SPOT PARA LA CANDIDATURA DE JEREZ COMO CIUDAD EUROPEA DEL VINO. No dejen de verlo
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En esta página encontrarás evocadoras fotografías antiguas procedentes de mi archivo particular, así como otras actuales de las que soy autor. También vídeos, artículos, curiosidades y otros trabajos relacionados con la historia de Jerez de la Frontera (Spain), e información sobre los libros que hasta ahora tengo editados.
In this page you will find evocative ancient photographies proceeding, as well as different current of my file particular of that I am an author. Also videoes and articles related to the history of Jerez (Spain) and information about the books that till now I have published
No están reservados los derechos de autor. Puedes copiar lo que quieras, aunque es preceptivo citar la fuente.
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Jerez en la música española
ROMANZA DE LA ZARZUELA DON GIL DE ALCALÁ
PASODOBLE-MARCHA DE LAS CORSARIAS, BANDERITA
En tierras de Jerez
LAS TRES COSAS DE JEREZ.
Zarzuela en un acto original de Carlos Fernández Shaw y Pedro Muñoz Seca. Música del maestro Vives. Estrenada en el Teatro Eslava de Madrid el 30 de abril de 1903.
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Zarzuela en un acto original de Carlos Fernández Shaw y Pedro Muñoz Seca. Música del maestro Vives. Estrenada en el Teatro Eslava de Madrid el 30 de abril de 1903.
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El "Concierto de Jerez" de Manuel Morao. Se estrenó en el Teatro Villamarta en 1974 ofreciéndose después en diversos escenarios españoles. La única grabación del mismo la hizo en directo Radio Popular el día de su estreno, de dicha grabación la Universidad de Cádiz editó este CD en el año 2010.
LA MARQUESITA, zarzuela en dos actos reestrenada en Jerez en el teatro Villamarta el 29 de abril de 2024
ESPAÑA-JEREZ pasodoble
Ermita de la Ina
LA ERMITA DE LA INA
Un lugar histórico
Foto: A. Mariscal
Esta ermita posee sobre todo el gran
mérito de ser un notable ejemplar de la más pura arquitectura mudéjar, con
el valor añadido de ser también el templo cristiano más antiguo de todos los
que se conservan, no sólo en Jerez, sino en toda nuestra provincia Un hecho
extraordinario acaecido en 1839, causó enormes desperfectos en la capilla y
casi estuvo a punto de hacerla desaparecer del mapa. Resulta que un fortísimo
tornado elevó con su enorme fuerza toda el agua de una laguna cercana
arrojándola contra la Ermita
y sus alrededores, arrancando el campanario, destrozando techos, tabiques y
puertas, causando gran susto entre los lugareños. A pesar de ello, la ermita
fue reconstruida y, según nuestras noticias, hasta el año 1880 se celebró culto
en ella, sostenido bien por el Ayuntamiento, bien por los vecinos del lugar. Es
a partir del citado año cuando la edificación se dedica a casa de labor y
cuadra, quedando durante muchos años en tan lamentable estado de abandono que
hizo temer por su desaparición.
En 1927 siendo alcalde de
Jerez D. Federico Ysasi y Dávila, el Estado
incoa, al parecer por error, expediente de subasta de la Ermita de Ntra. Señora de la Ina al figurar en su
inventario como "bienes enajenables procedentes de la Cartuja ", Debido a
ello, el Ayuntamiento tiene que iniciar un recurso para demostrar que la misma
aparece exenta a perpetuidad como capilla pública, siendo propiedad del Excmo.
Ayuntamiento de Jerez, así como seis
aranzadas de tierra dedicadas a descansadero y ejido desde tiempo inmemorial.
Afortunadamente, a mediados
de los años sesenta tras décadas de vicisitudes, la Diputación provincial,
entonces presidida por D. Álvaro Domecq y Díez, se hizo cargo de su
rehabilitación, emprendiéndose las obras necesarias que culminaron con su
reapertura al culto. Por si acaso algún
lector tiene interés en visitar esta reliquia del arte mudéjar, diremos que,
aunque en ella tienen lugar algunos cultos como bodas, primeras comuniones y
bautizos, generalmente no tiene horario ni día fijo de apertura, salvo en primavera que se celebra allí la misa parroquial los sábados a las 19 horas. Para su visita fuera de estos días es preciso ponerse de acuerdo con el párroco.
En noviembre de 2010, tras varios años sin alumbrado eléctrico, fue inaugurada
con toda solemnidad una nueva y artística iluminación de este templo. Dicha
actuación fue realizada de forma altruista por la compañía Endesa. Merece la
pena dar un paseo y acercarse por tan histórico y meritorio lugar. Nos
atreveríamos a decir que ningún jerezano puede preciarse de conocer plenamente
su ciudad sin haber visitado la
Ermita de la
Ina.
Como es sabido con este
mismo nombre de La Ina
existe en estos pagos un núcleo de población rural compuesto por unos
novecientos habitantes. A este respecto diremos que, el historiador Portillo
menciona una población situada entre esta ermita y el vado de Medina denominada Villa del Infantado. Dice
el citado historiador, que dicha aldea existía aún en 1416, sin que se sepa
cuando desapareció y por qué causas.
La antigua Judería de Jerez de la Frontera
Foto: A. Mariscal
Jerez
de la Frontera
es una ciudad situada en el sur de España, a mitad de camino entre Sevilla y
Gibraltar y a sólo 11
kilómetros de la Bahía de Cádiz. Con una población superior a los
doscientos mil habitantes, es cabecera de una amplia comarca agrícola poblada
de viñedos, que se extiende entre los ríos Guadalquivir y Guadalete hasta sus
desembocaduras en el océano Atlántico. Ciudad internacionalmente conocida,
entre otras cosas, por sus afamados
vinos y sus importantes ganaderías de caballos de pura raza española.
Los
orígenes de la ciudad de Jerez se pierden en la noche de los tiempos. Fenicios,
griegos, cartagineses, romanos, visigodos, árabes y judíos dejaron su huella y
su cultura en estas tierras. Importantes yacimientos arqueológicos como los de
Mesas de Asta, Gibalbín, Doña Blanca o Alcántara así lo atestiguan. Si bien sus
orígenes como ciudad en el lugar que hoy ocupa hay que datarlos en la época
islámica, sobre todo en el período almohade, que es cuando se construye su
extensa muralla defensiva y su Alcázar, alcanzando entonces gran importancia
económica, cultural y estratégica..
Hasta
estos momentos no se ha encontrado ningún documento que pruebe la existencia de
una aljama judía en la ciudad
almohade (siglos XI al XIII), y es muy
posible que no la hubiera, dado el carácter fundamentalista de esta
civilización islámica, tras de cuya invasión la población mozárabe de Jerez tuvo que convertirse al Islam o bien abandonar la
ciudad, entre ellos su Obispo y sus clérigos que hubieron de huir y refugiarse en Toledo.
