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Jerez de la Frontera, Cádiz, Spain

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En esta página encontrarás evocadoras fotografías antiguas procedentes de mi archivo particular, así como otras actuales de las que soy autor. También vídeos, artículos, curiosidades y otros trabajos relacionados con la historia de Jerez de la Frontera (Spain), e información sobre los libros que hasta ahora tengo editados.

In this page you will find evocative ancient photographies proceeding, as well as different current of my file particular of that I am an author. Also videoes and articles related to the history of Jerez (Spain) and information about the books that till now I have published

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Aquella Plaza de Plateros




Plaza de Plateros a finales del siglo XIX


Aquella Plaza de Plateros

         En plena canícula veraniega y sentado bajo la fresca sombra de sus grandes árboles en el velador de una cervecería, una imaginaria máquina del tiempo me trasladó hasta aquella otra plaza de Plateros de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, cuando la misma era lugar de obligado paso, ágora ciudadana, centro comercial abierto e imaginario patio de una casa de vecinos.

         En la quietud y el silencio me recreé en todos y cada uno de sus edificios, y recordé a mi padre, con su inmaculada bata blanca, colocada sobre una impecable camisa, dejando asomar su bonita corbata, y su medio siglo elaborando fórmulas magistrales como encargado de aquella farmacia que fundara Onofre Lorente Roldán en el primer tercio del pasado siglo. Justo al lado de la botica, la panadería de Consuelito, mujer alegre y salerosa como ninguna, que hasta pudo haber sido mi madre, ya que la madre de ella estuvo empestillada en casarla con mi progenitor cuando éste apenas tenía 18 años. Cosa que no consiguió puesto que mi padre se enamoró de una niña llamada Catalina que vivía encima de la farmacia, y que a base de bajar muchas veces a llamar por teléfono consiguió su propósito.

         Junto a la panadería, la frutería de Mariano Ramírez, místico y cofrade, uno de los mejores vestidores de imágenes que hubo en Jerez. En la puerta de al lado, la tintorería Amaya con su encargada Lolita Calle, una mujer de bandera como se decía antes. Un poco más allá Borga, de Bohórquez y García, donde se vendieron los primeros motocultores mecánicos y los primeros Vespinos. O aquel Bar Victoria, regentado por Enrique, un gallego “suigenéris” con el mejor café de Jerez y que por no arriesgar mucho en su negocio sólo tenía una marca de vino: el fino Gaditano, así como dos clases de tapas: filete a la plancha y caballa en aceite. En frente, junto a la torre de la Atalaya, la barbería de los Manolos, como yo les llamaba y donde siempre había antológicas tertulias en las que se hablaba de todo en animado coloquio. Aquellos tres Manolos eran totalmente desiguales, uno alto y delgado, otro bajito y rechoncho, y el tercero menudito y poquita cosa. El gordo muy hablador y el bajito que repetía con sorna el final de las frases que el primero decía.

         En la acera de enfrente, la Papelería Salido, del padre de los Salido Freire, con el Sr. Bárcenas como encargado de toda la vida y el artista Pepe Guerra como ayudante. Junto, el almacén de Agustín Pina y más tarde la tienda donde se vendieron los primeros colchones de muelles: el colchon-muelle “Sema”. Pegado a este comercio el de muebles de un tal Camacho, del que popularmente se decía este slogan: “Para antes y después del gazpacho Muebles Camacho”. Siguiendo por la misma acera la relojería y platería “Roán” de Rosario Lorente y Angelita Lorca. Una vieja droguería, la Droguería España de D. Antonio Jiménez Canto, gran profesional del ramo y al que muchos llamaban con el cariñoso apelativo de “Don Cumplido” por su excesiva amabilidad hacia los clientes.

         Rebasando la estrecha calleja de Álvar López, la imprenta y litografía de Salido, a su vera el puesto de chucherías y baratijas de Miguel, el único que todavía subsiste, ahora en manos de sus hijos. Y donde dejar el viejo bar Recreo, regentado por dos hermanos, uno se llamaba Antonio y el otro era conocido por todos como “El Pájaro”. Buenísima persona y servicial donde los hubiere, con un torrente de voz que se le podía oír en toda la plaza. Este apelativo que nada tiene que ver con el que hoy conocemos como persona poco dada a la honradez, sino porque así se le llamaba en otros tiempos al pretendiente de alguna muchacha. Una tía mía que vivió en Barcelona hasta su muerte me aseguraba que dicho mote se lo puso ella cuando éste andaba pretendiéndola.

         Por fin, donde hoy está la cervecería El Gorila, la Magistratura del Trabajo, donde su magistrado, D. Eduardo Mozón, resolvía los conflictos laborales, a la vez que cuidaba amorosamente de su único hijo afectado del síndrome de Donw. En el lateral de este edificio y en el solar que dejara una casa derribada, unos puestos en los que se vendían periódicos, pescado y churros, y en la acera de enfrente un popular tabanco, el “Número Uno” con su tabernero Juan de toda la vida y el mejor “Maestro Sierra” fresquito, y servido en vasucos a su genuina clientela. Plaza toda ella de doble circulación, en una de cuyas aceras había una parada de taxis, posiblemente los mejores y más modernos de la ciudad. Recuerdo los nombres de algunos taxistas como los de Paco Fernández, Berro, Chica o Coiras.

         Una plaza con un incesante ir y venir de gente, con un comercio bullicioso, alegre y animado, en la paz y el sosiego de unos tiempos en el que toda su encantadora gente formaba parte de una verdadera familia y que ya nunca volverá.

                                                                  Antonio Mariscal Trujillo


                            Plaza de Plateros años 60                Foto: Luis Vázquez Calderón


José Ramón Fernández Lira

FERNÁNDEZ LIRA, José Ramón. Jerez 1935 – 2010. Profesor de Arte, escritor y dibujante. Foto: M.A. Velo

            Artista polifacético, maestro y figura entrañable para sus convecinos, destacó sobre todo por su gran amor a Jerez. Y es que la ciudad  que le vio nacer fue sin dudas su punto de mira artístico y emotivo. Todo giraba en torno a su ciudad: sus dibujos, sus carteles, sus escritos, sus fotografías, su docencia, y podríamos decir que hasta su propia vida. Los que le conocieron afirman que fue un hombre entrañable y a la vez afortunado, ya que siempre hizo lo que deseaba sin ataduras de ninguna clase, y ello le granjeó la amistad y la estima de sus conciudadanos, y como no, de los miles de alumnos que a lo largo de más de cuatro décadas recibieron sus enseñanzas.
           
