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LA TRADICIÓN OLIVARERA EN JEREZ
Arte y tradición de la Nochebuena en Jerez

¿Qué será la Navidad? Huele a anises y rosas transformando en alegría todo lo que toca.
Jerezanos para la historia, siglos XIX y XX. Nueva edición ampliada

Jerez ¿tierra de olivares?

Jerez en 1960
Leyendas de un Jerez desconocido
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AQUEL JARDÍN
SIMPLEZAS, nada más
Rafael del Águila y Aranda. Jerez, 1900 - 1976
Manuel Rodríguez "MARO", un genial humorista gráfico

Plano parcelario del término de Jerez en 1904
PLANO PARCELARIO del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Señor D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000
Versión original:
- Un plano en diez hojas col. 70 x 98 cm. (343’67x200’91 cm una vez montado).
- Impresión Talleres Litográficos Barral Hermanos. Barcelona, 1906.
- Colección de la Iltma. Marquesa de los Álamos de Guadalete.
Versión digital:
- Un solo plano de 339’33 x 192’84 cm. a 200 ppp. (Se ha recortado el fondo un poco, que no escalado).
Agradecimientos:
La realización de este trabajo ha sido posible a la gentileza de la Ilustrísima Marquesa de los Álamos del Guadalete que tuvo a bien facilitarnos un original y permitirnos la reproducción digital del mismo para su posterior publicación en Internet.
Por otro lado tengo que agradecer a don Juan Manuel González Montero su siempre inestimable ayuda, que esta ocasión consistió en escaneo de los 10 planos originales.
Advertencias:
Tengo noticias de que este documento cartográfico, más bien los distintos originales que existen, están siendo utilizados en distintos procesos sobre servidumbres de paso y linderos, entre otras causas. Es por ello que me veo en la obligación de advertir que durante su montaje digital descubrimos que en las zonas de solapamiento de las distintas hojas, algunos linderos, ríos o caminos no coincidían, no eran muchos pero se editaron y corrigieron para una mejor lectura del mapa. Es por ello que se han dejado visibles los bordes de las distintas hojas, por el perímetro del plano, para que el investigador o lector sepa en la hoja y en la zona que se encuentra, por si la localización de su interés coincidiera aproximadamente con la vertical u horizontal de los bordes de una de las hojas.
Se han respetado al máximo posible los datos originales, tan sólo se han modificado algunas líneas para hacerlas coincidir y el coloreado de algunas parcelas, que por encontrarse dividida entre hojas distintas hojas presentaban distinta coloración por la propia impresión, desgaste o contaminación.
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Plano parcelario del término de Jerez de la Frontera, por D. Adolfo López Cepero. Año de 1904
Es un trabajo de digitalización para el Seminario http://agustindehorozco.uca.es/ realizado por Francisco de B. Zuleta Alejandro.
9 de octubre de 1964. Siete siglos de la Reconquista de Jerez
A eso de las diez de la mañana de aquel señalado día y al pié del primer templo jerezano, una sección del regimiento de Artillería 74 con escuadra, estandarte y banda de música esperaba la llegada de la procesión cívica presidida por el entonces alcalde D. Tomás García Figueras que, bajo mazas, venía desde el Ayuntamiento. Acompañaban al Alcalde de Jerez los de Córdoba y de Lorca (Murcia) invitados especialmente a dicho acto. El primero, como recuerdo de los inestimables servicios que la caballería cordobesa prestó a Jerez durante los numerosos asedios que sufrió la ciudad cuanto estuvo en “frontera” frente al reino nazarí de Granada. El segundo por la hermandad establecida entre las dos ciudades cuando en caballero jerezano, Alonso Fernández de Valdespino, y el de Lorca, Beltrán de Guevara, ganasen a los benimerines en 1343, durante la Batalla de Salado, el viejo pendón conocido como “Rabo de Gallo”. Sabido es que ante la disputa entre los de Jerez y los de Lorca por la posesión del mismo, el rey Alfonso XI decidió en una solución salomónica dar a Jerez el dicho pendón y el asta a los de Lorca.
