, Hermanos adjuntos, Hermanos protectores, Hermanas adjuntas y Hermanas honorarias, estas últimas deberían ser esposas o viudas de Hermanos numerarios. Los hermanos numerarios se dividían a su vez en varios grupos, tales como: Apostólico y de organización de cultos, de Academia para los asuntos profesionales y deontológicos y Apostólico de obras de misericordia. Para poder pertenecer a la Cofradía era necesario poseer el título de Medicina, Farmacia u Odontología, o bien acreditar ser auxiliar de estos facultativos. Todos sus componentes tenían el compromiso de visitar a otros hermanos de la Cofradía que estuvieran enfermos o afligidos por alguna tribulación o desgracia, así como asistir a su entierro en caso de fallecimiento.



Al refundarse aquella hermandad en el año 1932, se introducen varias reformas en sus estatutos. Así, entre otros, se establece para su sostenimiento económico una cuota de entrada, así como otra cuota mensual entre sus componentes. También se establece que en actos oficiales y cultos fuera preceptivo ostentar una medalla con la imagen de sus santos patronos, cuyo cordón debería ser del color de la facultad en la que hubiesen cursado sus estudios. Con motivo de la Guerra Civil la Hermandad quedó sin actividad, volviendo a reanudarla en 1944, esta vez con sede en la basílica de El Carmen.

En 1959 esta Hermandad es la encargada de organizar la X Asamblea General de las Hermandades de San Cosme y San Damián de España. La misma se celebra en Jerez durante los días 9 al 12 del mismo año A dicha asamblea acuden representantes de 34 hermandades. El tema oficial de dicha asamblea sería  “La Deontología en Medicina Preventiva”. En el transcurso de sus sesiones de trabajo fueron numerosas las ponencias y comunicaciones sobre el tema. El último día los congresistas girarían una visita a las ciudades de Cádiz y San Fernando

         Conocimos en esa época como presidente al farmacéutico Onofre Lorente Roldán, el cual sería relevado por el digestólogo Miguel A. Ruiz Badanelli, y posteriormente en 1966 por el joven cirujano plástico Antonio Agarrado Porrúa, este último presidió la Hermandad hasta1976, año en el que sus actividades fueron languideciendo hasta desaparecer.

         Las sesiones científicas en la última etapa de su funcionamiento se celebraban en los salones de la Pescadería Vieja, donde tenía su sede la Academia de San Dionisio, para pasar más tarde a un salón de actos que la Caja de Ahorros de Jerez tenía en la plaza del Caballo, donde se organizaban infinidad de conferencias, mesas redondas, coloquios y proyecciones de documentales científico-médicos, etc., siempre tras rezar la preces de rigor, estas a cargo del P. Ramón O.P. que fue su consiliario en dicha época. A finales del mes de septiembre y coincidiendo con la festividad de sus santos patronos, tras una misa solemne en la Basílica de el Carmen, organizaban una cena de hermandad en la caseta del Casino Jerezano del Parque González Hontoria o bien en el Club Nazaret. A dicha cena solían asistir como invitados de honor el Alcalde de la ciudad y el Obispo de la diócesis. En el transcurso de la misma se entregaba al ganador el “Premio de Investigación” que cada año era convocado por esta entidad.

         Con respecto a la asistencia del Alcalde de la ciudad a la cena anual de esta Hermandad, diremos que a  mediados de los años sesenta, siendo alcalde de Jerez Miguel Primo de Rivera y Urquijo, éste asistió a la cena acompañado de su esposa embarazada de mellizos, los cuales al nacer fueron bautizados con los nombres de Cosme y Damián en honor a los santos patronos de la Hermandad.

 En 1976 la Hermandad de San Cosme y San Damián dejó de tener actividad y desapareció. Un intento de reactivarla a principios del siglo XXI por el Dr. Miguel Lizaso Solinís quedó sólo en intenciones con una conferencia en el salón de actos del Casino Jerezano a cargo del neurocirujano Enrique Rubio. Los tiempos habían cambiado.
Antonio Mariscal Trujillo

C.E.H.J.

LAS EXCLAUSTRACIONES DE LA CARTUJA DE JEREZ




      Tres fueron las ocasiones en las que los monjes tuvieron que abandonar la Cartuja, y todas ellas durante la primera mitad del siglo XIX. La primera lo fue el 30 de enero de 1810 con motivo de la inminente llegada de las tropas napoleónicas, cosa que sucedió tres días después. La comunidad religiosa tuvo que huir en una barcaza navegando por el Guadalete para refugiarse en Cádiz ante el fundado temor de ser represaliados por el ejército invasor, ya que el Padre Prior había encabezado un año antes le denominada "Junta de Defensa Local", creada al objeto de defender la ciudad de los franceses, acción que nunca se llevaría a cabo.