       Nació en 1935 y ya desde muy joven sintió inclinación por el arte, ciertamente de la mano de su querido profesor Muñoz Cebrián. Así en 1954, cuando contaba 19 años de edad, comienza su carrera profesional publicando el cartel de la VII Fiesta de la Vendimia de Jerez. Desde entonces sus carteles anunciaron la Semana Santa, la Feria, el Corpus Christi, las Ferias del Libro o cualquier otro evento de los celebrados en Jerez. Una actividad para la que también era requerido por otras ciudades andaluzas, tales como: El Puerto de Santa María, Almería, Granada o Cádiz, donde sus carteles anunciaron los acontecimientos más variados: turismo fiestas, manifestaciones religiosas, congresos, etc.

            Su actividad docente la inició como profesor de dibujo en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Jerez, empleo que simultaneó en el Colegio de la Salle
hasta su jubilación en el año 2000.

            Ilustró libros, pregones, discos, revistas. Decoró capillas, como las de las Dominicas del Beaterio, la del Cristo del Amor, la de la Parroquia de San José, las de los Colegios de La Salle-Buen Pastor y de San José en Jerez, así como la del Colegio de San Francisco en Sanlúcar de Barrameda. Diseñó azulejos religiosos, fue comisario de diversas exposiciones y colaboró en la mayoría de los medios de comunicación locales.
            En su faceta de escritor publicó infinidad de artículos en prensa y revistas, así como los libros: Seis momentos de arte y cofradías (1978); “Collage”, apuntes sobre el patrimonio artístico de las Hermandades jerezanas (1984); Semblanza de la imaginería jerezana (1985); Jerez Semana Santa, (años 2003, 2004 y 2005); La Semana Santa de Jerez y sus Cofradías –Tomo IV; Pepe Guerra, 50 años de Belenismo (1997). Como coautor fueron sus publicaciones: Semana Santa en las Diócesis de Cádiz y Jerez (4 tomos, 1988) así como su obra póstuma en colaboración: Un paseo por Jerez, (Jerez 2010)

            Otra de sus importantes facetas artísticas fue sin duda la de fotógrafo. Siempre con su cámara en mano, dejando una colección de 61.000 fotografías de todos los aspectos imaginables de Jerez, muy especialmente de su Semana Santa. Como bibliófilo y coleccionista, logró reunir en su biblioteca 7.500 volúmenes de las más variadas temáticas, 3.500 revistas y catálogos, 600 películas en vídeo, amén de miles de postales, planos, carteles, bocetos, esculturas, dibujos y otras obras de arte. En 1997 y con el patrocinio del Ayuntamiento de Jerez fue inaugurado en la Plaza de los Ángeles el denominado “Fondo Documental Fernández Lira”, el cual desde ese momento legó a la ciudad de Jerez.

            El 2 de marzo de 1989, en sesión solemne fue recibido como Académico Numerario en la Real Academia de San Dionisio de Ciencias Artes y Letras, en la que desempeñó el cargo de vicepresidente y responsable de la sección de Arte. Ostentó también la condición de miembro de número del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Falleció repentinamente el día 19 de julio de 2010. Sus exequias, a la que asistió la Alcaldesa de la ciudad, constituyeron un multitudinario testimonio de pesar. Al día siguiente todos los medios de comunicación locales y algunos provinciales publicaban tan triste noticia destacando que fue todo un símbolo para el Arte de su ciudad.

De mi libro: "Jerezanos para la Historia" Editorial Tierra de Nadie, Jerez 2011


Fuentes y bibl.: 20 Artistas profesores 20 - Escuelas de Artes Aplicadas de Jerez y Cádiz. Cajasur 1988; Siglo y medio de Arte Gaditanos 1834-1984, Caja de Ahorros de Jerez; Gran Enciclopedia de Andalucía (Tomo IV) 1979, Promociones Culturales Andaluzas; Diccionario Enciclopédico de la Provincia de Cádiz (Tomo III) Caja de Ahorros de Jerez, 1985; Historia del Arte en Andalucía (Tomo VIII) Ed. Gever, 1994.

LA HISTORIA PEQUEÑA DE JEREZ DE LA FRONTERA, en parte del siglo XX

Añadir leyenda
Esta historia no es otra que la del devenir cotidiano, de costumbres, de gente llana, de anécdotas, de personajes populares, de oficios desaparecidos, de maneras de ser y de vivir, del trabajo callejero, de leyendas, de lugares y de hechos insólitos. En resumidas cuentas, del acontecer ordinario de una ciudad como Jerez de la Frontera. Historia pequeña, extraída en su mayoría de un archivo tan singular y fidedigno como es el de la memoria. Historia cotidiana, historia vivida, historia contada por sus protagonistas o transmitida por los que ya no están con nosotros. Historias reales que difícilmente pueden aparecer en algún libro, la mayoría ni en hemerotecas.

248 páginas y 65 fotos históricas. Ya a la venta en todas las librerías de Jerez al precio de 15 euros. Pedidos por Internet a:  www.agricolajerez.com 
Edición agotada

En el cruce de la Victoria



CRUCE DE LA VICTORIA

Encrucijada en la que convergen cuatro emblemáticas vías de la ciudad: Ancha, Lealas, Ponce y Porvera.  Lugar donde se levantó el tramo más alto de las poderosas murallas que envolvieron la vieja medina almohade de la ciudad, con su fuerte torre octógona que protegía el ángulo norte  de este muro defensivo, hoy casi cubierta por las edificaciones de su entorno. Calle Ancha, que también se llamó hasta 1979 Canalejas, en recuerdo del que fuera presidente del gobierno español entre 1910 y 1912 y que fuera asesinado por un anarquista en noviembre de 1912 mientras miraba el escaparate de una librería.

Calle Ancha donde hasta la llegada de la década de los 70 veíamos la pintoresca estampa del paso de un tren cargado de botas de vino, arrastrado  por la popular “maquinilla”. Tren bodeguero que, sin ningún recato, se detenía en esta calle con todos sus vagones, y su maquinista bajaba a tomar café o copa en el bar Canalejas

         Al frente, la calle de las Lealas, que un día estuviese dedicada al prestigioso General jerezano del XIX, Sánchez Mira que tan destacado papel jugara en la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II. A mediados de la calle, en la esquina con la de San Francisco Javier, una casa con una hornacina donde las hermosas hijas de un tal Sr. Leal se encargaban cada día poner flores a la cruz allí colocada. Al final de la calle terminaba la ciudad.