En
mayo de 1264 la población mudéjar se
revela contra el Rey Alfonso X, y da
muerte a toda la guarnición que custodiaba el Alcázar. La reacción del monarca
no se hizo esperar. Poco tiempo después marcha con sus tropas hacia Jerez
poniéndole cerco. Así, el 9 de octubre de ese mismo año entra con sus tropas
por la puerta llamada de Rota, mientras por la del Real toda la población
musulmana parte camino de su exilio hacia Tarifa o el norte de África, llevando
solamente lo que pudieran cargar en sus asnos o mulos. De esta manera concluyen
cinco siglos de dominación musulmana en estas tierras. A partir de ese momento
la ciudad que fuera Sheris Sadunia
queda en “frontera” y habitada sólo por una guarnición militar, así como unas
escasas familias musulmanas que habían sido leales al Rey cristiano.
Dos
años más tarde la ciudad sería repoblada por más de un millar de familias
procedentes principalmente de los reinos de Castilla, Navarra y León, también
vinieron medio centenar de ellas del sur de Portugal, constituyendo estas el
llamado barrio del Algarbe. A todas se les dan casas más o menos buenas en
función de los servicios prestados a la corona.
En
esta repoblación también llegaron a Jerez 90 familias de origen y religión
judías procedentes en su mayoría de Castilla así como de otras poblaciones
andaluzas, las cuales se establecen en el interior del ángulo nordeste de la
muralla, donde ocuparon casas y solares antes propiedad de los musulmanes. La
mayoría eran artesanos y comerciantes. El
Libro del repartimiento cita incluso algunos oficios, así vemos que hay un
alfayate o sastre, un alamín o maestro de tejedores, un labrador y un carnicero
entre otros. Este es un tema perfectamente documentado gracias a la existencia
en los archivos municipales de la ciudad del anteriormente citado Libro del repartimiento, en el cual
constan los nombres de todos y cada uno de los nuevos pobladores y la casa o el
solar que les son adjudicados. Ello quiere decir que también están registrados
los cabezas de familia judíos que en ese año de 1266 se asentaron en Jerez, así
como la casa que les correspondió. En dicho manuscrito podemos leer que el
reparto de inmuebles en la Judería
fue de la siguiente manera: 7 casas buenas, 23 casas medianas, 77 casas
pequeñas, 7 solares, 14 corrales y almacenes, 2 bodegas y 2 establos. Además se
les entregó algunos edificios para uso común con destino a sinagoga, alhóndiga
y casa de la merced donde dar albergue a judíos en tránsito o rescatados de la
esclavitud.
La
judería jerezana fue durante el siglo XIII una comunidad de proporciones
medianas, similar a las de Niebla, Écija o Baeza, sin que pudiera compararse en
ese siglo con las de Sevilla o Córdoba. Pero la misma fue creciendo y se calcula
que la Judería
jerezana pudo albergar en el siglo siguiente hasta tres mil habitantes,
ocupando una superficie de tres hectáreas. Por ello sus calles serían estrechas
y abigarradas por las que no podrían cruzarse dos mulos cargados. Casas con su taller,
tienda o comercio y habitaciones para la familia, así como un pequeño corral en
su parte trasera donde criar gallinas, palomas o conejos para consumo familiar.
Muchos de los habitantes de la aljama
trabajarían fuera de ésta en distintos oficios, entre ellos se contaban los
almoxarifes del Rey, encargados de recaudar los tributos. Todos ellos volverían
a sus casas al caer la tarde, pues por la noche las puertas de la Judería eran cerradas
hasta el amanecer. Como detalle curioso, la historia cita a varios judíos de
profesión labrador, algo poco común, y es que en la zona de extramuros donde
hoy se alza el barrio de San Pedro, además del cementerio o fonsario hebreo,
había una buena extensión de tierra calma propiedad de algunos de ellos. La Judería por tanto debió de
ser una ciudad autónoma en el interior de la propia ciudad de Jerez.
Al
parecer los judíos jerezanos eran, salvo alguna excepción, gente de clase
modesta, ello se desprende del importe de sus impuestos con que contribuían a la Corona. Así por ejemplo,
en determinados períodos Sevilla contribuía con algo más de cien mil maravedíes
anuales; sin embargo, los judíos jerezanos con
la mitad de población lo hacían sólo con cinco mil.
Poseyó
la Judería de
Jerez dos sinagogas, cuyos emplazamientos están perfectamente localizados,
además de una alhóndiga y una madrasa
anexa a una de las antes citadas sinagogas. Todavía a principios del siglo XIX
podemos leer en el callejero local nombres como “Plaza de la Sinagoga ” o “Calle
de la Sinagoga ”.
Aún se conserva el nombre de Judería en una calle en la que existe un centro
comercial y de eventos emplazado justo sobre lo que en otro tiempo fuera una de
las citadas sinagogas. La otra, que estuvo situada a la mediación de la
actualmente calle Álvar López, cuentan las crónicas, se hundió arruinada en
1479 y ya no se volvió a reconstruir.
Para
terminar diremos que, en el año 1483 llega a Jerez una orden para que todos los
judíos salieran del territorio del Arzobispado de Sevilla al que pertenecía
Jerez. Desde ese momento algunos judíos comenzaron a vender sus bienes por
menos de la mitad de su valor. Para evitarlo, el Corregidor dio una orden prohibiendo a todo cristiano
comprar ninguna propiedad a los judíos,
con penas de azotes y cárcel al que lo hiciera. De esta manera se evitó que
aquella pobre gente malvendiera sus pertenencias. Además el Ayuntamiento eleva
un escrito al Rey exponiéndole el quebranto económico que supondría para la
ciudad el cumplimiento de la orden de expulsión. El rey accede y da una prórroga
de seis meses, cosa que no se cumplió y los judíos siguieron en Jerez hasta su destierro definitivo en 1492.
Actualmente
la antigua Judería jerezana ocupa uno de los lugares más céntricos de la ciudad
y, aunque no queda ni un solo vestigio de su pasado, conserva en parte su viejo
trazado de calles estrechas y trazado irregular. Quizás algún día lleguemos a
conocer los secretos que toda esa zona del corazón de la ciudad guarda bajo
una tierra que, a lo largo de los últimos diez siglos, ha visto pasar sobre
ella a tres civilizaciones.
Antonio Mariscal
Trujillo
Centro de Estudios
Históricos Jerezanos
Fuentes
y bibliografía: Libro del
Repartimiento de Jerez, manuscrito del siglo XIII, A.H.M.J. Muñoz Gómez, A. Nuevas memorias Judiegas, en El Guadalete, Jerez 1892. Ibídem, Noticia histórica de las calles y plazas de Jerez, Jerez 1903. Fita Fidel, La
Judería de Xerez,
en El Guadalete, 1888. Ibídem, Xerez de la Frontera , su judería en
1266. SANCHO SOPRANIS, H. Historia Social de Jerez de la Frontera a fin de la Edad Media; CEHJ, Jerez 1959. González Jiménez M. y González Gómez, A. Jerez de la Frontera en el siglo
XIII. CE.H.J., Jerez 1988. Bellido
Bello, J.F. ¿Por qué lloraron los
judíos al abandonar Jerez.?