Una vez el cortejo en el interior del templo, el Alcalde de Jerez subió al altar y pidió el Pendón de la ciudad que allí se hallaba custodiado como marcaba la tradición. Ante ello, el recordado P. Torres Silva requirió a García Figueras el juramento preceptivo de que al terminar los actos sería devuelto a la Colegial. Aquel día el Pendón de Jerez, volvía a pender después de seis siglos de su asta original, la misma que los de Lorca guardaron celosamente desde 1343 y que había sido traída por su Alcalde para esta efemérides. García Figueras hizo entrega del Pendón al alcalde de Lorca quien lo portó durante toda la ceremonia junto al estandarte del Regimiento de Artillería 74.
Al terminar la misa y tras los honores de ordenanza, el cortejo se trasladó a la plaza de la Asunción y, en un altar levantado al pie del monumento a la Asunción presidido por la imagen de San Dionisio Areopagita se entonó un solemne Tedeum de acción de Gracias, tras lo cual el Alcalde de Córdoba procedió a la entrega al pueblo de Jerez de una reproducción del Potro que se alza en la plaza del mismo nombre de la capital cordobesa. Dicha reproducción había sido colocada sobre una columna con el escudo de Córdoba en la cercana placita de Belén. Tras unas breves palabras de agradecimiento en nombre de Jerez por parte de su Alcalde y la correspondiente contestación de el de Córdoba, la comitiva volvió de nuevo a la Colegial para devolver el Pendón a su Cabildo.
A continuación y al pie de los muros del Alcázar se descubrió una estatua con la figura de Alfonso X el Sabio, la misma que tanto en esta primera ubicación como en la de la Porvera siempre fue ultrajada, pintarraqueada y hasta mutilada en actos de vandalismo, lo que obligó a ponerla definitivamente dentro del Alcázar. Con una recepción en el Ayuntamiento terminó aquella memorable ceremonia. Por la tarde en el Teatro Villamarta, el escritor Francisco Montero Galvache, exaltó con su inigualable lírica aquella efemérides, tras lo cual se hicieron entrega de los premios histórico-literarios que se habían convocado, cerrando el acto la Orquesta Sinfónica y el Orfeón Jerezano interpretando las “Cantigas del Rey Alfonso”. Una exposición de documentos en la Biblioteca Municipal, otra de numismática y otra de filatelia completaron aquellos brillantes actos conmemorativos de 1964. También con este motivo el alcalde de Lorca hizo entrega al de Jerez de un repostero bordado con los escudos de Lorca y Jerez. El mismo, al igual que el viejo Pendón, nadie tiene idea de donde se encuentra actualmente.
Como curiosidad diremos que los Alcaldes de Lorca, Jerez y Córdoba, son a la vez Alcaldes Honorarios de cada una de estas respectivas ciudades y, que desde 1341 los concejales de Lorca tienen el privilegio de poseer voz y voto en el Ayuntamiento de Jerez y, los de Jerez en los de Lorca. No tenemos conocimiento de que esta privilegio haya sido derogado nunca.
Desde hace veinte años tenemos un Pendón nuevo, pero nuestro viejo e histórico “Rabo de Gallo”, protagonista de tantos y tantos hechos como éste, se encuentra desaparecido por causa de la ineptitud, la indiferencia, la apatía y el desconocimiento de quienes tenían la obligación de custodiarlo. En el pasado mes de diciembre, en un trabajo firmado por el que esto escribe en la página del “Centro de Estudios Históricos Jerezanos” en Diario de Jerez titulado: ¿Dónde está el Pendón?, quise dar la voz de alarma de su desaparición, tras haber hecho innumerables indagaciones y haber alertado a algún que otro edil para que se preocuparan en buscarlo. Poca atención se le prestó. Tuvo que salir este asunto en la primera plana de muchos periódicos andaluces para que ciudadanos y autoridades tomaran conciencia de la irreparable pérdida de esta reliquia histórica y arqueológica. Al menos será un consuelo si por causa de este incalificable asunto y como afirmación jerezana, el pueblo de Jerez haya tomado conciencia y, al menos, asiste de forma numerosa en el día del Patrón a la ceremonia del Pendón, que creo este año será en San Dionisio.
Dr. Manuel Ruiz de la Rabia, 1802-1878

