Garrochista de Jerez |
Tras los sucesos del 2 de Mayo en Madrid y el brutal aplastamiento de la rebelión popular surgida en dicha capital, el virrey del emperador, Murat, estableció a finales de mayo una gran fuerza de reserva en Madrid enviando al mariscal Monsey a aplastar la rebelión de Cartagena, Valencia y Cataluña, mientras que el general Dupont avanzaría con 13.000 hombres hacia Córdoba y Sevilla. Tras vencer este último una ineficaz resistencia en el puente de Alcolea sobre el Guadalquivir, Dupont irrumpe con sus tropas en la ciudad de Córdoba donde, sin ningún respeto por la vida o hacienda de sus habitantes, sus soldados saquean la ciudad, violan a sus mujeres y matan a decenas de civiles. Estos sucesos exacerbaron el ánimo de los andaluces organizándose en partidas que masacraban a los soldados franceses rezagados así como sus avanzadillas y correos. Al sentirse aislado y hostigado, el general francés decide abandonar la capital cordobesa y dirigirse a las llanuras de Andujar. Desde allí, alarmado ante las noticias del avance del gran ejército que había logrado formar el general Castaños, solicita refuerzos a Madrid. El 27 de junio el general Vedel llegó a la Carolina con 6.000 soldados de infantería y 600 caballos que se unieron al grueso de las tropas bonapartistas allí acantonadas. En total había reunido un ejército de unos 20.000 soldados que se opondrían a los 29.000 del general Castaños.
No es nuestra pretensión relatar aquí otros aspectos de esta batalla, Lo que sí vamos a contar es la intervención heroica de unos jerezanos que, unidos a otros de Utrera, por su bravura pasaron aquel 19 de julio de 1808 a formar parte de la historia con un halo de leyenda. Nos estamos refiriendo a los famosos “Garrochistas de Bailén”, aquel regimiento de lanceros voluntarios que el 16 de julio en la toma de Mengíbar y al mando del capitán José Cheriff lucharon de forma valiente y temeraria sufriendo importantes bajas entre ellas su capitán, tres días después en Bailén serían la fuerza de choque frente a la primera línea francesa.
Los historiadores no coinciden en el número de jinetes que componían esta fuerza, las cuales según fuentes, pueden oscilar entre los 250 y 450 efectivos, de ellos casi un centenar provenían de Utrera. Nosotros nos inclinamos por una cifra cercana a la segunda, ya que la 4ª División del general Manuel de la Peña, en la que estaban encuadrados nuestros garrochistas, contaba en total con sólo 540 jinetes, y éstos en su mayoría eran los lanceros a los que nos referimos.
Garrochistas de Bailén, de una vieja postal
El uniforme de estos garrochistas era original y típico: pañuelo de color rojo en la cabeza atado a la nuca cuyos picos caían sobre la espalda dejando ver una coleta envuelta por redecilla negra, sombrero calañés con moña, chaquetilla corta con hombreras y caireles, chaleco medio abierto por el que asomaba un pañuelo atado al cuello, faja negra o roja, calzones ajustados hasta la rodilla y botín abierto que dejaba ver medias azules o blancas. Sus armas: un cuchillo de monte en la faja y una larga garrocha de las de picar toros a las que muchas se les había cambiado la puya por punta de lanza.
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Rendición del General Dupont en Bailén Museo del Prado |
Enrolados en la división que mandaba el general Manuel de la Peña, eran magníficos jinetes que podían maniobrar muy fácilmente entre los olivares, y así de forma temible cargaron a todo galope con una formación en cuña que diezmó a la vanguardia enemiga, rompiéndola y adentrándose hasta el grueso del ejército atravesando los olivares al grito de: ¡¡España Jerez, a por ellos, como a las vacas!!. Tras el tremendo choque, nuestros jinetes se cebaron en perseguir a los franceses, hasta que la superioridad numérica de éstos acabó con el valor de los garrochistas. Ni que decir tiene que la mayoría perecieron, no sobrevivió más de una treintena de ellos. Aquellos audaces lanceros voluntarios de Utrera y Jerez vestidos de paisano asombraron a los oficiales napoleónicos tanto por su bravura e indumentaria como por su armamento: aquellas gruesas y largas garrochas de tres metros de largo nunca antes se habían visto en una batalla. Había nacido una leyenda: “Los Garrochistas de Bailén”.
Después de aquella batalla muchos serían los garrochistas jerezanos que siguieron engrosando la caballería del ejército español, circunstancia ésta que trajo en jaque a los franceses hasta su salida definitiva de suelo patrio. Ello podemos desprender de un bando publicado en febrero de 1810 colgado en las plazas de nuestra ciudad cuando las dichas tropas napoleónicas ocuparon Jerez. Entre otras muchas medidas de represión decía lo siguiente: “ Todo individuo que auxilie a los garrochistas será fusilado o ahorcado. El que avise para prenderlos será gratificado con cuatrocientos reales y si el mismo es soldado será ascendido.
En estos tiempos en los que tantos monumentos se han levantado en Jerez, sería de justicia que nuestras autoridades municipales fueran planteándose erigir algo que recordara a las generaciones actuales y venideras la gesta de estos héroes jerezanos que dieron su vida para defender su patria y su gente de la barbarie napoleónica.
Centro de Estudios Históricos Jerezanos
Buenas Don Antonio ;
ResponderEliminarun placer encontrar su blog y descubrir en sus entradas a un erudito y estudioso de la rancia y distinguida ciudad de Jerez .
Enhorabuena por su blog