     El 3 de Febrero de 1810, las fuerzas napoleónicas al mando de José Bonaparte entraron en Jerez. Una comisión compuesta por las autoridades locales se vieron en la obligación aquel aciago día de salir al Altillo con objeto de recibir a los invasores, los cuales, en marcha triunfal, desfilaron por diversas calles hasta llegar a la plaza del Arenal ante el profundo y bien fundado temor de la mayoría de los ciudadanos. Jerez como el resto de las ciudades y pueblos españoles donde pusieron sus botas los franceses, no se libró de los terribles expolios y saqueos por parte de los soldados galos y de sus mandos,  y la Cartuja tampoco. Pero si grande fue el pillaje extranjero, en el caso del monasterio, fue aún peor el que sufrió por parte de los lugareños durante los tres días que transcurrieron entre la salida de la comunidad y la llegada del ejército francés. Hombres, mujeres, viejos y niños, todos, entraron a saco en lo que hasta unas horas antes había sido lugar de respeto y oración para robar todo lo que se pudiese vender o guardar. Los ilusos monjes no podían imaginar hasta donde puede llegar la rapiña humana. Cuando llegaron los franceses solamente se pudieron llevar algunas pinturas (que no era poco), las cuales al parecer, por causa de la propia incultura,  los saqueadores locales no les prestaron demasiada atención.

     En el verano de 1812, una vez las fuerzas de Napoleón hubieron abandonado nuestra tierra, vuelven los Cartujos a su casa que, como cabría suponer, la encontraron vacía de mobiliario, vestuario o decoración y, en el más deplorable de los estados. A pesar de todo, nuevamente es restablecida la vida monástica y poco a poco se van reparando las secuelas de los desmanes sufridos durante los dos últimos años.

     Pero esta aparente tranquilidad no les iba a durar mucho tiempo, ya que ocho años después, concretamente el 21 de noviembre  de 1820, una orden del Ministerio de Hacienda decreta la clausura de todos los conventos cerrados durante la Guerra de la Independencia. Por esta causa los frailes se ven de nuevo obligados a dejar su monasterio. En esta ocasión y como ya dijimos con anterioridad, todos los bienes de la Cartuja fueron incautados y vendidos en pública subasta. La Orden de San Bruno no volvería a Jerez hasta tres años después, una vez acabado el denominado "Trienio liberal”. A su vuelta la comunidad se afana por todos los medios en recuperar algunos de los bienes muebles, enseres y vasos sagrados que anteriormente les hubieron pertenecido.

     La tercera y definitiva exclaustración se produjo el 19 de agosto de 1835, como consecuencia del famoso decreto de Mendizábal que tanto daño causara al patrimonio histórico y artístico de nuestro País. Aquel fatídico día para nuestro legado cultural y monumental, en el que tras un inventario de los bienes, vasos sagrados y alhajas, los cuales fueron depositados en la Colegial, los monjes de la Cartuja de Santa María de la Defensión abandonaron definitivamente su monasterio después de cuatro siglos. Componían la comunidad en aquel momento 14 sacerdotes y cinco legos. Al cuidado de aquella incomparable joya arquitectónica quedó un solo guarda que no duraría  muchos años en su cargo. Paradójicamente, a pesar de su abandono, en 1856 fue declarado Monumento Nacional, gracias al interés y los denodados esfuerzos de la Academia de Bellas Artes de Cádiz, como única medida para salvar de la ruina y total desaparición al Monasterio jerezano de la Cartuja. 
      
     Para terminar diremos que, aunque en esta ocasión no fue una exclaustración como las tres del siglo XIX, en enero del año 2002 abandonaron la Cartuja de Jerez los últimos monjes que en ella quedaban. La falta de vocaciones unida otras circunstancias que no vamos a citar, hicieron que nuevamente este incomparable monasterio quedase deshabitado. Luego vinieron las monjas de la congregación francesa de Ntra. Sra. de Belén que son quienes lo habitan actualmente y mantienen el culto


En la foto: el imafronte del templo. Postal de los años veinte del pasado siglo

Al cumplirse el centenario de la publicación de la obra de Juan Ramón Jiménez PLATERO Y YO



JUEGOS DEL ANOCHECER

            Cuando en el crepúsculo del pueblo, Platero y yo entramos ateridos, por la oscuridad morada de la calleja miserable que da al río seco, los niños pobres juegan a asustarse, fingiéndose mendigos. Uno se echa un saco a la cabeza, el otro dice que no ve, otro se hace el cojo…

            Después, en ese brusco cambiar de la infancia, como llevan unos zapatos y un vestido, y como sus madres, ellas sabrán cómo, les han dado algo de comer, se creen unos príncipes.

            - Mi pare tié un reló de plata.
            - Y er mío, un cabayo.
            - Y er mío una ejcopeta.

            Reloj que levantará a la madrugada, escopeta que no matará el hambre, caballo que llevará a la miseria…

            El corro, luego. Entre tanta negrura, una niña forastera, que habla de otro modo, la sobrina del Pájaro Verde, con voz débil, hilo de cristal acuoso en la sombra, canta entonadamente, como una princesa:

                               Yo soy la viudita
                              del condee de oréé…

¡Sí, sí! ¡Cantad, soñad, niños pobres! Pronto al amanecer de vuestra adolescencia, la primavera os asustará, como un mendigo, enmascarada de invierno.