C.E.H.J
El ingeniero jerezano Pedro Miguel González Quijano

Del Orvietán al Visitador Médico

A mediados del siglo XVI, aparecen en Centro Europa los primeros «orvietanes», llamados así porque procedían de la villa italiana de Orvietos, los cuales en sus carromatos vendían sus famosas «triacas» que casi todo lo curaban. Hemos de reconocer que estos individuos no eran otra cosa más que charlatanes. El más afamado de todos ellos fue Bartolomé Chiaras, el cual fabricó la denominada «Gran Triaca», un compuesto que contenía todas las sustancias medicinales entonces conocidas (creo que alrededor de setenta) que, mezcladas, al llevar de todo, teóricamente todo lo curaba. Y allá que se lanza con su carromato por media Europa consiguiendo muy buenos logros económicos.
Nuestro hombre llegó a imprimir un folleto denominado Tratado de la Triaca, que puede considerarse como la primera literatura publicitaria de un medicamento en la Edad Moderna. Pasaron tres siglos, y ya avanzado el XIX, la industria farmacéutica comienza a investigar y a aportar grandes e importantes innovaciones con las que luchar contra la muerte y mitigar el dolor y la enfermedad de una humanidad azotada por pestes y epidemias.
Con el avance de la industrialización, aquellos laboratorios farmacéuticos van teniendo necesidad de disponer de personal cuya misión sea la de dar a conocer a todos los médicos sus logros y avances, y aunque ya en los años veinte de la última centuria podemos encontrar anuncios en la prensa de laboratorios importantes, como la casa Roche, comunicando que su representante permanecería determinados días en un céntrico hotel de la ciudad a disposición de la clase médica de 12 a 2 de la mañana y de 5 a 8 de la tarde. Personalmente alcancé a conocer algunos viejos representantes de farmacia que me contaban cómo, a lomos de caballerías, se recorrían cada primavera y verano los pueblos de las serranías de Cádiz y Málaga informando a los médicos rurales de las novedades terapéuticas.
También llegué a conocer otro que en sus años mozos viajaba por aquella misma época a las plazas del protectorado Español de Marruecos, podemos imaginar en qué condiciones. Estos beneméritos profesionales fueron durante décadas el único y exclusivo contacto que, en aquellos tiempos, el médico tenía con los avances de la terapéutica.
Pero los tiempos cambiaron y aquellas pequeñas industrias elaboradoras de medicamentos, algunas en reboticas de farmacias, se fueron convirtiendo en importantes compañías. Posteriormente, la investigación cada vez más sofisticada y costosa las hizo unirse para aunar esfuerzos y así poder operar en el ámbito internacional. Una vez superada la crisis de las dos guerras mundiales, los países del mundo occidental, entre ellos el nuestro, fueron saliendo de la pobreza avanzando hacia la modernidad. Y así se fueron cerrando aquellos viejos hospitales dependientes de la caridad o de los ayuntamientos para transformarse en modernos centros hospitalarios con la tecnología más avanzada.
También aquellos tercermundistas consultorios y centros rurales de higiene se convirtieron en Ambulatorios y luego en Centros de Salud, Sus médicos, otrora esclavos de su profesión y con 24 horas de servicio cada día, pasaron a denominarse «médicos de familia» con jornada laboral de 40 horas semanales y, toda la ciudadanía sin excepción tuvo acceso gratuito a los servicios sanitarios. En estas circunstancias el visitador médico que hasta finales de los sesenta iba por esos caminos de Dios (yo entre ellos) sin sueldo ni seguridad social, cobrando si vendía, durmiendo en pensiones de «mala muerte», viajando a bordo de viejos autobuses, en vetustas motocicletas o, en el caso de algunos privilegiados, en un seiscientos cargado de literaturas y muestras gratuitas, estas últimas destinadas a paliar la necesidad de miles de enfermos que no tenían recursos ni seguro de enfermedad.
En esos años, seguíamos siendo los visitadores médicos o representantes de laboratorios el único eslabón que unía al médico con la investigación farmacéutica; era una época en la que la administración los tenía olvidados. Con el paso de los años y ya en nuestros tiempos, el visitador, afortunadamente, se convirtió en un profesional con titulación superior, experto en marketing, informática y otras técnicas de ventas. Obligatoriamente había que estar a la altura de los nuevos tiempos y de los nuevos profesionales de la medicina. Pero el papel de estos profesionales sigue y seguirá siendo el mismo: el de nexo de unión entre la investigación farmacéutica mundial y el clínico que aplica ésta a los pacientes que lo necesitan.
El ingeniero Antonio Gallegos, 1867-1932. El padre de la Vía Verde de la Sierra de Cádiz

Carmen Carriedo Soto, María de Xerez (1880-1956)
Fue una excepcional cronista de la ciudad, sus trabajos siempre se relacionaron con la historia, las costumbres, el vino y el arte. Aparte de los periódicos antes citados, colaboró también con ABC, Diario Ayer, Revista Portuense, Correo de Andalucía, Sevilla, Diario Salmantino, Mujeres Españolas, etc. Cultivó sobre todo la novela, siendo publicada la primera de ellas, La niña azul en 1922, obra premiada por Biblioteca Patria, editorial que también le otorgó otros premios por Despertar, y En la aldea. Otras novelas suyas fueron El castillo de Nichopa (1926), El ciego de San Francisco y Cantabria invicta (1928), En plena epopeya (1937). Otras dos quedaron inéditas tras su muerte. Conocida y admirada en todos los ambientes literarios de España, cinco años después de su fallecimiento y bajo la presidencia del entonces alcalde de Jerez, Tomás García Figueras, se le rindió un homenaje póstumo en los salones de la Caja de Ahorros de Jerez, en el mismo intervinieron entre otros, Jesús de las Cuevas, Pilar Paz Pasamar y el P. Miguel María Barbero. Una lápida de mármol colocada en la fachada de la casa donde habitó durante casi toda su vida en calle Bizcocheros, recuerda a esta insigne escritora: Carmén Carriedo, MARÍA DE XEREZ para el mundo de la literatura.
FOTO: Archivo familiar