Publicaciones de la C.A .J.,
Jerez, 1995.
Llegada a Jerez de los restos mortales de D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja
26 de Marzo de 1947. Archivo de NODO
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INTRAMUROS, Onda Jerez TV.
Programa especial realizado por Onda Jerez TV en el que se tratan varios de los temas relacionados con mi nuevo libro "La Historia pequeña de Jerez de la Frontera, en parte del siglo XX" con un magnífico montaje documental
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Aquella Plaza de Plateros
Plaza de Plateros a finales del siglo XIX
Aquella Plaza de Plateros
En plena canícula veraniega y sentado bajo la fresca sombra de sus grandes árboles en el velador de una cervecería, una imaginaria máquina del tiempo me trasladó hasta aquella otra plaza de Plateros de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, cuando la misma era lugar de obligado paso, ágora ciudadana, centro comercial abierto e imaginario patio de una casa de vecinos.
En la quietud y el silencio me recreé
en todos y cada uno de sus edificios, y recordé a mi padre, con su inmaculada
bata blanca, colocada sobre una impecable camisa, dejando asomar su bonita
corbata, y su medio siglo elaborando fórmulas magistrales como encargado de
aquella farmacia que fundara Onofre Lorente Roldán en el primer tercio del
pasado siglo. Justo al lado de la botica, la panadería de Consuelito, mujer
alegre y salerosa como ninguna, que hasta pudo haber sido mi madre, ya que la
madre de ella estuvo empestillada en casarla con mi progenitor cuando éste
apenas tenía 18 años. Cosa que no consiguió puesto que mi padre se enamoró de
una niña llamada Catalina que vivía encima de la farmacia, y que a base de
bajar muchas veces a llamar por teléfono consiguió su propósito.
Junto a la panadería, la frutería de
Mariano Ramírez, místico y cofrade, uno de los mejores vestidores de imágenes
que hubo en Jerez. En la puerta de al lado, la tintorería Amaya con su
encargada Lolita Calle, una mujer de bandera como se decía antes. Un poco más
allá Borga, de Bohórquez y García, donde se vendieron los primeros motocultores
mecánicos y los primeros Vespinos. O aquel Bar Victoria, regentado por Enrique,
un gallego “suigenéris” con el mejor café de Jerez y que por no arriesgar mucho
en su negocio sólo tenía una marca de vino: el fino Gaditano, así como dos
clases de tapas: filete a la plancha y caballa en aceite. En frente, junto a la
torre de la Atalaya ,
la barbería de los Manolos, como yo les llamaba y donde siempre había
antológicas tertulias en las que se hablaba de todo en animado coloquio.
Aquellos tres Manolos eran totalmente desiguales, uno alto y delgado, otro
bajito y rechoncho, y el tercero menudito y poquita cosa. El gordo muy hablador
y el bajito que repetía con sorna el final de las frases que el primero decía.
En la acera de enfrente, la Papelería Salido ,
del padre de los Salido Freire, con el Sr. Bárcenas como encargado de toda la
vida y el artista Pepe Guerra como ayudante. Junto, el almacén de Agustín Pina
y más tarde la tienda donde se vendieron los primeros colchones de muelles: el
colchon-muelle “Sema”. Pegado a este comercio el de muebles de un tal Camacho,
del que popularmente se decía este slogan: “Para antes y después del gazpacho
Muebles Camacho”. Siguiendo por la misma acera la relojería y platería “Roán”
de Rosario Lorente y Angelita Lorca. Una vieja droguería, la Droguería España
de D. Antonio Jiménez Canto, gran profesional del ramo y al que muchos llamaban
con el cariñoso apelativo de “Don Cumplido” por su excesiva amabilidad hacia
los clientes.
Rebasando la estrecha calleja de Álvar
López, la imprenta y litografía de Salido, a su vera el puesto de chucherías y
baratijas de Miguel, el único que todavía subsiste, ahora en manos de sus
hijos. Y donde dejar el viejo bar Recreo, regentado por dos hermanos, uno se
llamaba Antonio y el otro era conocido por todos como “El Pájaro”. Buenísima
persona y servicial donde los hubiere, con un torrente de voz que se le podía
oír en toda la plaza. Este apelativo que nada tiene que ver con el que hoy
conocemos como persona poco dada a la honradez, sino porque así se le llamaba
en otros tiempos al pretendiente de alguna muchacha. Una tía mía que vivió en
Barcelona hasta su muerte me aseguraba que dicho mote se lo puso ella cuando éste
andaba pretendiéndola.
Por fin, donde hoy está la cervecería
El Gorila, la
Magistratura del Trabajo, donde su magistrado, D. Eduardo
Mozón, resolvía los conflictos laborales, a la vez que cuidaba amorosamente de
su único hijo afectado del síndrome de Donw. En el lateral de este edificio y
en el solar que dejara una casa derribada, unos puestos en los que se vendían
periódicos, pescado y churros, y en la acera de enfrente un popular tabanco, el
“Número Uno” con su tabernero Juan de toda la vida y el mejor “Maestro Sierra”
fresquito, y servido en vasucos a su genuina clientela. Plaza toda ella de
doble circulación, en una de cuyas aceras había una parada de taxis,
posiblemente los mejores y más modernos de la ciudad. Recuerdo los nombres de
algunos taxistas como los de Paco Fernández, Berro, Chica o Coiras.
Una plaza con un incesante ir y venir
de gente, con un comercio bullicioso, alegre y animado, en la paz y el sosiego
de unos tiempos en el que toda su encantadora gente formaba parte de una
verdadera familia y que ya nunca volverá.
Antonio Mariscal Trujillo
Plaza de Plateros años 60 Foto: Luis Vázquez Calderón
José Ramón Fernández Lira
FERNÁNDEZ LIRA, José Ramón. Jerez 1935 – 2010.
Profesor de Arte, escritor y dibujante. Foto: M.A. Velo
Artista
polifacético, maestro y figura entrañable para sus convecinos, destacó sobre
todo por su gran amor a Jerez. Y es que la ciudad que le vio nacer fue sin dudas su punto de
mira artístico y emotivo. Todo giraba en torno a su ciudad: sus dibujos, sus
carteles, sus escritos, sus fotografías, su docencia, y podríamos decir que
hasta su propia vida. Los que le conocieron afirman que fue un hombre
entrañable y a la vez afortunado, ya que siempre hizo lo que deseaba sin ataduras
de ninguna clase, y ello le granjeó la amistad y la estima de sus
conciudadanos, y como no, de los miles de alumnos que a lo largo de más de
cuatro décadas recibieron sus enseñanzas.
Nació en 1935 y ya desde muy joven sintió inclinación por el arte, ciertamente de la mano de su querido profesor Muñoz Cebrián. Así en 1954, cuando contaba 19 años de edad, comienza su carrera profesional publicando el cartel de
Su
actividad docente la inició como profesor de dibujo en la Escuela de Artes Aplicadas
y Oficios Artísticos de Jerez, empleo que simultaneó en el Colegio de la Salle
hasta su jubilación en el año
2000.