          Pero volvamos al cruce de la Victoria, de donde parte la calle Ponce, y que recuerda al jurado Pedro Ponce de Trujillo. Recreémonos en la graciosa torre manierista  del antiguo convento de los Mínimos, que en el siglo XVII levantara el alarife jerezano Antón Martín Calafate. Justo al frente, esquina donde hoy se alza un moderno edificio de viviendas, el recordado empresario del Villamarta, Francisco Riba Gabaldá, levantó a principios de los años 60 una moderna sala cinematográfica, que tomó como nombre de su apellido: “Cine Riba”. Una sala en la que, durante la época de la Transición, pudimos ver muchas de las películas que nos estuvieron vedadas en tiempos de la dictadura, al transformarse ésta en “Sala de Arte y Ensayo”. Pero el paso del tiempo, y con ello el cambio de hábitos, hizo que aquel magnífico cine fuera languideciendo, hasta cerrar sus puertas a mediados de los 80, siendo convertido posteriormente en una de las mejores discotecas de la provincia, la “Only Night”, que tampoco pervivió muchos años y terminó por cerrar, siendo derribado el edificio.
Calle Ancha en el cruce de la Victoria, año 1920

En torno al Monasterio la Merced en Jerez (*)

















        En 1264, la ciudad de Jerez fue reconquistada por el rey Alfonso X el Sabio e incorporada a la Corona de Castilla. Tras un cerco a la ciudad que duró casi tres meses, por fin el día 9 de octubre del antes citado año, festividad de San Dionisio Areopagita,  la población musulmana capituló, y al tiempo que las tropas cristianas entraban a la ciudad por la puerta de Rota o del Acebuche, toda su población musulmana salía por la del Real camino del exilio hacia Tarifa o  el norte de África.

      Jerez queda desde ese momento en “frontera” con el reino nazarí de Granada. Varios meses más tarde esta ciudad sería repoblada con 1.828 vecinos y sus familias.  Procedían éstos nuevos pobladores de Castilla, León, Navarra, Extremadura y sur de Portugal, a los que el rey les reparte casas y haciendas en función de los servicios prestados a la corona.

     No debió ser muy fácil ni seguro habitar en aquellos tiempos una ciudad en frontera con los moros. Circunstancia demostrada por los numerosos asaltos y asedios por parte de la morisma, tratando de volver a ocupar  estas tierras para el Islam, en muchas ocasiones con tropas llegadas del norte de África.

Sabemos que en 1268, cuatro años después de la reconquista, el Rey Sabio ordena fundar una encomienda de La Merced en Jerez, de la cual se encargaría el mercedario Fr. Pedro Pascual  de Valencia, que llegaría a ser obispo y luego mártir. La misión de esta encomienda sería, con toda probabilidad, la de recaudar limosnas y ayudas para el rescate de cristianos cautivos en manos de los musulmanes.  


     Es lógico pensar que dicha encomienda estaría establecida en el interior del recinto amurallado, por causas  de seguridad, pues no creemos que se ubicara a extramuros en el lugar que hoy ocupa el convento de la Merced, ya que, aunque muy próximo al muro defensivo[1] (unos cien metros), las puertas de entrada más cercanas al recinto murado, como son las de Santiago y la de Rota, distan  unos cuatrocientos metros la primera y unos seiscientos la segunda.

     Llegado el año 1340, y tras la gran derrota infligida por Alfonso XI a los benimerines en la Batalla del Salado, las poblaciones de la frontera pueden por fin respirar con cierta tranquilidad, y es entonces cuando la ciudad de Jerez  rebasa el límite de sus murallas en las que había estado encerrada a los largo tres cuartos de siglo. En esa época, comienzan a surgir numerosas construcciones en dos puntos opuestos del exterior de la muralla: al E. frente a la puerta del Marmolejo, también llamada del Real, y al O. frente a la del Olivillo o Santiago.


Pero volviendo a los inicios de la encomienda de la Merced, algunas fuentes afirman que su fundación por Pedro Pascual en el siglo XIII sea quizás una leyenda sin fundamento. Ya que en 1317 se celebró en Valencia capítulo General de la Orden Mercedaria en cuyas actas se mencionan las encomiendas existentes en España y para nada se nombra la de Jerez. Aunque ello no es óbice para suponer que tras la reconquista de Jerez se fundara, como decíamos antes, una pequeña encomienda de la Merced que años más tarde desapareció. Lo cierto y documentado es que la fundación de la Merced en Jerez debió ser con toda probabilidad sobre el año 1345, ya que tres años después hay noticias del inicio de la construcción de su convento.              

Y la ciudad sigue creciendo y desarrollándose fuera de su recinto amurallado. Con el paso del tiempo no sólo es el pueblo llano quien construye pequeñas casas adosadas al muro, sino que frente al mismo lo hacen el clero y la nobleza, así como comerciantes y propietarios acomodados. Ello da origen a que, de unas pequeñas capillas existentes frente a las dos puertas o alcázares antes citados, vayan surgiendo verdaderos templos de piedra como los de Santiago o San Miguel.

Algo similar debió suceder con la primitiva y pequeña encomienda de la Merced. En sus alrededores, en calles tan populares y modestas como las que hoy conocemos por Santa María de la Merced, Nueva o Cantarería, en 1477 aparecen domiciliados personajes de relevancia, como lo caballeros: Juan Ruiz de Quintanilla, Francisco Camacho, Pedro Ceballos, Mateo Rodríguez o García Palomino, todos ellos declarados fijosdalgos notorios. En 1515 fue nombrado patrono de la capilla mayor de aquella encomienda uno de estos hijosdalgos de la collación,  D. Francisco de Spínola. Dicha capilla fue construida a sus expensas y de su esposa doña Violante de la Cueva, cuyos escudos aparecen en las claves de una bóveda. 

    Es a partir de entonces cuando tenemos noticias del comienzo de la construcción del actual templo, siguiendo durante ese siglo y el siguiente la edificación del claustro grande y del resto del monasterio.[2] Sin embargo, siglo y medio antes, en 1377, encontramos que en el testamento de otro noble caballero, Garci Martín Montero, éste deja una cierta cantidad  para la obra del Convento de la Merced. Lo que nos viene a decir que en ese tiempo ya se estaba edificando.

Recientes descubrimientos arqueológicos han documentado que, en el lugar a extramuros que antaño ocupara el molino, bodega y huerta del monasterio de la Merced, así como en sus aledaños, existió un asentamiento humano y un alfar datado en la época islámica. Ello nos hace relacionarlo con lo que nos cuenta el P. Francisco González Fariñas, cuando dice: al limpiar y desembarazar el sitio para fundar el Convento de la Merced, se encontró un horno de cocer ladrillos y, en un hueco, se halló la Santa Imagen  sin lesión ni deterioro a pesar de ser de madera, lo que causó gran admiración, creyéndose que estaba allí desde antes de la invasión musulmana a la península.”[3]  Lo que viene a ofrecernos un claro indicio del origen de la extendida leyenda o creencia popular sobre hallazgo de la imagen morena de la Virgen de la Merced venerada en Jerez

Ahora vayamos al entorno de la Merced. Dos calles y una plaza reciben el nombre de la amantísima Madre y Patrona de Jerez. La primera es la entrañable y popular calle Merced, cuna de grandes intérpretes del cante flamenco y del maestro de maestros de la guitarra que fue Javier Molina, y también, del afamado compositor de canciones Manuel Alejandro. Llamada popularmente como calle “Las Mercé”, es la que nos conduce a la Basílica desde el templo y plaza de Santiago. La segunda, Santa María de la Merced, que lleva este nombre desde tiempo inmemorial, es una angosta calleja situada a la derecha del templo, y que discurre  por la trasera del altar mayor. Por último, la recoleta plaza situada frente a la puerta principal, también es conocida como Plaza de la Merced.