             ¡Vamos, Platero!                                    Foto: Album familiar de A. Mariscal

El Claustro gótico de Santo Domingo en Jerez

Foto: A. Mariscal
El Claustro gótico de Santo Domingo, conservado íntegramente, fue expropiado junto con las demás estancias, bodegas y huertas del convento con la Desamortización de 1835, por lo que actualmente tiene ingreso diferenciado. Es de sorprendentes dimensiones y en su derredor se sitúan las principales estancias conventuales. Sabemos que ya en 1436 había comenzado la construcción en este lugar de una galería de claustro. Sin embargo, la construcción actual se desarrolló casi en su integridad a lo largo de todo el XVI, pues consta su finalización en la década de los noventa de dicha centuria, cuando se levantó el cuerpo alto. De planta cuadrada, manifiesta, a pesar de su dilatado proceso constructivo, gran unidad formal. Sus galerías miden cuarenta metros de lado, compartimentadas mediante cinco arcos por tramo, apuntados en el cuerpo inferior y rebajados en el superior. Los arcos del cuerpo bajo, desarrollan a partir de las impostas una rica tracería gótica de cuadrilóbulos sobre arquillos trilobulados, que a su vez arrancan de un murete bajo. Las bóvedas correspondientes a cada uno de los tramos presentan crucería simple, mientras que en los ángulos incorporan terceletes.

El claustro comunica con dos grandes estancias: el Refectorio y el Dormitorio. Al primero se accede a través de una interesante portada del último tercio del XVI. Se compone de arco de medio punto flanqueado por sirenas y coronado por frontón recto, con destacada decoración de repertorios clásicos en friso y jambas. El interior de esta sala, de planta rectangular, se cubre mediante bóveda de cañón renacentista, dividida por arcos fajones que descansan en ménsulas y decorada con los relieves de santo Domingo, santa Catalina de Siena, san Andrés y san Pablo. El Dormitorio, al que se accede por una portada academicista de orden jónico, fechada en 1776, presenta en su interior planta rectangular y bóvedas de crucería en tramos cuadrados.

En el ángulo Norte se encuentran otras dos portadas, actualmente cegadas, que en origen comunicaban el claustro con el Capítulo y la escalera. La primera de ellas fue levantada en el primer tercio del XVII. Es de potente orden rústico de modelo serliano, destacando por la inclusión de cerámica negra en el llagueado. La segunda, de orden jónico y arco escarzano es de igual cronología a la anterior y daba acceso a la escalera. Destaca igualmente en el ángulo Oeste la Capilla de Rivadeneira, obra del siglo XVI. A ella se accede a través de una portada renacentista compuesta de arco rebajado entre pilastras corintias sobre plintos, decoración de grutescos y reja contemporánea a la capilla. En su interior se conservan relieves pétreos renacentistas de los Cuatro Evangelistas, la Verónica y los atributos de la Pasión; todos ellos con policromía original. En ángulo con esta capilla se encuentra una portada recientemente descubierta, compuesta de arco de herradura realizado en piedra y enmarcada en alfiz. Puede considerarse obra de época islámica, tal vez perteneciente al enclave defensivo que existía frente a la Puerta de Sevilla y que fue donado por Alfonso X a los dominicos tras la Reconquista.

Originalmente el convento poseía varios claustros además del principal. El Claustro de la Enfermería, conservado en parte, aunque en malas condiciones, está integrado hoy en viviendas particulares detrás del convento y se accede a él a través de la Puerta del Campo. Fue ejecutado por los hermanos Antón Martín y Domingo Fernández Calafate a partir de 1623. De dos cuerpos, el inferior se organiza a través de arcos de medio punto sobre pilares de ladrillo. En un ángulo se encuentra una escalera monumental de dos tramos, cubierta por bóveda rectangular y decoración de yeserías, tal vez de los mismos arquitectos. También perteneció al convento el patio de arcos de medio punto sobre columnas de mármol de la casa de la calle Rosario nº. 8.

Texto: Miguel A. Mariscal y Pablo Pomar
Fotografía: Antonio Mariscal



Villancicos flamencos en la Catedral de Jerez

Foto: A. Mariscal
Resumen del magnífico concierto de villancicos jerezanos ofrecido en la Catedral de Jerez el pasado día 8 de diciembre. Al cante: Jesús Méndez y Tomasa "La Macanita"
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BODEGAS Y VIÑEDOS DE JEREZ EN TIEMPOS PASADOS

Magnífico montaje de José Manuel Iglesias Nieto sobre las bodegas y los viñedos de Jerez en tiempos pasados.
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Spot presentado para la candidatura de Jerez como Ciudad Europea del Vino

SPOT PARA LA CANDIDATURA DE JEREZ COMO CIUDAD EUROPEA DEL VINO. No dejen de verlo
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Jerez en la música española

ROMANZA DE LA ZARZUELA DON GIL DE ALCALÁ

PASODOBLE-MARCHA DE LAS CORSARIAS, BANDERITA
En tierras de Jerez

JEREZ, de la suite Iberia de Isaac Albéniz
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MI JACA, por Estrellita Castro
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LAS TRES COSAS DE JEREZ.