Ilustró
libros, pregones, discos, revistas. Decoró capillas, como las de las Dominicas
del Beaterio, la del Cristo del Amor, la de la Parroquia de San José,
las de los Colegios de La
Salle-Buen Pastor y de San José en Jerez, así como la del
Colegio de San Francisco en Sanlúcar de Barrameda. Diseñó azulejos religiosos,
fue comisario de diversas exposiciones y colaboró en la mayoría de los medios
de comunicación locales.
En
su faceta de escritor publicó infinidad de artículos en prensa y revistas, así
como los libros: Seis momentos de arte y cofradías (1978); “Collage”,
apuntes sobre el patrimonio artístico de las Hermandades jerezanas (1984); Semblanza
de la imaginería jerezana (1985); Jerez Semana Santa, (años 2003, 2004 y
2005); La Semana
Santa de Jerez y sus Cofradías –Tomo IV; Pepe
Guerra, 50 años de Belenismo (1997). Como coautor fueron sus publicaciones:
Semana Santa en las Diócesis de Cádiz y Jerez (4 tomos, 1988) así como
su obra póstuma en colaboración: Un paseo por Jerez, (Jerez 2010)
Otra
de sus importantes facetas artísticas fue sin duda la de fotógrafo. Siempre con
su cámara en mano, dejando una colección de 61.000 fotografías de todos los
aspectos imaginables de Jerez, muy especialmente de su Semana Santa. Como
bibliófilo y coleccionista, logró reunir en su biblioteca 7.500 volúmenes de
las más variadas temáticas, 3.500 revistas y catálogos, 600 películas en vídeo,
amén de miles de postales, planos, carteles, bocetos, esculturas, dibujos y
otras obras de arte. En 1997 y con el patrocinio del Ayuntamiento de Jerez fue
inaugurado en la Plaza
de los Ángeles el denominado “Fondo Documental Fernández Lira”, el cual desde
ese momento legó a la ciudad de Jerez.
El 2 de marzo de 1989, en sesión solemne fue recibido
como Académico Numerario en la
Real Academia de San Dionisio de Ciencias Artes y Letras, en
la que desempeñó el cargo de vicepresidente y responsable de la sección de
Arte. Ostentó también la condición de miembro de número del Centro de Estudios
Históricos Jerezanos. Falleció repentinamente el día 19 de julio de 2010. Sus
exequias, a la que asistió la
Alcaldesa de la ciudad, constituyeron un multitudinario
testimonio de pesar. Al día siguiente todos los medios de comunicación locales y
algunos provinciales publicaban tan triste noticia destacando que fue todo un
símbolo para el Arte de su ciudad.
De mi libro: "Jerezanos para la Historia" Editorial Tierra de Nadie, Jerez 2011
Fuentes y bibl.: 20 Artistas profesores 20 -
Escuelas de Artes Aplicadas de Jerez y Cádiz. Cajasur 1988; Siglo y medio de Arte
Gaditanos 1834-1984, Caja de Ahorros de Jerez; Gran Enciclopedia de
Andalucía (Tomo IV) 1979, Promociones Culturales Andaluzas; Diccionario
Enciclopédico de la
Provincia de Cádiz (Tomo III) Caja de Ahorros de Jerez,
1985; Historia del Arte en Andalucía (Tomo VIII) Ed. Gever, 1994.
LA HISTORIA PEQUEÑA DE JEREZ DE LA FRONTERA, en parte del siglo XX
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248 páginas y 65 fotos históricas. Ya a la venta en todas las librerías de Jerez al precio de 15 euros. Pedidos por Internet a: www.agricolajerez.com
Edición agotada
En el cruce de la Victoria
CRUCE DE LA VICTORIA
Encrucijada en la que convergen cuatro emblemáticas vías de la ciudad:
Ancha, Lealas, Ponce y Porvera. Lugar donde
se levantó el tramo más alto de las poderosas murallas que envolvieron la vieja
medina almohade de la ciudad, con su fuerte torre octógona que protegía el
ángulo norte de este muro defensivo, hoy
casi cubierta por las edificaciones de su entorno. Calle Ancha, que también se
llamó hasta 1979 Canalejas, en recuerdo del que fuera presidente del gobierno
español entre 1910 y 1912 y que fuera asesinado por un anarquista en noviembre
de 1912 mientras miraba el escaparate de una librería.
Calle Ancha donde hasta la llegada de la década de los 70 veíamos la
pintoresca estampa del paso de un tren cargado de botas de vino, arrastrado por la popular “maquinilla”. Tren bodeguero
que, sin ningún recato, se detenía en esta calle con todos sus vagones, y su maquinista bajaba a tomar café o copa en el bar Canalejas
Al frente, la calle de las Lealas,
que un día estuviese dedicada al prestigioso General jerezano del XIX, Sánchez
Mira que tan destacado papel jugara en la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II. A
mediados de la calle, en la esquina con la de San Francisco Javier, una casa
con una hornacina donde las hermosas hijas de un tal Sr. Leal se encargaban
cada día poner flores a la cruz allí colocada. Al final de la calle terminaba
la ciudad.
Pero volvamos al cruce de la Victoria , de donde parte
la calle Ponce, y que recuerda al jurado Pedro Ponce de Trujillo. Recreémonos
en la graciosa torre manierista del
antiguo convento de los Mínimos, que en el siglo XVII levantara el alarife
jerezano Antón Martín Calafate. Justo al frente, esquina donde hoy se alza un
moderno edificio de viviendas, el recordado empresario del Villamarta, Francisco
Riba Gabaldá, levantó a principios de los años 60 una moderna sala
cinematográfica, que tomó como nombre de su apellido: “Cine Riba”. Una sala en
la que, durante la época de la
Transición , pudimos ver muchas de las películas que nos
estuvieron vedadas en tiempos de la dictadura, al transformarse ésta en “Sala
de Arte y Ensayo”. Pero el paso del tiempo, y con ello el cambio de hábitos,
hizo que aquel magnífico cine fuera languideciendo, hasta cerrar sus puertas a
mediados de los 80, siendo convertido posteriormente en una de las mejores
discotecas de la provincia, la “Only Night”, que tampoco pervivió muchos años y
terminó por cerrar, siendo derribado el edificio.
Calle Ancha en el cruce de la Victoria, año 1920
En torno al Monasterio la Merced en Jerez (*)
En 1264, la ciudad de Jerez fue reconquistada por el rey Alfonso X el Sabio e incorporada a
Jerez queda desde ese momento en “frontera” con el reino nazarí de Granada. Varios meses más tarde esta ciudad sería repoblada con 1.828 vecinos y sus familias. Procedían éstos nuevos pobladores de Castilla, León, Navarra, Extremadura y sur de Portugal, a los que el rey les reparte casas y haciendas en función de los servicios prestados a la corona.
No debió ser muy fácil ni seguro habitar en aquellos tiempos una ciudad en frontera con los moros. Circunstancia demostrada por los numerosos asaltos y asedios por parte de la morisma, tratando de volver a ocupar estas tierras para el Islam, en muchas ocasiones con tropas llegadas del norte de África.