Tras la desamortización de Mendizábal en 1836, se estableció en lo que fuera convento mercedario un hospital municipal, también llamado de la Merced, nombre que fue cambiado en 1862 por el de Santa Isabel de Hungría en honor a la reina Isabel II con motivo de la visita que girara a este centro junto con su esposo y prole.

No consta en las actas capitulares la concesión de estos nombres de calle por parte del municipio, ya que éste como tantos otros lo adquieren por tradición. El pueblo llama calle de los Plateros, de los Torneros o de los Estereros, porque allí estaban establecidos artesanos de estos oficios. De la igual manera que los templos y monasterios dan nombre a las calles donde se ubican. Carmen, Capuchinos, San Francisco, San Miguel, San Juan, Santa Clara, Santa María de Gracia, etc. funden su nombre con el templo o convento religioso correspondiente.

Para terminar, y a título de curiosidad, diremos que en estos lugares, hasta el año 1870 y coincidiendo con la festividad de la Virgen de la Merced, que en siglos pasados se celebraba el 15 de agosto, tenía lugar la segunda de las ferias que por privilegio de Alfonso X el Sabio fueron concedidas a Jerez.  Nos vamos a permitir reproducir un curioso bando del alcalde de la ciudad con motivo de esta feria en el barrio de la Merced en 1763, decía así:

            1º “Que los coches de la feria entrarán de uno en uno desde Santiago a dar la vuelta por el muro al llegar frente al convento de la Merced.
            Que por ningún motivo separen en las aguardienterías parte que desde fuera los vean beber.
            3º Que el ganado de cerda se ponga exclusivamente en el Muro pegado a la muralla.
            4º Que las tiendas o tendajos se pondrán en la calle la Merced de forma que no quiten el tráfico.
            5º Que los turroneros y alfajoreros tendrán en alto y a la vista sus mercancías y sus precios.
            6º Que bajo ningún pretexto se pongan las mujeres a despachar en los puestos de aguardientes
            7º Que los alambiques o bodegas establecidos en la calle Muro tendrán cerradas las puertas que den a esta calle.
            8º Que durante la dicha feria no se canten en ella coplas deshonestas, de vallas[4] ni otras.
            9º Que dado el escándalo que se viene dando en el reducto de Santiago no se permita esto ni a hombres ni mujeres.
            10º Que no se permitan los juegos de las bolillas donde se gastan el dinero los hombres y luego no pueden comer ni ellos ni sus familias.
            11º Que mientras se celebra la misa en el convento de la Merced no se pueda vender nada hasta pasada una hora.
            12º Que en la venta de cochinos no se permitan chalanes o corredores que sean castellanos.
            13 Que los puestos de buñuelos se pongan en los portales o accesorias para no estorbar el paso.
            14º Que no se dé fiado géneros o comestibles a criados o domésticos pues pudiera ser mentira dicha orden”.
           15º Que tampoco se les de fiado a los soldados porque desertan cuando la deuda sube mucho y no tienen con que pagar
Antonio Mariscal Trujillo
Centro de Estudios Históricos Jerezanos



[1] El lienzo de muralla existente frente a La Merced fue conocido en tiempos pasados como: “muro de la cabra coja”
[2] Todos los monasterios masculinos de la ciudad se alzan a extramuros, a excepción del de los Carmelitas, sin embargo, los femeninos, todos se hallan a intramuros, salvo el de las Clarisas de Madre de Dios.
[3] Noticias del Convento de la Merced Calzada de Jerez de la Frontera, Centro de Estudios Históricos Jerezanos, Tetuán 1941
[4] Coplas que faltan a la consideración y el respeto debido.

(*) Artículo que fue traducido al italiano y publicado en la Web de la Orden Mercedaria de Roma

JEREZ DE LA FRONTERA, DOS MUNDOS

Uno de los mejores documentales sobre la ciudad de Jerez de la Frontera que se haya realizado en los último tiempos. Véalo hasta el final, se sorprenderá. Pulsa este ENLACE

Rafael Bellido Caro, Obispo


BELLIDO CARO, Rafael. Arcos de la Frontera, 1924 – Sevilla, 2004. Obispo de Jerez.

        Nacido el 10 de marzo de 1924, estudió bachillerato en el colegio de Ntra. Señora de las Nieves de su ciudad natal. Muy pronto sintió que su vocación iba por la vida religiosa, por lo que a la edad de 17 años ingresó en el Seminario Metropolitano de Sevilla, donde cursaría estudios de filosofía y teología, recibiendo la ordenación sacerdotal de manos del cardenal arzobispo de Sevilla D. Pedro Segura Sáez.

Sus primeros años de vida sacerdotal los pasa en Sanlúcar de Barrameda, donde fue profesor y director del Seminario Menor de dicha ciudad y después del Colegio Nuestra Señora de los Reyes en Bonanza. Posteriormente es destinado como párroco a la de San Andrés en Sevilla. Pasó más tarde como profesor y formador al Seminario Mayor de San Telmo, siendo designado a la vez delegado diocesano de suburbios y consiliario de las ramas juveniles de Acción Católica Diocesana.

Durante 14 años fue capellán de las religiosas Irlandesas de Castilleja de la Cuesta y profesor numerario de religión del Instituto San Isidoro de Sevilla. Pero su labor más destacada en la capital hispalense fue la del apostolado seglar en sus distintas facetas. Por un lado la Acción Católica en el ámbito rural, y por otro, las hermandades y cofradías, donde durante nueve años y como presidente adjunto de su Consejo, desarrollaría una destacadísima labor.

El 1 de diciembre de 1973, Pablo VI lo elevó a la prelatura nombrándole Obispo Auxiliar de Sevilla con dedicación especial a la zona gaditana del Arzobispado Hispalense. Fue consagrado por el cardenal D. José María Bueno Monreal el día 30 del mismo mes, en la parroquia de Santa María de Arcos, haciendo su entrada oficial en la zona pastoral de Jerez el día de Reyes de 1974. Es a partir de este momento cuando comienza a consolidarse lo que será la futura diócesis de Jerez. En 1980 se crea por fin la nueva diócesis de Asidonia-Jerez y monseñor Bellido pasará a ocupar el cargo de Obispo de la misma.

Veintiséis años se mantuvo al frente de su ministerio en Jerez, destacándose siempre por un profundo amor a todos los estamentos de la sociedad, muy especialmente a los pobres, marginados, drogodependientes, parados y enfermos. Rafael Bellido fue siempre un hombre bueno, sencillo, humilde, enemigo de pompas y boatos, querido por la inmensa mayoría de sus feligreses y, también, por que no decirlo, denostado por unos pocos que nunca comprendieron algunas de sus decisiones.