 Zarzuela en un acto original de Carlos Fernández Shaw y Pedro Muñoz Seca. Música del maestro Vives. Estrenada en el Teatro Eslava de Madrid el 30 de abril de 1903.
Pulse este ENLACE para ver el libreto 




El "Concierto de Jerez" de Manuel Morao. Se estrenó en el Teatro Villamarta en 1974 ofreciéndose después en diversos escenarios españoles. La única grabación del mismo la hizo en directo Radio Popular el día de su estreno, de dicha grabación la Universidad de Cádiz editó este CD en el año 2010.



LA MARQUESITA, zarzuela en dos actos reestrenada en Jerez en el teatro Villamarta el 29 de abril de 2024

ESPAÑA-JEREZ pasodoble

Ermita de la Ina




LA ERMITA DE LA INA
   Un  lugar histórico



                                                                    Foto: A. Mariscal

    A siete kilómetros de Jerez y a orillas del río Guadalete se levanta una pequeña y vieja ermita, la de Nuestra Señora de la Victoria de la Aína. Edificada en 1339 como acción de gracias por la victoria de los jerezanos frente a las poderosas tropas de Abu-Melek, el Infante Tuerto,  que tenían sitiada a la ciudad de Jerez, es un sencillo edificio de planta rectangular, techo a dos aguas cubierto de tejas y rematado por una espadaña. Su interior al que se accede a través de un pórtico, consta de tres naves. Formadas éstas por dos pilares, cada uno con cuatro atrevidos arcos de herradura de claro sabor almohade. Su primitivo artesonado de madera, característico de todo templo mudéjar, debió desaparecer hace muchos años, por lo que tras su última reconstrucción, se le dotó de un sólido techo de hormigón en el que se imita algo que recuerda a sus vigas originales. Un bonito y a la vez sencillo retablo compuesto por una hornacina en la que se venera una imagen de Nuestra Señora de la Victoria, es el principal motivo ornamental de la capilla. También nos llama la atención una artística pila para el agua bendita situada a la entrada; preciosa talla en alabastro, posiblemente del siglo XVI.

       Esta ermita posee sobre todo el gran mérito de ser un notable ejemplar de la más pura arquitectura mudéjar, con el valor añadido de ser también el templo cristiano más antiguo de todos los que se conservan, no sólo en Jerez, sino en toda nuestra provincia Un hecho extraordinario acaecido en 1839, causó enormes desperfectos en la capilla y casi estuvo a punto de hacerla desaparecer del mapa. Resulta que un fortísimo tornado elevó con su enorme fuerza toda el agua de una laguna cercana arrojándola contra la Ermita y sus alrededores, arrancando el campanario, destrozando techos, tabiques y puertas, causando gran susto entre los lugareños. A pesar de ello, la ermita fue reconstruida y, según nuestras noticias, hasta el año 1880 se celebró culto en ella, sostenido bien por el Ayuntamiento, bien por los vecinos del lugar. Es a partir del citado año cuando la edificación se dedica a casa de labor y cuadra, quedando durante muchos años en tan lamentable estado de abandono que hizo temer por su desaparición.

     En 1927 siendo alcalde de Jerez D. Federico Ysasi y Dávila, el Estado  incoa, al parecer por error, expediente de subasta de la Ermita de Ntra. Señora de la Ina al figurar en su inventario como "bienes enajenables procedentes de la Cartuja", Debido a ello, el Ayuntamiento tiene que iniciar un recurso para demostrar que la misma aparece exenta a perpetuidad como capilla pública, siendo propiedad del Excmo. Ayuntamiento de Jerez,  así como seis aranzadas de tierra dedicadas a descansadero y ejido desde tiempo inmemorial. 

     Afortunadamente, a mediados de los años sesenta tras décadas de vicisitudes, la Diputación provincial, entonces presidida por D. Álvaro Domecq y Díez, se hizo cargo de su rehabilitación, emprendiéndose las obras necesarias que culminaron con su reapertura al culto.  Por si acaso algún lector tiene interés en visitar esta reliquia del arte mudéjar, diremos que, aunque en ella tienen lugar algunos cultos como bodas, primeras comuniones y bautizos, generalmente no tiene horario ni día fijo de apertura, salvo en primavera que se celebra allí la misa parroquial los sábados a las 19 horas. Para su visita fuera de estos días es preciso ponerse de acuerdo con el párroco.

      En noviembre de 2010, tras varios años sin alumbrado eléctrico, fue inaugurada con toda solemnidad una nueva y artística iluminación de este templo. Dicha actuación fue realizada de forma altruista por la compañía Endesa. Merece la pena dar un paseo y acercarse por tan histórico y meritorio lugar. Nos atreveríamos a decir que ningún jerezano puede preciarse de conocer plenamente su ciudad sin haber visitado la Ermita de la Ina.

     Como es sabido con este mismo nombre de La Ina existe en estos pagos un núcleo de población rural compuesto por unos novecientos habitantes. A este respecto diremos que, el historiador Portillo menciona una población situada entre esta ermita y el vado de Medina denominada Villa del Infantado. Dice el citado historiador, que dicha aldea existía aún en 1416, sin que se sepa cuando desapareció y por qué causas.