Sabemos que en
1268, cuatro años después de la reconquista, el Rey Sabio ordena fundar una
encomienda de La Merced
en Jerez, de la cual se encargaría el mercedario Fr. Pedro Pascual de Valencia, que llegaría a ser obispo y luego
mártir. La misión de esta encomienda sería, con toda probabilidad, la de
recaudar limosnas y ayudas para el rescate de cristianos cautivos en manos de
los musulmanes.
Es lógico pensar que dicha encomienda estaría establecida en el interior del recinto amurallado, por causas de seguridad, pues no creemos que se ubicara a extramuros en el lugar que hoy ocupa el convento dela Merced , ya que, aunque muy
próximo al muro defensivo[1] (unos
cien metros), las puertas de entrada más cercanas al recinto murado, como son
las de Santiago y la de Rota, distan
unos cuatrocientos metros la primera y unos seiscientos la segunda.
Es lógico pensar que dicha encomienda estaría establecida en el interior del recinto amurallado, por causas de seguridad, pues no creemos que se ubicara a extramuros en el lugar que hoy ocupa el convento de
Llegado el año 1340, y tras la gran derrota infligida por Alfonso XI a los benimerines en
Pero volviendo a los inicios de la encomienda de la Merced, algunas fuentes afirman que su fundación por Pedro Pascual en el siglo XIII sea quizás una leyenda sin fundamento. Ya que en 1317 se celebró en Valencia capítulo General de la Orden Mercedaria en cuyas actas se mencionan las encomiendas existentes en España y para nada se nombra la de Jerez. Aunque ello no es óbice para suponer que tras la reconquista de Jerez se fundara, como decíamos antes, una pequeña encomienda de la Merced que años más tarde desapareció. Lo cierto y documentado es que la fundación de la Merced en Jerez debió ser con toda probabilidad sobre el año 1345, ya que tres años después hay noticias del inicio de la construcción de su convento.
Y la ciudad sigue creciendo y desarrollándose fuera de su recinto amurallado. Con el paso
del tiempo no sólo es el pueblo llano quien construye pequeñas casas adosadas
al muro, sino que frente al mismo lo hacen el clero y la nobleza, así como comerciantes
y propietarios acomodados. Ello da origen a que, de unas pequeñas capillas existentes frente
a las dos puertas o alcázares antes citados, vayan surgiendo verdaderos templos
de piedra como los de Santiago o San Miguel.
Algo similar debió
suceder con la primitiva y pequeña encomienda de la Merced. En sus alrededores, en
calles tan populares y modestas como las que hoy conocemos por Santa María de la Merced , Nueva o Cantarería,
en 1477 aparecen domiciliados personajes de relevancia, como lo caballeros:
Juan Ruiz de Quintanilla, Francisco Camacho, Pedro Ceballos, Mateo Rodríguez o
García Palomino, todos ellos declarados fijosdalgos
notorios. En 1515 fue nombrado patrono de la capilla mayor de aquella
encomienda uno de estos hijosdalgos de la collación, D. Francisco de Spínola. Dicha capilla fue
construida a sus expensas y de su esposa doña Violante de la Cueva , cuyos escudos
aparecen en las claves de una bóveda.
Es a partir de entonces cuando tenemos noticias del comienzo de la construcción del actual templo, siguiendo durante ese siglo y el siguiente la edificación del claustro grande y del resto del monasterio.[2] Sin embargo, siglo y medio antes, en 1377, encontramos que en el testamento de otro noble caballero, Garci Martín Montero, éste deja una cierta cantidad para la obra del Convento dela Merced. Lo que nos viene a decir que en ese tiempo ya se estaba
edificando.
Es a partir de entonces cuando tenemos noticias del comienzo de la construcción del actual templo, siguiendo durante ese siglo y el siguiente la edificación del claustro grande y del resto del monasterio.[2] Sin embargo, siglo y medio antes, en 1377, encontramos que en el testamento de otro noble caballero, Garci Martín Montero, éste deja una cierta cantidad para la obra del Convento de
Recientes
descubrimientos arqueológicos han documentado que, en el lugar a extramuros que
antaño ocupara el molino, bodega y huerta del monasterio de la Merced , así como en sus
aledaños, existió un asentamiento humano y un alfar datado en la época
islámica. Ello nos hace relacionarlo con lo que nos cuenta el P. Francisco
González Fariñas, cuando dice: al limpiar
y desembarazar el sitio para fundar el Convento de la Merced , se encontró un
horno de cocer ladrillos y, en un hueco, se halló la Santa Imagen sin lesión ni deterioro a pesar de ser de
madera, lo que causó gran admiración, creyéndose que estaba allí desde antes de
la invasión musulmana a la península.”[3] Lo
que viene a ofrecernos un claro indicio del origen de la extendida leyenda o creencia
popular sobre hallazgo de la imagen morena de la Virgen de la Merced venerada en Jerez
Ahora vayamos
al entorno de la Merced. Dos
calles y una plaza reciben el nombre de la amantísima Madre y Patrona de Jerez.
La primera es la entrañable y popular calle Merced, cuna de grandes intérpretes
del cante flamenco y del maestro de maestros de la guitarra que fue Javier
Molina, y también, del afamado compositor de canciones Manuel Alejandro. Llamada
popularmente como calle “Las Mercé”,
es la que nos conduce a la
Basílica desde el templo y plaza de Santiago. La segunda,
Santa María de la Merced ,
que lleva este nombre desde tiempo inmemorial, es una angosta calleja situada a
la derecha del templo, y que discurre por la trasera del altar mayor. Por último, la
recoleta plaza situada frente a la puerta principal, también es conocida como Plaza
de la Merced.
Tras la desamortización
de Mendizábal en 1836, se estableció en lo que fuera convento mercedario un
hospital municipal, también llamado de la Merced , nombre que fue cambiado en 1862 por el de
Santa Isabel de Hungría en honor a la reina Isabel II con motivo de la visita
que girara a este centro junto con su esposo y prole.
No consta en
las actas capitulares la concesión de estos nombres de calle por parte del
municipio, ya que éste como tantos otros lo adquieren por tradición. El pueblo
llama calle de los Plateros, de los Torneros o de los Estereros, porque allí
estaban establecidos artesanos de estos oficios. De la igual manera que los
templos y monasterios dan nombre a las calles donde se ubican. Carmen,
Capuchinos, San Francisco, San Miguel, San Juan, Santa Clara, Santa María de
Gracia, etc. funden su nombre con el templo o convento religioso correspondiente.
Para terminar,
y a título de curiosidad, diremos que en estos lugares, hasta el año 1870 y
coincidiendo con la festividad de la
Virgen de la
Merced , que en siglos pasados se celebraba el 15 de agosto,
tenía lugar la segunda de las ferias que por privilegio de Alfonso X el Sabio
fueron concedidas a Jerez. Nos vamos a
permitir reproducir un curioso bando del alcalde de la ciudad con motivo de
esta feria en el barrio de la
Merced en 1763, decía así:
1º “Que los coches de la feria
entrarán de uno en uno desde Santiago a dar la vuelta por el muro al llegar
frente al convento de la
Merced.