El 15 de octubre de 1999 el Ayuntamiento de Jerez en un pleno extraordinario acordó concederle el título de Hijo Adoptivo de la ciudad, en reconocimiento a los méritos contraídos durante sus veinticinco años de ministerio. También acordó rotular con su nombre una calle cercana a la Catedral.

De entre sus escritos pastorales caben destacar: Iglesia en marcha, dividida en tres partes (diciembre 1988, octubre 1997 y diciembre 1998); Sobre el diaconado permanente en nuestra diócesis, (octubre 1992 y octubre 1993); y Reflexiones sacerdotales, amén de su Carta del Obispo que puntualmente podíamos leer cada domingo en la prensa local.

En 1999, al cumplir 75 años de edad, presentó al Papa su disponibilidad para ser sustituido en su cargo en el momento que la Santa Sede lo estimara oportuno. La sustitución tuvo lugar un año después, cuando el 29 de junio de 2000 se dio a conocer la designación como nuevo Obispo de la Diócesis de Asidonia-Jerez de don Juan del Río Martín. A partir de ese momento, D. Rafael Bellido fijó su residencia en un pequeño piso de Castilleja de la Cuesta en Sevilla donde vivían sus hermanos. A finales de febrero de 2004, una dolencia cardiaca requirió su ingreso en el Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla, donde fallecería el día 16 de marzo de ese mismo año, siendo enterrado junto a su madre en el Cementerio de la Merced. Desde diciembre de 2012 sus restos descasan en la Catedral de Jerez.

De mi libro: Jerezanos para la historia

Francisco Lorente Roldán, pintor


LORENTE ROLDÁN, Francisco. Jerez, 1905 – Madrid, 1945. Pintor. Foto: Album familiar de R. Lorente

   Nace este afamado pintor jerezano en la casa de las cadenas, antiguo palacio de los Morlas y Melgarejos de la calle San Juan, el día 18 de julio de 1905, siendo el segundo de una numerosa familia compuesta por nueve hermanos.

     Sus primeros estudios los realiza en el colegio de las Carmelitas de la plaza de San Marcos, pasado luego a realizar los de bachillerato en el Instituto P. Luis Coloma de la Alameda Cristina. Acabados dichos estudios, se prepara durante unos meses en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad, siendo esta la única academia a la que asiste en toda su vida, por lo que su formación pictórica puede decirse que fue plenamente autodidáctica. Su primer estudio de pintura lo establece la plaza de San Andrés, trasladándose más tarde a Pescadería Vieja junto a la plaza del Arenal.

     Poco tiempo permanecería en Jerez, ya que en 1926 cuando contaba 21 años de edad se marcha a Madrid para cumplir su servicio militar y allí se establecería definitivamente. Parece ser, que al conocer sus mandos militares sus cualidades artísticas, lo licenciaron anticipadamente para que pudiese ejercitar sus dotes como pintor. Acto seguido abrió un estudio en Bravo Murillo 25.

      Durante sus estancias en Jerez, en dos ocasiones al año, solía frecuentar el desaparecido Café Fornos de la calle Larga, donde se reunía a diario en una tertulia siempre rodeada de pedigüeños, ya que el pintor tenía fama de ser muy desprendido y generoso. Tocaba la guitarra, cantaba flamenco y a veces escribía algunos apuntes poéticos llenos de frescura, ingenuidad y de un profundo lirismo pictórico.

Paco el pintor, como era cariñosamente conocido por sus amigos, murió en la flor de su vida a los 39 años de edad cuando estaba preparando su próxima boda. Dejó una obra magnífica y, para orgullo de Jerez, un nombre aureolado de gloria. Su obra pictórica se conserva casi por entero en manos de particulares, de las mismas citaremos: La familia y el mar, Descendimiento, El segador, Bodegón, Gente marinera, La echadora de cartas y Florero.

De mi libro: "Jerezanos para la historia" Editorial Tierra de Nadie, Jerez 2011

FLAMENCO EN ESTADO PURO, AÑOS 50, Tía Juana la del Pipa, Capullo de Jerez, Tio Gregorio el Borrico Extraido del documental "An Andalucian Journey"
Pulsa este ENLACE

Viejos cafés y tabancos de Jerez



DE LOS VIEJOS CAFÉS Y TABANCOS DE JEREZ

         Muchos fueron los bares afamados y desaparecidos en el Jerez del pasado siglo XX. Algunos siempre fueron recordados y añorados por muchos de nosotros y también por la generación que nos ha precedido. Establecimientos que fueron auténticas instituciones en nuestra ciudad y que dejaron recuerdo a propios y extraños por tres motivos: su ambiente, su cocina, su clientela y su dueño. Salvo en contadas excepciones estos negocios suelen acabar a la vez que su iniciador, ya que en pocas ocasiones pasan a una segunda generación y mucho menos a la tercera, hay excepciones. Pero remontémonos a la primera mitad del pasado siglo y veamos algunos:

La taberna de El Clavo
         Un artículo publicado en 1928 en el viejo periódico El Guadalete  decía que la vieja taberna de “El Clavo” había cerrado sus puertas después de muchos lustros. Hemos podido saber que dicho establecimiento fue propiedad de un personaje llamado Frasquito Fernández, el cual era ayudado por dos o tres mozalbetes de quince años, siempre vestidos con pantalones bombachos al estilo “charlestón”, camisa blanca remangada hasta los codos y chaleco oscuro. Al parecer fue un establecimiento que siempre tuvo magnífica clientela y visita obligada cuando la gente volvía del cementerio de Santo Domingo después del entierro de algún amigo o familiar, por aquello de que: “El que va a un entierro y no bebe vino el suyo viene por el camino”

         Allí se pedía el vino pero no así la tapa que estaba incluida en el precio. Ésta era servida por un orden estricto e implacable. El primer vasuco no tenía derecho a tapa alguna y había que tomarlo a “palo seco”; el segundo se acompañaba de carne mechada en salsa; el tercero con sábalo del Guadalete en adobo u otro pescado frito. Con el cuarto vaso de vino, he aquí su afamada especialidad, ponía bacalao con tomate. Este último manjar era tan exquisito y había adquirido tal fama que incluso muchos forasteros decían que cuando a Jerez llegaban iban a El Clavo sólo para degustarlo, no sin haber tomado previamente los tres correspondientes vasos de vino de Jerez, ya que el célebre Frasquito juraba por su madre que ni por un millón se saltaría la norma. Como en aquellos tiempos las damas no podían pisar este tipo de establecimientos, cuando alguna señora de postín se le antojaba saborear aquel manjar, no tenía otro remedio que mandar a varios de sus criados a tomarse los cuatro vasos de vino correspondientes y guardar en un cacharro el bacalao para la señora.