La antigua Judería de Jerez de la Frontera








LA JUDERÍA DE JEREZ DE LA FRONTERA

Foto: A. Mariscal
            Jerez de la Frontera es una ciudad situada en el sur de España, a mitad de camino entre Sevilla y Gibraltar y a sólo 11 kilómetros de la Bahía de Cádiz. Con una población superior a los doscientos mil habitantes, es cabecera de una amplia comarca agrícola poblada de viñedos, que se extiende entre los ríos Guadalquivir y Guadalete hasta sus desembocaduras en el océano Atlántico. Ciudad internacionalmente conocida, entre otras cosas,  por sus afamados vinos y sus importantes ganaderías de caballos de pura raza española.

            Los orígenes de la ciudad de Jerez se pierden en la noche de los tiempos. Fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos, árabes y judíos dejaron su huella y su cultura en estas tierras. Importantes yacimientos arqueológicos como los de Mesas de Asta, Gibalbín, Doña Blanca o Alcántara así lo atestiguan. Si bien sus orígenes como ciudad en el lugar que hoy ocupa hay que datarlos en la época islámica, sobre todo en el período almohade, que es cuando se construye su extensa muralla defensiva y su Alcázar, alcanzando entonces gran importancia económica, cultural y estratégica..

            Hasta estos momentos no se ha encontrado ningún documento que pruebe la existencia de una aljama judía en la ciudad almohade (siglos XI al XIII),  y es muy posible que no la hubiera, dado el carácter fundamentalista de esta civilización islámica, tras de cuya invasión la población mozárabe de Jerez tuvo que convertirse al Islam o bien abandonar la ciudad, entre ellos su Obispo y sus clérigos que hubieron de huir  y refugiarse en Toledo.

            En mayo de 1264 la población mudéjar se revela contra el Rey  Alfonso X, y da muerte a toda la guarnición que custodiaba el Alcázar. La reacción del monarca no se hizo esperar. Poco tiempo después marcha con sus tropas hacia Jerez poniéndole cerco. Así, el 9 de octubre de ese mismo año entra con sus tropas por la puerta llamada de Rota, mientras por la del Real toda la población musulmana parte camino de su exilio hacia Tarifa o el norte de África, llevando solamente lo que pudieran cargar en sus asnos o mulos. De esta manera concluyen cinco siglos de dominación musulmana en estas tierras. A partir de ese momento la ciudad que fuera Sheris Sadunia queda en “frontera” y habitada sólo por una guarnición militar, así como unas escasas familias musulmanas que habían sido leales al Rey cristiano.

            Dos años más tarde la ciudad sería repoblada por más de un millar de familias procedentes principalmente de los reinos de Castilla, Navarra y León, también vinieron medio centenar de ellas del sur de Portugal, constituyendo estas el llamado barrio del Algarbe. A todas se les dan casas más o menos buenas en función de los servicios prestados a la corona.

            En esta repoblación también llegaron a Jerez 90 familias de origen y religión judías procedentes en su mayoría de Castilla así como de otras poblaciones andaluzas, las cuales se establecen en el interior del ángulo nordeste de la muralla, donde ocuparon casas y solares antes propiedad de los musulmanes. La mayoría eran artesanos y comerciantes. El Libro del repartimiento cita incluso algunos oficios, así vemos que hay un alfayate o sastre, un alamín o maestro de tejedores, un labrador y un carnicero entre otros. Este es un tema perfectamente documentado gracias a la existencia en los archivos municipales de la ciudad del anteriormente citado Libro del repartimiento, en el cual constan los nombres de todos y cada uno de los nuevos pobladores y la casa o el solar que les son adjudicados. Ello quiere decir que también están registrados los cabezas de familia judíos que en ese año de 1266 se asentaron en Jerez, así como la casa que les correspondió. En dicho manuscrito podemos leer que el reparto de inmuebles en la Judería fue de la siguiente manera: 7 casas buenas, 23 casas medianas, 77 casas pequeñas, 7 solares, 14 corrales y almacenes, 2 bodegas y 2 establos. Además se les entregó algunos edificios para uso común con destino a sinagoga, alhóndiga y casa de la merced donde dar albergue a judíos en tránsito o rescatados de la esclavitud.

            La judería jerezana fue durante el siglo XIII una comunidad de proporciones medianas, similar a las de Niebla, Écija o Baeza, sin que pudiera compararse en ese siglo con las de Sevilla o Córdoba. Pero la misma fue creciendo y se calcula que la Judería jerezana pudo albergar en el siglo siguiente hasta tres mil habitantes, ocupando una superficie de tres hectáreas. Por ello sus calles serían estrechas y abigarradas por las que no podrían cruzarse dos mulos cargados. Casas con su taller, tienda o comercio y habitaciones para la familia, así como un pequeño corral en su parte trasera donde criar gallinas, palomas o conejos para consumo familiar. Muchos de los habitantes de la aljama trabajarían fuera de ésta en distintos oficios, entre ellos se contaban los almoxarifes del Rey, encargados de recaudar los tributos. Todos ellos volverían a sus casas al caer la tarde, pues por la noche las puertas de la Judería eran cerradas hasta el amanecer. Como detalle curioso, la historia cita a varios judíos de profesión labrador, algo poco común, y es que en la zona de extramuros donde hoy se alza el barrio de San Pedro, además del cementerio o fonsario hebreo, había una buena extensión de tierra calma propiedad de algunos de ellos. La Judería por tanto debió de ser una ciudad autónoma en el interior de la propia ciudad de Jerez.