2º Que por ningún motivo separen en las
aguardienterías parte que desde fuera los vean beber.
3º Que el ganado de cerda se ponga exclusivamente en el
Muro pegado a la muralla.
4º Que las tiendas o tendajos se pondrán en la calle la Merced de forma que no
quiten el tráfico.
5º Que los turroneros y alfajoreros tendrán en alto y a
la vista sus mercancías y sus precios.
6º Que bajo ningún pretexto se pongan las mujeres a
despachar en los puestos de aguardientes
7º Que los alambiques o bodegas establecidos en la calle
Muro tendrán cerradas las puertas que den a esta calle.
8º Que durante la dicha feria no se canten en ella coplas
deshonestas, de vallas[4] ni otras.
9º Que dado el escándalo que se viene dando en el reducto
de Santiago no se permita esto ni a hombres ni mujeres.
10º Que no se permitan los juegos de las bolillas donde
se gastan el dinero los hombres y luego no pueden comer ni ellos ni sus
familias.
11º Que mientras se celebra la misa en el convento de la Merced no se pueda vender
nada hasta pasada una hora.
12º Que en la venta de cochinos no se permitan chalanes o
corredores que sean castellanos.
13 Que los puestos de buñuelos se pongan en los portales
o accesorias para no estorbar el paso.
14º Que no se dé fiado géneros o comestibles a criados o
domésticos pues pudiera ser mentira dicha orden”.
15º Que tampoco se les de fiado a
los soldados porque desertan cuando la deuda sube mucho y no tienen con que
pagar
Antonio Mariscal Trujillo
Centro de Estudios Históricos Jerezanos
[1] El lienzo de muralla
existente frente a La Merced
fue conocido en tiempos pasados como: “muro de la cabra coja”
[2] Todos los monasterios
masculinos de la ciudad se alzan a extramuros, a excepción del de los
Carmelitas, sin embargo, los femeninos, todos se hallan a intramuros, salvo el
de las Clarisas de Madre de Dios.
[3] Noticias del Convento de la Merced
Calzada de Jerez de la Frontera , Centro de Estudios Históricos
Jerezanos, Tetuán 1941
[4] Coplas que faltan a la
consideración y el respeto debido.
(*) Artículo que fue traducido al italiano y publicado en la Web de la Orden Mercedaria de Roma
(*) Artículo que fue traducido al italiano y publicado en la Web de la Orden Mercedaria de Roma
JEREZ DE LA FRONTERA, DOS MUNDOS
Uno de los mejores documentales sobre la ciudad de Jerez de la Frontera que se haya realizado en los último tiempos. Véalo hasta el final, se sorprenderá. Pulsa este ENLACE
Rafael Bellido Caro, Obispo
BELLIDO CARO, Rafael. Arcos de la Frontera , 1924 – Sevilla,
2004. Obispo de Jerez.
Nacido el 10 de marzo de
1924, estudió bachillerato en el colegio de Ntra. Señora de las Nieves de su
ciudad natal. Muy pronto sintió que su vocación iba por la vida religiosa, por
lo que a la edad de 17 años ingresó en el Seminario Metropolitano de Sevilla,
donde cursaría estudios de filosofía y teología, recibiendo la ordenación
sacerdotal de manos del cardenal arzobispo de Sevilla D. Pedro Segura Sáez.
Sus primeros
años de vida sacerdotal los pasa en Sanlúcar de Barrameda, donde fue profesor y
director del Seminario Menor de dicha ciudad y después del Colegio Nuestra
Señora de los Reyes en Bonanza. Posteriormente es destinado como párroco a la
de San Andrés en Sevilla. Pasó más tarde como profesor y formador al Seminario
Mayor de San Telmo, siendo designado a la vez delegado diocesano de suburbios y
consiliario de las ramas juveniles de Acción Católica Diocesana.
Durante 14
años fue capellán de las religiosas Irlandesas de Castilleja de la Cuesta y profesor numerario
de religión del Instituto San Isidoro de Sevilla. Pero su labor más destacada
en la capital hispalense fue la del apostolado seglar en sus distintas facetas.
Por un lado la Acción
Católica en el ámbito rural, y por otro, las hermandades y
cofradías, donde durante nueve años y como presidente adjunto de su Consejo,
desarrollaría una destacadísima labor.
El 1 de
diciembre de 1973, Pablo VI lo elevó a la prelatura nombrándole Obispo Auxiliar
de Sevilla con dedicación especial a la zona gaditana del Arzobispado
Hispalense. Fue consagrado por el cardenal D. José María Bueno Monreal el día
30 del mismo mes, en la parroquia de Santa María de Arcos, haciendo su entrada
oficial en la zona pastoral de Jerez el día de Reyes de 1974. Es a partir de
este momento cuando comienza a consolidarse lo que será la futura diócesis de
Jerez. En 1980 se crea por fin la nueva diócesis de Asidonia-Jerez y monseñor
Bellido pasará a ocupar el cargo de Obispo de la misma.
Veintiséis
años se mantuvo al frente de su ministerio en Jerez, destacándose siempre por
un profundo amor a todos los estamentos de la sociedad, muy especialmente a los
pobres, marginados, drogodependientes, parados y enfermos. Rafael Bellido fue
siempre un hombre bueno, sencillo, humilde, enemigo de pompas y boatos, querido
por la inmensa mayoría de sus feligreses y, también, por que no decirlo,
denostado por unos pocos que nunca comprendieron algunas de sus decisiones.
El 15 de
octubre de 1999 el Ayuntamiento de Jerez en un pleno extraordinario acordó
concederle el título de Hijo Adoptivo de la ciudad, en reconocimiento a los
méritos contraídos durante sus veinticinco años de ministerio. También acordó
rotular con su nombre una calle cercana a la Catedral.
De entre sus
escritos pastorales caben destacar: Iglesia en marcha, dividida en tres
partes (diciembre 1988, octubre 1997 y diciembre 1998); Sobre el diaconado
permanente en nuestra diócesis, (octubre 1992 y octubre 1993); y Reflexiones
sacerdotales, amén de su Carta del Obispo que puntualmente podíamos
leer cada domingo en la prensa local.
En 1999, al cumplir
75 años de edad, presentó al Papa su disponibilidad para ser sustituido en su
cargo en el momento que la
Santa Sede lo estimara oportuno. La sustitución tuvo lugar un
año después, cuando el 29 de junio de 2000 se dio a conocer la designación como
nuevo Obispo de la Diócesis
de Asidonia-Jerez de don Juan del Río Martín. A partir de ese momento, D.
Rafael Bellido fijó su residencia en un pequeño piso de Castilleja de la Cuesta en Sevilla donde
vivían sus hermanos. A finales de febrero de 2004, una dolencia cardiaca
requirió su ingreso en el Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla,
donde fallecería el día 16 de marzo de ese mismo año, siendo enterrado junto a su madre en el Cementerio de la Merced. Desde diciembre de 2012 sus restos descasan en la Catedral de Jerez.