     Se cuenta una historia, de la que no hemos podido contrastar su verosimilitud, que cuando en 1928 derribaron el edificio en el que se enontraba esta taberna, al excavar un muro apareció un recipiente de cobre en cuyo interior había nada menos que treinta kilos de monedas de oro acuñadas en 1654, las cuales fueron depositadas  en el Ayuntamiento..


  
El Fornos
         Pero sin lugar a dudas el café más memorable de Jerez durante la primera mitad del siglo XX fue el Café Fornos. Estaba situado en los bajos de una hermosa casa  de la calle Larga que hacía esquina con plaza del Banco. Establecimiento siempre recordado y añorado por nuestros mayores y lugar reunión y tertulias de poetas, pintores y artistas en general.

         El edificio donde estaba situado dicho Café, similar al que hace esquina con la calle Algarve, fue construido por un señor llamado Rafael Torregrosa, invirtiendo para ello parte del capital que había traído de América. En los bajos de dicho edificio otro señor llamado Blas Gil instaló  en 1900 un café-cervecería al que denominó “Los Cisnes”, encargando para ello a una empresa de Zaragoza la decoración del local, el cual fue montado con todo lujo y bellamente decorado con artísticos espejos Dicho señor era dueño de un hotel del mismo nombre en el nº 53 de la propia calle Larga. El establecimiento estuvo posteriormente arrendado hasta 1922 a  un tal Agustín Pérez, quien parece ser fue el que le cambió su primitivo nombre por el de “Fornos”. Luego durante tres años fue regentado por Tomás Vergara, quien en 1925 lo traspasaría a Manuel Calero el cual instaló un servicio de restaurante. Es obligado decir que un hijo del Sr. Calero, prestigioso médico endocrinólogo de Cádiz, nos facilitó hace años algunos los datos aquí expuestos. Al morir Manuel Calero y después de unos años regentado por su viuda, ésta lo traspasó en 1937 a su último propietario, don Agustín Corrales y Rodríguez de Medina. Aquel afamado y emblemático Café jerezano, tantas veces recordado por nuestros mayores cerró definitivamente sus puertas el 24 de marzo de 1946. El bello edificio que lo albergaba fue vendido al Banco de Vizcaya quien procedió a su demolición edificando en su solar una nueva y anodina construcción de blanca fachada, anterior al que actualmente ocupa el lugar. Si aquel viejo y evocador café hubiese llegado hasta nuestros días, sería para Jerez lo que el Café Gijón es para Madrid o el Gambrinus para Nápoles: todo un emblema de la ciudad y un lugar de referencia para propios y extraños.
Interior del viejo Café Fornos
 De los viejos colmados de aquella época, en la actualidad y como reliquia salvaguardada por el paso del tiempo y que conserva todo el sabor de antaño, solamente queda la ya centenaria “Parra Vieja” de la calle San Miguel. Establecimiento fundado en 1888 por un montañés llamado Ceferino Marina Montes.


Otros bares de antaño
         Ya en época más cercana a nosotros y en la época de la posguerra recordaremos aquellos bares y cafés que le daban ambiente y sabor a nuestras calles más céntricas En el recuerdo, aquellos entrañables  establecimientos situados en torno a la calle Larga como fueron: “La Española” situado justo donde hoy de encuentra el edificios del Banco de Andalucía. “Los Caracoles” del inolvidable Joaquín que luego se trasladara a la Lancería y que hacía la mejor ensaladilla del mundo. “La Granja Soler”, que maridaba el más exquisito café con los mejores pasteles. “El Nuevo Bar” y sus buenos pescados y mariscos, entre los que se incluían los percebes y las ostras, algo casi desconocido y al alcance de muy pocos en aquellos tiempos. El pequeño pero elegante “Bar Pepín”, o “Los Gabrieles” con sus increíbles tertulias taurinas. “La Moderna” de la Lancería, bar de poetas y escritores, donde se gestara el recordado grupo Atalaya de poesía con Manolo Ríos Ruiz, Juan de la Plata, Manolo Pérez Celdrán o Sebastián Moya (Cachirulo). O aquel pequeño gran bar “La Venencia”, lugar de cita de los “bancarios” y donde se podían degustar los mejores desayunos de todo Jerez. Y qué decir del acreditado “Bar Antolín” o “Las Siete Puertas” en la calle San Cristóbal. De aquellos entrañables establecimientos actualmente tan sólo sobrevive la popular Moderna de la calle Larga.

Tabancos eran en Jerez
         Pero no podemos hablar de estos temas sin evocar a otros establecimientos de bebidas que antaño fueron también una verdadera institución, los tabancos. Un tabanco jerezano, siempre lo dijimos, nunca puede confundirse con una taberna, porque en las tabernas la gente iba a emborracharse y el vino era malo, “espirriaque”. Por el contrario en los tabancos se solía beber buen vino y la gente iba a conversar, y lo hacían en un lenguaje que muchos presumen de saber pero que pocos conocen. Hablaban en jerezano. De estos actualmente solamente quedan dos: El Pasaje de la calle Santa María y el Tabanco San Pablo, los cuales, aunque conservan su primitiva fisonomía, se han transformado en bares al tener tapas y cocina, cosa que nunca existió en un tabanco jerezano.

         De aquellos tabancos desaparecidos nos viene al recuerdo “La Pandilla” en calle Valientes. Todo decorado con las “esqueletomaquias” que el recordado émulo de González  Ragel, Luís Mateos, pintara en paredes y mostrador. Y sus creativos y ficticios carteles de toros en los que figuraban como matadores los nombres de muchos de los asiduos al establecimiento con sus simpáticos apodos, así como las caricaturas de muchos de ellos. Aquel tabanco tenía una particularidad, y era que junto al vino de Jerez se servía valdepeñas. Un valdepeñas que, guardado en barricas de roble envinadas con jerez, se convertía en pocos meses en el más exquisito de los tintos. Desde unos odres de barro, el vino tinto se hacía pasar por un serpentín en la nevera, y de ahí salía al vaso a su exacta temperatura Y claro, siempre mezclado con sifón de el de antes era una delicia veraniega.