            Al parecer los judíos jerezanos eran, salvo alguna excepción, gente de clase modesta, ello se desprende del importe de sus impuestos con que contribuían a la Corona. Así por ejemplo, en determinados períodos Sevilla contribuía con algo más de cien mil maravedíes anuales; sin embargo, los judíos jerezanos con  la mitad de población lo hacían sólo con cinco mil.

            Poseyó la Judería de Jerez dos sinagogas, cuyos emplazamientos están perfectamente localizados, además de una alhóndiga y una madrasa anexa a una de las antes citadas sinagogas. Todavía a principios del siglo XIX podemos leer en el callejero local nombres como “Plaza de la Sinagoga”  o  “Calle de la Sinagoga”. Aún se conserva el nombre de Judería en una calle en la que existe un centro comercial y de eventos emplazado justo sobre lo que en otro tiempo fuera una de las citadas sinagogas. La otra, que estuvo situada a la mediación de la actualmente calle Álvar López, cuentan las crónicas, se hundió arruinada en 1479 y ya no se volvió a reconstruir.

            Para terminar diremos que, en el año 1483 llega a Jerez una orden para que todos los judíos salieran del territorio del Arzobispado de Sevilla al que pertenecía Jerez. Desde ese momento algunos judíos comenzaron a vender sus bienes por menos de la mitad de su valor. Para evitarlo, el Corregidor  dio una orden prohibiendo a todo cristiano comprar ninguna propiedad a los  judíos, con penas de azotes y cárcel al que lo hiciera. De esta manera se evitó que aquella pobre gente malvendiera sus pertenencias. Además el Ayuntamiento eleva un escrito al Rey exponiéndole el quebranto económico que supondría para la ciudad el cumplimiento de la orden de expulsión. El rey accede y da una prórroga de seis meses, cosa que no se cumplió y los judíos siguieron en Jerez  hasta su destierro definitivo en 1492.

            Actualmente la antigua Judería jerezana ocupa uno de los lugares más céntricos de la ciudad y, aunque no queda ni un solo vestigio de su pasado, conserva en parte su viejo trazado de calles estrechas y trazado irregular. Quizás algún día lleguemos a conocer los secretos que toda esa zona del corazón de la ciudad guarda bajo una tierra que, a lo largo de los últimos diez siglos, ha visto pasar sobre ella a tres civilizaciones.

Antonio Mariscal Trujillo
Centro de Estudios Históricos Jerezanos




Fuentes y bibliografía: Libro del Repartimiento de Jerez, manuscrito del siglo XIII, A.H.M.J. Muñoz Gómez, A. Nuevas memorias Judiegas, en El Guadalete, Jerez 1892. Ibídem, Noticia histórica de las calles y plazas de Jerez, Jerez 1903.  Fita Fidel, La Judería de Xerez, en El Guadalete, 1888. Ibídem, Xerez de la Frontera, su judería en 1266. SANCHO SOPRANIS, H. Historia Social de Jerez de la Frontera a fin de la Edad Media; CEHJ, Jerez 1959. González Jiménez  M. y González Gómez, A. Jerez de la Frontera en el siglo XIII. CE.H.J., Jerez 1988. Bellido Bello, J.F. ¿Por qué lloraron los judíos al abandonar Jerez.?  Publicaciones de la C.A.J., Jerez, 1995


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Programa especial realizado por Onda Jerez TV en el que se tratan varios de los temas relacionados con mi nuevo libro "La Historia pequeña de Jerez  de la Frontera, en parte del siglo XX" con un magnífico montaje documental
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Aquella Plaza de Plateros




Plaza de Plateros a finales del siglo XIX


Aquella Plaza de Plateros

         En plena canícula veraniega y sentado bajo la fresca sombra de sus grandes árboles en el velador de una cervecería, una imaginaria máquina del tiempo me trasladó hasta aquella otra plaza de Plateros de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, cuando la misma era lugar de obligado paso, ágora ciudadana, centro comercial abierto e imaginario patio de una casa de vecinos.

         En la quietud y el silencio me recreé en todos y cada uno de sus edificios, y recordé a mi padre, con su inmaculada bata blanca, colocada sobre una impecable camisa, dejando asomar su bonita corbata, y su medio siglo elaborando fórmulas magistrales como encargado de aquella farmacia que fundara Onofre Lorente Roldán en el primer tercio del pasado siglo. Justo al lado de la botica, la panadería de Consuelito, mujer alegre y salerosa como ninguna, que hasta pudo haber sido mi madre, ya que la madre de ella estuvo empestillada en casarla con mi progenitor cuando éste apenas tenía 18 años. Cosa que no consiguió puesto que mi padre se enamoró de una niña llamada Catalina que vivía encima de la farmacia, y que a base de bajar muchas veces a llamar por teléfono consiguió su propósito.