De mi libro: Jerezanos para la historia
De mi libro: Jerezanos para la historia
Francisco Lorente Roldán, pintor
LORENTE ROLDÁN, Francisco. Jerez, 1905 –
Madrid, 1945. Pintor. Foto: Album familiar de R. Lorente
Nace este afamado pintor jerezano en la casa
de las cadenas, antiguo palacio de los Morlas y Melgarejos de la calle San
Juan, el día 18 de julio de 1905, siendo el segundo de una numerosa familia
compuesta por nueve hermanos.
Sus primeros estudios los
realiza en el colegio de las Carmelitas de la plaza de San Marcos, pasado luego
a realizar los de bachillerato en el Instituto P. Luis Coloma de la Alameda Cristina.
Acabados dichos estudios, se prepara durante unos meses en la Escuela de Artes y Oficios
de su ciudad, siendo esta la única academia a la que asiste en toda su vida,
por lo que su formación pictórica puede decirse que fue plenamente
autodidáctica. Su primer estudio de pintura lo establece la plaza de San
Andrés, trasladándose más tarde a Pescadería Vieja junto a la plaza del Arenal.
Poco tiempo permanecería
en Jerez, ya que en 1926 cuando contaba 21 años de edad se marcha a Madrid para
cumplir su servicio militar y allí se establecería definitivamente. Parece ser,
que al conocer sus mandos militares sus cualidades artísticas, lo licenciaron
anticipadamente para que pudiese ejercitar sus dotes como pintor. Acto seguido
abrió un estudio en Bravo Murillo 25.
Durante sus estancias en
Jerez, en dos ocasiones al año, solía frecuentar el desaparecido Café Fornos de
la calle Larga, donde se reunía a diario en una tertulia siempre rodeada de
pedigüeños, ya que el pintor tenía fama de ser muy desprendido y generoso.
Tocaba la guitarra, cantaba flamenco y a veces escribía algunos apuntes
poéticos llenos de frescura, ingenuidad y de un profundo lirismo pictórico.
Paco el
pintor, como era cariñosamente conocido por sus amigos, murió en la flor de su
vida a los 39 años de edad cuando estaba preparando su próxima boda. Dejó una
obra magnífica y, para orgullo de Jerez, un nombre aureolado de gloria. Su obra
pictórica se conserva casi por entero en manos de particulares, de las mismas
citaremos: La familia y el mar, Descendimiento, El segador, Bodegón, Gente
marinera, La echadora de cartas y Florero.
De mi libro: "Jerezanos para la historia" Editorial Tierra de Nadie, Jerez 2011
De mi libro: "Jerezanos para la historia" Editorial Tierra de Nadie, Jerez 2011
FLAMENCO EN ESTADO PURO, AÑOS 50, Tía Juana la del Pipa, Capullo de Jerez, Tio Gregorio el Borrico Extraido del documental "An Andalucian Journey"
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Viejos cafés y tabancos de Jerez
DE LOS VIEJOS CAFÉS Y TABANCOS DE JEREZ
Muchos fueron los bares
afamados y desaparecidos en el Jerez del pasado siglo XX. Algunos siempre
fueron recordados y añorados por muchos de nosotros y también por la generación
que nos ha precedido. Establecimientos que fueron auténticas instituciones en
nuestra ciudad y que dejaron recuerdo a propios y extraños por tres motivos: su
ambiente, su cocina, su clientela y su dueño. Salvo en contadas excepciones
estos negocios suelen acabar a la vez que su iniciador, ya que en pocas
ocasiones pasan a una segunda generación y mucho menos a la tercera, hay
excepciones. Pero remontémonos a la primera mitad del pasado siglo y veamos
algunos:
La taberna de El Clavo
Un artículo publicado en 1928 en el
viejo periódico El Guadalete decía que la vieja taberna de “El Clavo”
había cerrado sus puertas después de muchos lustros. Hemos podido saber que
dicho establecimiento fue propiedad de un personaje llamado Frasquito
Fernández, el cual era ayudado por dos o tres mozalbetes de quince años,
siempre vestidos con pantalones bombachos al estilo “charlestón”, camisa blanca
remangada hasta los codos y chaleco oscuro. Al parecer fue un establecimiento
que siempre tuvo magnífica clientela y visita obligada cuando la gente volvía
del cementerio de Santo Domingo después del entierro de algún amigo o familiar,
por aquello de que: “El que va a un entierro y no bebe vino el
suyo viene por el camino”
Allí se pedía el vino pero
no así la tapa que estaba incluida en el precio. Ésta era servida por un orden
estricto e implacable. El primer vasuco no tenía derecho a tapa alguna y había
que tomarlo a “palo seco”; el segundo se acompañaba de carne mechada en salsa;
el tercero con sábalo del Guadalete en adobo u otro pescado frito. Con el
cuarto vaso de vino, he aquí su afamada especialidad, ponía bacalao con tomate.
Este último manjar era tan exquisito y había adquirido tal fama que incluso
muchos forasteros decían que cuando a Jerez llegaban iban a El Clavo sólo para
degustarlo, no sin haber tomado previamente los tres correspondientes vasos de
vino de Jerez, ya que el célebre Frasquito juraba por su madre que ni por un
millón se saltaría la norma. Como en aquellos tiempos las damas no podían pisar
este tipo de establecimientos, cuando alguna señora de postín se le antojaba
saborear aquel manjar, no tenía otro remedio que mandar a varios de sus criados
a tomarse los cuatro vasos de vino correspondientes y guardar en un cacharro el
bacalao para la señora.
Se cuenta una historia, de la que no hemos podido contrastar su verosimilitud, que cuando en 1928 derribaron el edificio en el que se enontraba esta taberna, al excavar un muro apareció un recipiente de cobre en cuyo interior había nada menos que treinta kilos de monedas de oro acuñadas en 1654, las cuales fueron depositadas en el Ayuntamiento..
Se cuenta una historia, de la que no hemos podido contrastar su verosimilitud, que cuando en 1928 derribaron el edificio en el que se enontraba esta taberna, al excavar un muro apareció un recipiente de cobre en cuyo interior había nada menos que treinta kilos de monedas de oro acuñadas en 1654, las cuales fueron depositadas en el Ayuntamiento..
El Fornos
Pero sin
lugar a dudas el café más memorable de Jerez durante la primera mitad del siglo
XX fue el Café Fornos. Estaba situado en los bajos de una hermosa casa de la calle Larga que hacía esquina con plaza
del Banco. Establecimiento siempre recordado y añorado por nuestros mayores y
lugar reunión y tertulias de poetas, pintores y artistas en general.