         Podríamos seguir hablando de muchos de nuestros tabancos, como “La Jarra”, la “Viña T”, la Taberna Jerezana de la calle Doctrina o los denominados “Número1”. Pero terminaremos con el último que cerró sus puertas en Jerez y con el que desaparecieron para siempre estos tradicionales establecimientos jerezanos, me refiero al “Tabanco del Nono” en Plaza del Arenal. Era viejo, muy viejo, todo en él era rancio, cutre y obsoleto; todo, excepto su artístico y polvoriento mostrador de caoba tallada. Ahora que eso sí, conservaba todo el encanto de lo pretérito. Su propietario, que siempre tuvo fama de ser un buen taxidermista, lo tenía “decorado” con aves llenas de polvo de diversas especies disecadas por el mismo. Ello no espantaba a palomas y gorriones, que entraban por la puerta del tabanco como “perico por su casa” a comer lo que su propietario les ponía en el mostrador. Paradójicamente allí se bebía principalmente manzanilla de Sanlúcar. Pero lo mejor que tenía era su clientela. Sentarse en uno de sus viejos bancos con un vaso de vino en la mano nos hacía vivir una experiencia singular, que no era otra que el oír las conversaciones de sus parroquianos. Ellos si que hablaban en jerezano. Como hecho anecdótico contaré que una vez tuve la ocasión de tomar allí unas copas con el propietario de una importante bodega de Jerez. Yo le decía: si alguien te ve tomando manzanilla en un tabanco “cutre” como este teniendo en tu bodega lo mejor de Jerez, seguro que no creerá lo que ve.  Si contestó, pero es que a esta buena gente solamente la puedo oír aquí. El Nono cerró sus puertas definitivamente hace cuatro años y con ello una tradición que creemos no volverá y que fueron los Tabancos de Jerez.

Antonio Mariscal Trujillo
        

Viejo puente de Cartuja


El viejo puente de Cartuja


     En el año 2006 fue inaugurado el moderno puente que en la carretera de Medina cruza el río Guadalete una vez se rebasa el monasterio de la Cartuja y que sirve de inicio a la autovía Jerez-Los Barrios. Al ver tan magnífica obra de ingeniería en la que se han utilizado las más modernas técnicas y materiales para que pueda soportar intenso tráfico  y pesados tonelajes, no tenemos más remedio que asombrarnos al ver como el otro, el viejo puente de Cartuja, construido hace siglos para que por él pasaran carretas, caballos y caminantes, haya soportado firmemente hasta nuestros días, no sólo el paso del tiempo, sino la pesada maquinaria de los actuales.

     Su magnífica y sólida construcción de sillería está compuesta por seis grandes arcos en su parte central y otros seis más pequeños en sus extremos. Antes de su edificación, parece ser que existían en el lugar unas especies de alcantarillas por las que circulaba el agua del río, pasando el  camino por encima de ellas. Claro que en épocas muy lluviosas no había más solución que pasar en barca, ya que el caudal del río desbordaba por completo el vado. Sobre la construcción de este viejo y entrañable puente son escasas las fuentes documentales de que disponemos si exceptuamos los recientes trabajos del investigador Manuel Romero Bejarano. El historiador Portillo dice que se comenzó a construir por orden del Ayuntamiento de Jerez en 1563, siendo rematado en 1591. Sin embargo, hemos encontrado noticias referentes a un acta capitular, en la que consta que en 1527 se le paga la tercera parte de 12.000 maravedíes que le correspondían cada año  a un tal Fortún de Ximénez, por la maestría de fabricar un puente en el vado de Medina.
        
     El viajero ilustrado Antonio Ponz en su Viage de España (sic), coincide en la misma época, ya que al referirse a este puente apunta que su construcción fue bajo el reinado de Felipe II.

     En 1755 este puente, al igual que muchos edificios de nuestra ciudad, sufrió los efectos del famoso terremoto de Lisboa, quedando en condiciones muy precarias. Por esta causa, dos años después, se hace un proyecto de reparación, cuyo coste se eleva a 918.525 reales de vellón. Para proveer dicho importe, se promulga una real disposición que obliga a contribuir a todos los pueblos existentes en 20 leguas a la redonda, siendo la ciudad de Cádiz la que aporta la mayor contribución. Esta fue de 115.776 r. v.. La aportación de Jerez fue de 29.770 r. v..

     Pero a pesar de todo,  numerosos serían los problemas e inconvenientes que habría de encontrar esta necesaria reparación, ya que no es hasta cinco años después cuando definitivamente se inician las obras de consolidación de este importante paso. En esta ocasión se designa para dirigir los trabajos al entonces arquitecto mayor de Cádiz, Torcuato Cayón de la Vega, autor de la magnífica cúpula de la Catedral de Jerez.

 .   El antes citado historiador Portillo nos da cuenta también del denominado Ventorrillo de la Cartuja, situado junto a este puente. Dice en sus Cartas a don Bruno Pérez, que es raro el día en que no haya en el mismo alegría, bromas y baile con la viveza propia de esta tierra andaluza con pandereta,  guitarra y castañuelas. Portillo también nos describe una clientela compuesta por contrabandistas que van y vienen a Gibraltar a lomos de buenos caballos, adornados con gallardos arreos, entre los que no faltan un par de trabucos. Añade también, que poseen caudal inagotable de canciones y romances antiguos sobre los moros y que con ellos aligeran sus continuas fatigas. Dicho ventorrillo permanece actualmente en el mismo lugar en la margen izquierda del río, habiendo sido reformado y modernizado tal como requieren los tiempos modernos. Se conserva aunque transformado, la casa pósito de un antiguo molino hidráulico para la fabricación de harina, el cual fue construido durante el último tercio del siglo XVI por el municipio. Presenta en su fachada los escudos de la ciudad y una inscripción referente a su conclusión en 1592

     Por último y antes de terminar, vamos a dejar que hable de este lugar un poeta jerezano-musulmán llamado Del qadi de Sharis Ben Lubbal, quien en el siglo XIII, con motivo de unas fiestas que tenían como escenario nuestro histórico río y, en las que era costumbre hacer navegar corriente abajo multitud de pequeños barquitos con velas de colores encendidas, decía esto:

  “Mira, ¡por vida mía! Los barcos que se lanzan a la carrera, como corceles que vienen uno tras otro.
  “El cuello del río estaba antes desnudo; mas ahora, en la tiniebla de la noche, está lleno de alhajas.
   “Las luces de las candelas brillan como luceros, y sus reflejos parecen lanzas hundidas en el río.
  “Los barquitos huyen, con los pies de sus remos, de los bajeles que avanzan, con el ala de sus velas, como escapa la liebre temerosa del halcón.”

     Hasta aquí la historia. Hace años que al venerable y entrañable Puente de Cartuja, cual laborioso y viejo artesano, le llegó su bien merecido retiro. En la última década, un joven sólido, fuerte, ancho y vigoroso, hijo de la moderna tecnología del acero y del hormigón, ocupa  el puesto que con todo mérito y dignidad mantuvo durante siglos el viejo puente de piedra.

      A su sombra y bajo sus ojos de color turquesa, ¡cuántas veces llegamos a rememorar las gestas heroicas de esta bendita tierra! La fecunda y calenturienta imaginación juvenil, del todo apasionada por la historia, nos llevaba vivir cada tarde la angustia de don Rodrigo traicionado por don Oppas con el trágico espectáculo de un ejército aniquilado y un reino perdido. Al dejar volar nuestra mente, no podíamos evitar ver también a las huestes de un Abu-Melek derrotado, emprendiendo una penosa retirada hacia el Estrecho; mientras, el caballero Diego Fernández Herrera, herido de muerte, cabalgaba por el camino del Baladejo hacia su casa de la plaza del Mercado. Y es que la placidez de aquellas tardes de verano después de un reconfortante y prohibido baño en las limpias aguas del Guadalete, nos permitía viajar por la historia a bordo de la más hermosa máquina del tiempo que jamás se hubiese creado: nuestra imaginación.