         Junto a la panadería, la frutería de Mariano Ramírez, místico y cofrade, uno de los mejores vestidores de imágenes que hubo en Jerez. En la puerta de al lado, la tintorería Amaya con su encargada Lolita Calle, una mujer de bandera como se decía antes. Un poco más allá Borga, de Bohórquez y García, donde se vendieron los primeros motocultores mecánicos y los primeros Vespinos. O aquel Bar Victoria, regentado por Enrique, un gallego “suigenéris” con el mejor café de Jerez y que por no arriesgar mucho en su negocio sólo tenía una marca de vino: el fino Gaditano, así como dos clases de tapas: filete a la plancha y caballa en aceite. En frente, junto a la torre de la Atalaya, la barbería de los Manolos, como yo les llamaba y donde siempre había antológicas tertulias en las que se hablaba de todo en animado coloquio. Aquellos tres Manolos eran totalmente desiguales, uno alto y delgado, otro bajito y rechoncho, y el tercero menudito y poquita cosa. El gordo muy hablador y el bajito que repetía con sorna el final de las frases que el primero decía.

         En la acera de enfrente, la Papelería Salido, del padre de los Salido Freire, con el Sr. Bárcenas como encargado de toda la vida y el artista Pepe Guerra como ayudante. Junto, el almacén de Agustín Pina y más tarde la tienda donde se vendieron los primeros colchones de muelles: el colchon-muelle “Sema”. Pegado a este comercio el de muebles de un tal Camacho, del que popularmente se decía este slogan: “Para antes y después del gazpacho Muebles Camacho”. Siguiendo por la misma acera la relojería y platería “Roán” de Rosario Lorente y Angelita Lorca. Una vieja droguería, la Droguería España de D. Antonio Jiménez Canto, gran profesional del ramo y al que muchos llamaban con el cariñoso apelativo de “Don Cumplido” por su excesiva amabilidad hacia los clientes.

         Rebasando la estrecha calleja de Álvar López, la imprenta y litografía de Salido, a su vera el puesto de chucherías y baratijas de Miguel, el único que todavía subsiste, ahora en manos de sus hijos. Y donde dejar el viejo bar Recreo, regentado por dos hermanos, uno se llamaba Antonio y el otro era conocido por todos como “El Pájaro”. Buenísima persona y servicial donde los hubiere, con un torrente de voz que se le podía oír en toda la plaza. Este apelativo que nada tiene que ver con el que hoy conocemos como persona poco dada a la honradez, sino porque así se le llamaba en otros tiempos al pretendiente de alguna muchacha. Una tía mía que vivió en Barcelona hasta su muerte me aseguraba que dicho mote se lo puso ella cuando éste andaba pretendiéndola.

         Por fin, donde hoy está la cervecería El Gorila, la Magistratura del Trabajo, donde su magistrado, D. Eduardo Mozón, resolvía los conflictos laborales, a la vez que cuidaba amorosamente de su único hijo afectado del síndrome de Donw. En el lateral de este edificio y en el solar que dejara una casa derribada, unos puestos en los que se vendían periódicos, pescado y churros, y en la acera de enfrente un popular tabanco, el “Número Uno” con su tabernero Juan de toda la vida y el mejor “Maestro Sierra” fresquito, y servido en vasucos a su genuina clientela. Plaza toda ella de doble circulación, en una de cuyas aceras había una parada de taxis, posiblemente los mejores y más modernos de la ciudad. Recuerdo los nombres de algunos taxistas como los de Paco Fernández, Berro, Chica o Coiras.

         Una plaza con un incesante ir y venir de gente, con un comercio bullicioso, alegre y animado, en la paz y el sosiego de unos tiempos en el que toda su encantadora gente formaba parte de una verdadera familia y que ya nunca volverá.

                                                                  Antonio Mariscal Trujillo


                            Plaza de Plateros años 60                Foto: Luis Vázquez Calderón


José Ramón Fernández Lira

FERNÁNDEZ LIRA, José Ramón. Jerez 1935 – 2010. Profesor de Arte, escritor y dibujante. Foto: M.A. Velo

            Artista polifacético, maestro y figura entrañable para sus convecinos, destacó sobre todo por su gran amor a Jerez. Y es que la ciudad  que le vio nacer fue sin dudas su punto de mira artístico y emotivo. Todo giraba en torno a su ciudad: sus dibujos, sus carteles, sus escritos, sus fotografías, su docencia, y podríamos decir que hasta su propia vida. Los que le conocieron afirman que fue un hombre entrañable y a la vez afortunado, ya que siempre hizo lo que deseaba sin ataduras de ninguna clase, y ello le granjeó la amistad y la estima de sus conciudadanos, y como no, de los miles de alumnos que a lo largo de más de cuatro décadas recibieron sus enseñanzas.
           