El
edificio donde estaba situado dicho Café, similar al que hace esquina con la
calle Algarve, fue construido por un señor llamado Rafael Torregrosa,
invirtiendo para ello parte del capital que había traído de América. En los
bajos de dicho edificio otro señor llamado Blas Gil instaló en 1900 un café-cervecería al que denominó
“Los Cisnes”, encargando para ello a una empresa de Zaragoza la decoración del
local, el cual fue montado con todo lujo y bellamente decorado con artísticos
espejos Dicho señor era dueño de un hotel del mismo nombre en el nº 53 de la
propia calle Larga. El establecimiento estuvo posteriormente arrendado hasta
1922 a un tal Agustín Pérez, quien
parece ser fue el que le cambió su primitivo nombre por el de “Fornos”. Luego durante
tres años fue regentado por Tomás Vergara, quien en 1925 lo traspasaría a
Manuel Calero el cual instaló un servicio de restaurante. Es obligado decir que
un hijo del Sr. Calero, prestigioso médico endocrinólogo de Cádiz, nos facilitó
hace años algunos los datos aquí expuestos. Al morir Manuel Calero y después de
unos años regentado por su viuda, ésta lo traspasó en 1937 a su último propietario,
don Agustín Corrales y Rodríguez de Medina. Aquel afamado y emblemático Café
jerezano, tantas veces recordado por nuestros mayores cerró definitivamente sus
puertas el 24 de marzo de 1946. El bello edificio que lo albergaba fue vendido
al Banco de Vizcaya quien procedió a su demolición edificando en su solar una
nueva y anodina construcción de blanca fachada, anterior al que actualmente
ocupa el lugar. Si aquel viejo y evocador café hubiese llegado hasta nuestros
días, sería para Jerez lo que el Café Gijón es para Madrid o el Gambrinus para
Nápoles: todo un emblema de la ciudad y un lugar de referencia para propios y
extraños.
De los
viejos colmados de aquella época, en la actualidad y como reliquia
salvaguardada por el paso del tiempo y que conserva todo el sabor de antaño,
solamente queda la ya centenaria “Parra Vieja” de la calle San Miguel.
Establecimiento fundado en 1888 por un montañés llamado Ceferino Marina Montes.
![]() |
| Interior del viejo Café Fornos |
Otros bares de antaño
Ya en
época más cercana a nosotros y en la época de la posguerra recordaremos
aquellos bares y cafés que le daban ambiente y sabor a nuestras calles más
céntricas En el recuerdo, aquellos entrañables
establecimientos situados en torno a la calle Larga como fueron: “La Española ” situado justo
donde hoy de encuentra el edificios del Banco de Andalucía. “Los Caracoles” del
inolvidable Joaquín que luego se trasladara a la Lancería y que hacía la
mejor ensaladilla del mundo. “La Granja Soler ”, que maridaba el más exquisito café
con los mejores pasteles. “El Nuevo Bar” y sus buenos pescados y mariscos,
entre los que se incluían los percebes y las ostras, algo casi desconocido y al
alcance de muy pocos en aquellos tiempos. El pequeño pero elegante “Bar Pepín”,
o “Los Gabrieles” con sus increíbles tertulias taurinas. “La Moderna ” de la Lancería , bar de poetas y
escritores, donde se gestara el recordado grupo Atalaya de poesía con Manolo
Ríos Ruiz, Juan de la Plata ,
Manolo Pérez Celdrán o Sebastián Moya (Cachirulo). O aquel pequeño gran bar “La Venencia ”, lugar de cita
de los “bancarios” y donde se podían degustar los mejores desayunos de todo
Jerez. Y qué decir del acreditado “Bar Antolín” o “Las Siete Puertas” en la
calle San Cristóbal. De aquellos entrañables establecimientos actualmente tan
sólo sobrevive la popular Moderna de la calle Larga.
Tabancos eran en Jerez
Pero
no podemos hablar de estos temas sin evocar a otros establecimientos de bebidas
que antaño fueron también una verdadera institución, los tabancos. Un tabanco
jerezano, siempre lo dijimos, nunca puede confundirse con una taberna, porque
en las tabernas la gente iba a emborracharse y el vino era malo, “espirriaque”.
Por el contrario en los tabancos se solía beber buen vino y la gente iba a
conversar, y lo hacían en un lenguaje que muchos presumen de saber pero que
pocos conocen. Hablaban en jerezano. De estos actualmente solamente quedan dos:
El Pasaje de la calle Santa María y el Tabanco San Pablo, los cuales, aunque
conservan su primitiva fisonomía, se han transformado en bares al tener tapas y
cocina, cosa que nunca existió en un tabanco jerezano.
De
aquellos tabancos desaparecidos nos viene al recuerdo “La Pandilla ” en calle
Valientes. Todo decorado con las “esqueletomaquias” que el recordado émulo de
González Ragel, Luís Mateos, pintara en
paredes y mostrador. Y sus creativos y ficticios carteles de toros en los que
figuraban como matadores los nombres de muchos de los asiduos al establecimiento
con sus simpáticos apodos, así como las caricaturas de muchos de ellos. Aquel
tabanco tenía una particularidad, y era que junto al vino de Jerez se servía
valdepeñas. Un valdepeñas que, guardado en barricas de roble envinadas con
jerez, se convertía en pocos meses en el más exquisito de los tintos. Desde
unos odres de barro, el vino tinto se hacía pasar por un serpentín en la
nevera, y de ahí salía al vaso a su exacta temperatura Y claro, siempre mezclado
con sifón de el de antes era una delicia veraniega.
Podríamos
seguir hablando de muchos de nuestros tabancos, como “La Jarra ”, la “Viña T”, la Taberna Jerezana de la calle
Doctrina o los denominados “Número1”. Pero terminaremos con el último que cerró
sus puertas en Jerez y con el que desaparecieron para siempre estos
tradicionales establecimientos jerezanos, me refiero al “Tabanco del Nono” en
Plaza del Arenal. Era viejo, muy viejo, todo en él era rancio, cutre y obsoleto;
todo, excepto su artístico y polvoriento mostrador de caoba tallada. Ahora que
eso sí, conservaba todo el encanto de lo pretérito. Su propietario, que siempre
tuvo fama de ser un buen taxidermista, lo tenía “decorado” con aves llenas de
polvo de diversas especies disecadas por el mismo. Ello no espantaba a palomas
y gorriones, que entraban por la puerta del tabanco como “perico por su casa” a
comer lo que su propietario les ponía en el mostrador. Paradójicamente allí se
bebía principalmente manzanilla de Sanlúcar. Pero lo mejor que tenía era su
clientela. Sentarse en uno de sus viejos bancos con un vaso de vino en la mano
nos hacía vivir una experiencia singular, que no era otra que el oír las
conversaciones de sus parroquianos. Ellos si que hablaban en jerezano. Como
hecho anecdótico contaré que una vez tuve la ocasión de tomar allí unas copas
con el propietario de una importante bodega de Jerez. Yo le decía: si alguien
te ve tomando manzanilla en un tabanco “cutre” como este teniendo en tu bodega lo
mejor de Jerez, seguro que no creerá lo que ve.
Si contestó, pero es que a esta buena gente solamente la puedo oír aquí.
El Nono cerró sus puertas definitivamente hace cuatro años y con ello una
tradición que creemos no volverá y que fueron los Tabancos de Jerez.
Antonio Mariscal Trujillo
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