     Ahora el entrañable y viejo puente ha vuelto de nuevo a ser paso de niños, de hombres, de carretas y de borriquillos. Ahora se ve mucho más hermoso si cabe. Ya no es puente, ahora es monumento querido y mucho más, ahora es  pórtico y arco triunfal de las tierras de la Aina.

De mi libro Alrededor de Jerez



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RITO Y GEOGRAFÍA DEL CANTE, EL VINO Y EL FLAMENCO
Jerez y el Flamenco en estado puro, su vino y su cante. Pansequito, Carmen Linares, Antonio Mairena, Manuel Morao, Perico el del Lunar, Tía Juana la del Pipa. Película grabada en 1973, pulsa este ENLACE, pon la pantalla grande, sube el volumen de los altavoces y disfruta.

HERMANO TOMÁS


BENGOA LARRINAGA, Ezequiel. Hermano Tomás. Dima, (Vizcaya) 1886 – Griñón, (Madrid) 1984. Religioso lasaliano.

      Todavía hoy perdura el recuerdo en Jerez de aquel venerable Hermano de la Salle de pelo blanco y rostro bondadoso, a través del que se traslucía un alma llena de santidad. Su inconfundible figura, siempre vestida con el traje talar propio de su congregación, fue algo familiar por las calles de nuestra ciudad. Niños y mayores se acercaban a él para besarle la mano allá por donde se lo cruzaran. Veintisiete años permaneció en nuestra ciudad, primero en la Escuela de San José de la calle Porvera, y luego en la del Sagrado Corazón en el Mundo Nuevo. En dicho período educó y formó para la vida a miles de jerezanos que jamás pudieron olvidar sus enseñanzas. Su carácter afable y cariñoso, serio, sencillo y siempre abierto a oír y ayudar a todo el mundo.

      Nació el Hermano Tomás el día 10 de abril de 1886 en un pequeño pueblo vasco llamado Dima en la provincia de Vizcaya. Su padre, Vicente Bengoa, un humilde labrador que enviudó al nacer el quinto de sus hijos, luchó con denuedo para poder sacarlos a todos adelante. Con pocos años Ezequiel comenzó a ir al colegio, un colegio que como en todos los de España se impartían las clases en castellano, idioma que él no comprendía, pues nunca oyó otra lengua que el vascuence, por lo que en el colegio, como él decía, tenían que valerse de un traductor durante los primeros meses de enseñanza.

      Cuando contaba 14 años de edad, la llamada de la vocación le sonó muy fuerte, tras una visita que hizo con su padre a Bilbao para ver a su hermano mayor, que era ya religioso de las Escuelas Cristianas. Poco después haría su ingreso en el seminario de Bujedo donde permanecería hasta 1904, fecha en la que concluido su período de formación, es trasladado la Escuela de San José en Cádiz. Al año siguiente fue destinado a Madrid, de allí a La Felguera y nuevamente a Madrid, pero ya como director. Vuelve a Bujedo en Burgos, de donde marcha a Griñón. En este último destino le coge el estallido de la Guerra Civil, la cual pasará de cárcel en cárcel y de checa en checa, sufriendo vejaciones, calamidades y siempre amenazado con el paredón. Vivió aterrado el asesinato muchísimos religiosos, entre ellos su hermano Juan Antonio, el cual sería fusilado en Paracuellos del Jarama junto a otros centenares de personas sólo por su condición religiosa.

      En 1948 el Hermano Tomás llega Jerez, ciudad en la que habría de permanecer durante casi tres décadas. Aquí, como en otros lugares por donde pasó, dejaría huella profunda entre los jóvenes que tuvieron la fortuna de formarse con tan ejemplar maestro. Primero como director de la Escuela de San José y posteriormente en la del Sagrado Corazón. A esta última llegó en 1954 con la ilusión de ampliar las posibilidades educativas de aquel, entonces apartado barrio conocido como Mundo Nuevo, con una escuela de formación profesional, dado que la única existente en Jerez era la de los Salesianos, situada ésta en el otro extremo de la ciudad.

      El primer obstáculo que debería superar era el de la compra de un campo anexo al colegio. Pero de momento no podía contar con ello, ya que sus propietarios se negaban a venderlo. Un día surgió el milagro: los dueños de la finca le ofrecieron todo el terreno que necesitara a un precio de favor, a 75 pesetas el metro cuadrado. Habían comprendido que se trataba de una obra tan laudable como la de educar a la juventud de aquel barrio. Pero se hacía necesario otro milagro, el dinero para construir. De modo que el Hermano Tomás se fue a ver al marqués de Domecq siempre favorecedor de la obra lasaliana en Jerez. Y el marqués le prestó un millón de pesetas que, al acabarse y estando lejos de verse terminada la obra, obligó al Hermano Tomás a volver a requerir su ayuda. En esta nueva ocasión le prestó otro millón y le condonó la deuda anterior. Ello unido a varias donaciones anónimas, entre ellas una de doscientas mil pesetas y una ayuda de quinientas mil enviada por el ministro de Educación, el jerezano Lora Tamayo, hicieron posible la total realización de tan anhelado proyecto. Las obras finalizaron el 21 de octubre de 1964.

      En julio de 1965 llegó la noticia de que el Ministerio de Educación había concedido al Hermano Tomás la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio, como recompensa a toda una vida ejemplar dedicada a la enseñanza. Al mes siguiente todo Jerez le tributó un gran homenaje al que asistieron autoridades, compañeros, claustro de profesores del Instituto P. Luis Coloma y académicos de la de San Dionisio. Por su parte, el secretario de Ayuntamiento dio lectura al acta por la que se le nombraba Hijo Adoptivo de la ciudad, así como la rotulación con el nombre de Hermano Tomás Bengoa a una calle del barrio de Vallesequillo, cercana al colegio del Sagrado Corazón.

      El 13 de enero de 1975 cuando ya contaba con 89 años de edad, el Hermano Tomás abandonaría para siempre nuestra ciudad. Le había llegado la hora del retiro. Acompañado de otro hermano marchó a Griñón, aquella residencia lasaliana que en ocasiones había calificado como “antesala del cielo”. Allí permanecería nueve años más colaborando en forma activa hasta pocos días antes de su muerte ocurrida el 9 de diciembre de 1984.

Fuentes y bibl.: Hermano Ezequiel Bengoa Larrinaga, autobiografía, archivo Colegio La Salle-Buen Pastor, Jerez; AMJF, Archivo histórico reservado 19, 7. Otros testimonios de personas que le conocieron y recuerdos personales del autor.
Foto: Archivo Colegio La Salle-Buen Pastor.

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