       Nació en 1935 y ya desde muy joven sintió inclinación por el arte, ciertamente de la mano de su querido profesor Muñoz Cebrián. Así en 1954, cuando contaba 19 años de edad, comienza su carrera profesional publicando el cartel de la VII Fiesta de la Vendimia de Jerez. Desde entonces sus carteles anunciaron la Semana Santa, la Feria, el Corpus Christi, las Ferias del Libro o cualquier otro evento de los celebrados en Jerez. Una actividad para la que también era requerido por otras ciudades andaluzas, tales como: El Puerto de Santa María, Almería, Granada o Cádiz, donde sus carteles anunciaron los acontecimientos más variados: turismo fiestas, manifestaciones religiosas, congresos, etc.

            Su actividad docente la inició como profesor de dibujo en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Jerez, empleo que simultaneó en el Colegio de la Salle
hasta su jubilación en el año 2000.

            Ilustró libros, pregones, discos, revistas. Decoró capillas, como las de las Dominicas del Beaterio, la del Cristo del Amor, la de la Parroquia de San José, las de los Colegios de La Salle-Buen Pastor y de San José en Jerez, así como la del Colegio de San Francisco en Sanlúcar de Barrameda. Diseñó azulejos religiosos, fue comisario de diversas exposiciones y colaboró en la mayoría de los medios de comunicación locales.
            En su faceta de escritor publicó infinidad de artículos en prensa y revistas, así como los libros: Seis momentos de arte y cofradías (1978); “Collage”, apuntes sobre el patrimonio artístico de las Hermandades jerezanas (1984); Semblanza de la imaginería jerezana (1985); Jerez Semana Santa, (años 2003, 2004 y 2005); La Semana Santa de Jerez y sus Cofradías –Tomo IV; Pepe Guerra, 50 años de Belenismo (1997). Como coautor fueron sus publicaciones: Semana Santa en las Diócesis de Cádiz y Jerez (4 tomos, 1988) así como su obra póstuma en colaboración: Un paseo por Jerez, (Jerez 2010)

            Otra de sus importantes facetas artísticas fue sin duda la de fotógrafo. Siempre con su cámara en mano, dejando una colección de 61.000 fotografías de todos los aspectos imaginables de Jerez, muy especialmente de su Semana Santa. Como bibliófilo y coleccionista, logró reunir en su biblioteca 7.500 volúmenes de las más variadas temáticas, 3.500 revistas y catálogos, 600 películas en vídeo, amén de miles de postales, planos, carteles, bocetos, esculturas, dibujos y otras obras de arte. En 1997 y con el patrocinio del Ayuntamiento de Jerez fue inaugurado en la Plaza de los Ángeles el denominado “Fondo Documental Fernández Lira”, el cual desde ese momento legó a la ciudad de Jerez.

            El 2 de marzo de 1989, en sesión solemne fue recibido como Académico Numerario en la Real Academia de San Dionisio de Ciencias Artes y Letras, en la que desempeñó el cargo de vicepresidente y responsable de la sección de Arte. Ostentó también la condición de miembro de número del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Falleció repentinamente el día 19 de julio de 2010. Sus exequias, a la que asistió la Alcaldesa de la ciudad, constituyeron un multitudinario testimonio de pesar. Al día siguiente todos los medios de comunicación locales y algunos provinciales publicaban tan triste noticia destacando que fue todo un símbolo para el Arte de su ciudad.

De mi libro: "Jerezanos para la Historia" Editorial Tierra de Nadie, Jerez 2011


Fuentes y bibl.: 20 Artistas profesores 20 - Escuelas de Artes Aplicadas de Jerez y Cádiz. Cajasur 1988; Siglo y medio de Arte Gaditanos 1834-1984, Caja de Ahorros de Jerez; Gran Enciclopedia de Andalucía (Tomo IV) 1979, Promociones Culturales Andaluzas; Diccionario Enciclopédico de la Provincia de Cádiz (Tomo III) Caja de Ahorros de Jerez, 1985; Historia del Arte en Andalucía (Tomo VIII) Ed. Gever, 1994.

LA HISTORIA PEQUEÑA DE JEREZ DE LA FRONTERA, en parte del siglo XX

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Esta historia no es otra que la del devenir cotidiano, de costumbres, de gente llana, de anécdotas, de personajes populares, de oficios desaparecidos, de maneras de ser y de vivir, del trabajo callejero, de leyendas, de lugares y de hechos insólitos. En resumidas cuentas, del acontecer ordinario de una ciudad como Jerez de la Frontera. Historia pequeña, extraída en su mayoría de un archivo tan singular y fidedigno como es el de la memoria. Historia cotidiana, historia vivida, historia contada por sus protagonistas o transmitida por los que ya no están con nosotros. Historias reales que difícilmente pueden aparecer en algún libro, la mayoría ni en hemerotecas.

248 páginas y 65 fotos históricas. Ya a la venta en todas las librerías de Jerez al precio de 15 euros. Pedidos por Internet a:  www.agricolajerez.com 
Edición agotada